pergamino hacian telefonos de juguete, tapaban un bote y con un bramante lo unian a otro, la transmision del sonido era bastante buena.
– Esta gente es tan noble como inculta, no sabe cuidar de su patrimonio artistico.
– Y menos mal que no han metido el campo de futbol en el castillo templario como querian algunas fuerzas vivas.
– A proposito, si necesita ayuda podemos hablar con don Carlos Arias Navarro, el gobernador civil.
– Gracias, pero dejenlo en mis manos, ya hablare yo con quien necesite.
– Le veo muy puntilloso.
Mister White prefirio cambiar de tema.
– ?No quiere llevarse un libro de recuerdo? Mire este,
– Me parece un acto de barbarie.
– Se lo van a comer las ratas.
– Si, es precioso, me lo llevo.
– Salgan ustedes antes, sera mejor que no nos vean salir juntos.
Antonio Mourelo comento la reunion en la taberna, se invento un tratado de paz, un contubernio en la cumbre, pero como tenia fama de tolo no le dieron mucho credito.
– ?Y que mas hicieron los alemanes, Galochas?
– Se mangaron un libro.
– ?Y el Ingles?
– Ese nada, que te es muy formal.
Capitulo 23
El chillido del cerdo es sobrecogedor, para romper los nervios del no habituado, y no chilla cuando le hincan el hierro sino antes, extrana el que le hayan tenido un dia en ayunas y mas la amanecida con cuatro mozos sujetandole de las extremidades, el cerdo chilla ante la proximidad de la muerte, el hombre sabe acogerla con la boca cerrada, la ventaja del cerdo es que no posee conciencia del fin, los animales dejan la vida sin saber que la dejan, pero lo hacen chillando, el hombre, en cambio, algunos hombres, a pesar de saber consiguen mantenerse en silencio, chilla con su sirena aguda, sobrecogedora, cuando lo tumban sobre una masera invertida y solo calla cuando el acero de Villa, el matarife, le atraviesa el cuello con sabio golpe.
– Asi fueras quien yo me se.
Salta el chorro fresco y calido de la sangre como de un surtidor y Nice, al quite, la recoge en un cuenco de madera en el que ha depositado varias rodajas de cebolla, la agita para que no se coagule, la primera sangre es la ideal para hacer filloas, delicioso postre, especie de
– Tu si que respiras por la herida, ladron.
– Alegria, que hay comida.
– Canta, Villa.
Aires de fiesta soplan en el patio, al abrir las entranas del animal el vaho de las visceras calientes estimula los instintos mas elementales, inicio Villa el cantico y lo corearon los mozos.
– Un respeto, que hay senoras.
– Por mi no se preocupe, pater, mire, le voy a hacer un botillo para chuparse los dedos, ni en Bembibre lo hacen como servidora.
El botillo es el embutido berciano por excelencia, huesos no mondos con pimenton en intestino grueso, curado al humo durante un par de meses, se sirve con grelos y patatas cocidas.
– Y chorizos, no hay que olvidar los chorizos.
El padre Anselmo, coadjutor del Santuario de la Santisima Virgen de la Quinta Angustia, se arremango la sotana para no mancharla de sangre y recito de memoria:
– Estos son los animales que podreis comer; el buey, la oveja, la cabra y el carnero, el ciervo, la gacela y el corzo y el antilope, y todo animal de pezunas que tiene hendidura en la pata y que rumiare, ese podreis comer. Pero estos no comereis, entre los que rumian o tienen pezuna hendida: camello, liebre y conejo; porque rumian mas no tienen pezuna hendida seran inmundos; ni cerdo porque tiene pezuna hendida mas no rumia, el cerdo os sera inmundo y de su carne no comereis…
– Vamos, pater, esa es ley de sarracenos y a los moros ya los expulsamos hace tiempo.
– Lo dice la Biblia. Deuteronomio, catorce, cuatro, ocho.
Isidoro Papalaguinda, veterinario, no se dio por vencido.
– Pero la Biblia hay que interpretarla a la luz de la ciencia, se referira al cerdo macho no castrado, que el sabor de verraco no le pinta a nadie.
– Yo me limito a citar el texto biblico, de ciencia no quiero saber nada, no quiero condenarme.
– Y usted que dice, don Angel, que si es cientifico.
– Que no me voy a dejar amargar la matanza. Estoy rodeado de los mios, de amigos y familiares, y la Biblia puede decir misa.
El farmaceutico se sentia feliz, los habia invitado a una comida de los viejos tiempos, a todos sus allegados por familia, servidumbre o amistad, desde Villafranca a Quilos, con la unica excepcion de Enedina, la Bruxa, la muerte le habia evitado el compromiso de un desaire, se la encontraron muerta, sentada en su sillita de enea, la vispera de San Roque, tal y como ella misma se lo pronostico.
– Nada mas lejos de mi intencion que amargarle el dia, don Angel.
– Don Anselmo, en el santuario de la Angustia, en la puerta de orden, ?no hay un relieve del Nino Jesus jugando a cartas con san Antonio que por mas senas tiene el cuatro de oros en la mano?
– Si, ?por que lo dice?
– Por lo de las interpretaciones, el juego esta prohibido, pero si el Nino Jesus juega aqui, eso quiere decir que en Cacabelos no es pecado. Bueno, pues con el cerdo lo mismo.
– Vamos, que Cacabelos es puerto franco en lo que a moral se refiere.
– Exacto.
– Pues me quita usted un peso de encima, con lo que me gusta a mi el botillo.
– Un conon el pater -intervino Isidoro Papalaguinda-. Con lo que hay que tener cuidado es con no castrarlos demasiado pronto, el cerdo entero crece mas de prisa y con menos grasa.
– Igualito que el hombre.
Llamaban a mantel puesto. El veterinario quiso cerrar la broma con un toque tecnico de prestigio.
