– Esperame aqui.
– ?Cuanto tiempo?
– Hasta la puesta del sol, como las letras.
Comimos en Venta Juanita, en los viajes de remate comiamos como si nunca lo hubieramos hecho, eso de ir a gastos pagos era una delicia, en la carta no tenias por que preocuparte de la columna de los precios, le deje alli a Rene, a las afueras, y tuve que cruzar andando toda la ciudad, otra circunstancia que tampoco me gusto, la cita era en el bar Roma, esquina de las calles Zapateria y Manteca, que el bar tuviera dos puertas si me gusto, leeria el
– ?Que hora es, por favor?
Me asusto el crio, dicen que si te preguntan cosas por la calle es que tienes cara de buena persona, mal aspecto para mi negocio, aunque no era logico que utilizaran ninos para una trampa, lo espante.
– Largo, humo. Las tres y media.
El Roma si me gusto, muy concurrido, mucha gente y de mezcla, camioneros, estraperlistas, senoras y estudiantes, los mas jovenes jugaban al parchis, eso me hizo gracia, pedi un cafe con leche y dos suizos, dos por si se retrasaba el senor Diaz, y repase al personal, me fije en una pareja mayor, no tan mayor, de unos treinta, bueno, me fije en ella, falda negra, sueter negro, chaqueta negra, medias negras, zapatos negros, melena negra y ojos negros que fascinan, lo demas tambien lo supuse negro, toda de negro y no iba de luto, se enredaron nuestras miradas y me costo sostenersela, descarada, cuando acudieron las procacidades a mi mente se sonrio, entonces me refugie en el periodico, no podia distraerme con una mision tan delicada de por medio, concentre todo mi interes en la pagina de anuncios, mucho comercio y mas bebercio. «Casa el Turco, especialidad en callos, pinchos morunos y cafe express. Confiteria Somojeda; dulces variados, ultramarinos. Bar Nemesio; donde nadie es forastero, mariscos. Bodegas Guerra; vinos de la tierra, fabrica de licores, gran anis Bergidum. Sociedad de Socorros Mutuos La Obrera; cafe, bar, billares.» Una plaga de anuncios signo del progreso, por todas partes la palabra progreso. «El Progreso; articulos de cocina. Drogueria Placer; para el hogar moderno. Hijos de Francisco Alcon; jugueteria y explosivos. Tintoreria Saez; unica en la provincia con instalacion de lavado en seco. Peluqueria Dionisio; higienica, gran servicio y desinfeccion. Casa Cuesta; sombreros, tejidos, alpargatas, ventas por mayor y detall. Ramiro Viloria; reparacion de automoviles, fundicion de hierro. Mariano Arias; armeria, maquinas de coser.» Era el hermano de Jose Carlos Arias, que familia, ni los Bordelon. La de negro me brindo un cruce de piernas faraonico, mi vista se deslizo involuntariamente por entre sus rodillas, una descarada, volvi al
– Presteme mucha atencion, le espero manana a las tres en mi oficina, el camion en el almacen a la misma hora, esta en la parte trasera del mismo edificio.
– No puedo esperar tanto.
– En efecto, tiene que desaparecer ahora mismo, le buscan, volatilicese hasta manana a las tres en que ya tendre todo arreglado. Marchese ya.
– Pero…
Le iba a pedir una explicacion pues el retraso estaba fuera de programa cuando los vi entrar disfrazados de secretas, de gabardina con el cuello subido, mejor dejar las aclaraciones para manana, un chivatazo, no podia ser otra cosa, pero vete a saber de quien, sali precipitadamente por la puerta que daba a la calle Manteca, un vistazo hacia atras para comprobar la reaccion de la pasma, aceleraban el paso, vi un gesto desilusionado en la cara de la mujer de negro, anda y que te zurzan, eche a correr con todas mis fuerzas, me preocupaba el wolfram, a lo mejor era una trampa y de policias nada, pero mas me preocupaba mi ilustre persona, mi salvoconducto no resistiria un examen a fondo en la comisaria y por nada del mundo queria dar de nuevo con mis huesos en el campo de trabajo, me acorde de Juan, el Socialista, ?que habria sido de el?, ?tendre el manzanillo para los viajes de remate?, doble por la plazuela de Santa Lucia, por el palacio de Punoenrostro, vaya nombre para animar a un fugitivo, y supuse que les habia sacado una considerable ventaja, era mas joven y corria mas que ellos, suposicion erronea, por poco doy de bruces con el mas gorila de mandibula cuadrada, tan cerca que contemple de maravilla los canutos de su barba mal afeitada, la pistola, si me pone la mano encima saco la pistola, por fortuna mis reflejos fueron mas rapidos que mi razonamiento, amague hacia un lado y me escurri por el otro, un regate elemental, conocen la ciudad y me van a atajar por cualquier parte, pero la pistola no, la humanidad se divide en dos grandes especies, los que han matado y los que todavia no lo han hecho, yo queria seguir perteneciendo al segundo grupo, en el frente jamas habia tirado a dar, me agobiaban las imagenes de tantos cadaveres empezando por el de Lucianin y terminando por el de, no se terminaran nunca, me parecia correr menos que el caballo del malo, sali a una calle principal, la Ramos no se que, y trate de confundirme con la multitud, por desgracia la multitud era mas bien escasa, lucia el sol, pero un viento frio arrastraba papeles por la acera, tiene gracia que en un momento asi uno se detenga a observar un papel volandero, una cajetilla de bisontes, me arrime a la cola del cine y en ese preciso instante temblo la tierra, el edificio entero se desplomo, lo senti caer sobre mi hombro izquierdo, era la mano del otro gorila, mejor afeitado y con un bigotito que apenas le subrayaba las fosas nasales, la pistola no, un nuevo reflejo instintivo, los billetes, saque los de cien porque coincidieron en la mano, no por ahorrar, si llegan a ser los de mil hubiera hecho lo mismo, los lance al aire con gritos de alegria.
– ?Alegria! ?Viva el padrino!
Un bautizo rumboso, si, senor, se organizo un autentico festival, la gente se peleaba por aquellos papelitos huidizos que llevaba el viento, «esta loco el tio, son veridicos», aproveche el desconcierto del poli, si lo era, para salir de najas y doblar la primera esquina, Zamora es una ciudad de iglesias, alli habia una y ni lo dude, ya estaba persignandome con los dedos mojados en agua bendita, carcamales, el mas joven de los feligreses no cumplia ya los sesenta, feligresas pues casi todas eran beatas, para mejor disimular me sente en la unica fila de beatos, a retaguardia, estudie las salidas mientras la interminable letania del rosario nos machacaba el cerebro contra las piedras sillares cargadas de historia, culpa y polvo, dejaria a Rene suelto hasta manana aunque me librara de los perseguidores, por si acaso hacia frio pero las rodillas me temblaban por culpa de otro aire, rece para que no entrasen alli los gorilas, uni mi preocupacion al ritmo sincopado de las jaculatorias, un balsamo anestesico de adormecedores meandros, el mismito con que me inhibi en Dragonte.
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