Volvi a ensimismarme como en el Ford, lo de los billetes a rebatina habia sido un exito y es que el dinero todo lo puede, por eso estaba en el wolfram, todo no, puede comprar una cama pero no el sueno, medicamentos pero no la salud, comida pero no el apetito, bulas pero no la salvacion, un buen polvo pero no el amor, pensaba demasiado.

– Virgo clemens de la de negro.

– Ora pro nobis.

– Virgo fidelis de Celia, la de Veariz.

– Ora pro nobis.

– Virgo admirabilis de Carmina, la Faraona.

– ?Donde estara?

Cualquiera sabe, ni ella misma se acuerda de su primer e inolvidable asalto.

– Virgo purissimi de Olvido.

– ?Donde estara?

En su lugar descanso, no tenia la menor duda, esperandome y llegaria a conseguirlo por mas que se opusieran gorilas y circunstancias, en la Cruz del Santisimo Cristo de las Injurias las chapitas reservando la carga para sucesivos miercoles santos, padres e hijos de las mismas familias, se alargaban por el madero hasta casi cubrir los anos del actual siglo, con el rosario se acabo la incertidumbre, logre despistarlos, al dia siguiente, a la hora de la siesta, en Comercial Hispania, S. A., «pase sin llamar», la operacion de compra venta se desarrollo normalmente suponiendo que la ausencia de sorpresas fuera lo normal.

– Nunca me habia ocurrido una cosa asi.

– A mi tampoco.

Cuando se lo explique al Ingles me largo un aforismo matematico, «dos y dos a veces son cinco, pero nos empenamos en que siempre sean cuatro, y claro», no me aclaro nada.

Capitulo 22

El Ingles salio de la casa simulando sacar a Boom de paseo, se fue dando una vuelta hasta el proximo Carracedo, la cita era en el monasterio y no merecia la pena coger el coche, cuando llego, en la explanada de los negrillos, ya estaba aparcado el inconfundible Mercedes Benz 500K, la puntualidad es una droga, penso mirando a ambos lados de la reguera, cuantas menos personas le vieran mejor, pero apenas cruzo el puente surgio Antonio Mourelo, el encargado de las llaves, Tono Galochas porque no se las quitaba ni para dormir, por eso mismo tambien Tono, el Tolo, tonto y medio, le gustaba atender a las visitas de orden del recien titulado monumento nacional, las de desorden no necesitaban de sus servicios, penetraban impunes por las ventanas desportilladas, los adultos para llevarse piedras de construccion y los chiquillos para jugar al escondite y destrozar lo que se terciara, le saludo con aire complice.

– Le estan los alemanes ahi dentro.

– Pero se puede visitar de todas formas, ?no?

– Claro, se lo digo para que no tenga un mal encuentre.

– Muy amable, ?puede entrar el chucho?

– ?Y quien se lo va a prohibir?

El Ingles penetro en el derruido claustro del monasterio benedictino, la noble fabrica de los albores del gotico se derruia irremisiblemente, las malas hierbas crecian impunes nutriendose de muro y leyenda a partes iguales, la ortiga del monasterio de Carracedo era famosa por la bondad de sus friegas para curar reuma, lumbago, artritis y demas oxidaciones del cuerpo, que asi se curo Bermudo II la herrumbre de su rodilla y asi curaba esas malezas la Bruxa de Quilos, que en paz descanse.

– Hala por ahi, Boom, busca.

Los dos hombres hacian el turista, consultaban una guia sobre el Camino de Santiago. El perro les ladro solo por demostrar que estaba atento a su obligacion.

– Buenas tardes, mister White.

– Herr Monssen. Herr Schneuber -fue el laconico saludo de don Guillermo-. Debemos ser breves, esta reunion es muy peligrosa.

– De acuerdo, pero fue usted quien la provoco.

– Por necesidad.

– Expliquese.

– Dentro.

Los tres extranjeros pasaron al interior del edificio, bajo un timpano de angeles tocando el violin, y se detuvieron en lo que debio de ser el salon principal, el denominado la cocina de la reina por el proximo refectorio, alli estaban al abrigo de miradas indiscretas, de los oidos se refugiaron desde un principio manteniendo la conversacion en ingles, sobre ellos una suntuosa cubierta cupular de madera carcomida, por entre las nervaduras zureaban las palomas.

– Han faltado al compromiso de dividir las zonas de influencia.

– Insisto en que se explique.

– La comercializacion del valle corre a mi cuenta, ?no es asi?

– Cierto.

– Ustedes se responsabilizan de la produccion de Casayo, ?no es asi?

– Tambien cierto.

– Pues no quiero mas obstaculos a mis envios.

– ?A que obstaculos se refiere?

– Por favor, seamos serios.

Friedrich Schneuber trato de ser amable.

– Sus envios me son tan ajenos como la produccion de Mittelwerke, palabra. Lo cual no quiere decir que no me preocupe.

– ?Entonces por que se obstaculizan?

– Es que hay viajes que no entendemos muy bien, senor William White, y no me gustaria tener que intervenir en mi calidad de agente de la Geheimme Staas Policen, ?sabe?

Hablo Helmut Monssen, quitandole la palabra a Schneuber, y sus gafas brillaron por un reflejo casual que acentuo el tono de amenaza. Don Guillermo suspiro tomandose un tiempo de reflexion, a traves del mirador el antiguo claustro ofrecia el decepcionante espectaculo de un huerto de lechugas y nabizas.

– Estan perdidos en los montes de la Cabrera y no parecen conocer las actuales dificultades del Tercer Reich.

– Se equivoca, las conozco.

– No, no me equivoco, las dificultades de financiacion son absolutas y yo debo solucionarlas a mi modo, sacando dinero de donde lo hay.

– ?Y hasta que punto su heterodoxo metodo es imprescindible?

– Es totalmente imprescindible.

– Y muy peligroso.

– ?Que no es muy peligroso hoy en dia?

– Esta bien, de acuerdo, cargue con su responsabilidad. Se acabaron los obstaculos.

– Confio en su palabra.

– Lo cual no quiere decir…

– Por favor, se a lo que me arriesgo.

Una vez aclarado el asunto el Ingles queria quitarselos de encima cuanto antes, camino por el borde de sarcofagos de abades carracedanos y paso a la biblioteca, los preciosos volumenes, incunables y no incunables, se desplomaban por anaqueles y suelo victimas de la chiquilleria, con sus hojas de

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