muebles astillados y por el que revoloteaban ropas y papeles ya inutiles.
– ?Y ahora, que?
Un silencio de muerte.
– Arriba, si podemos.
Los dos hombres se levantaron sirviendose el uno al otro de precarias muletas.
– Han sido los del Gas.
– A estos tios hay que aplastarlos como a cucarachas.
– Jovino, si te decides a matar a alguno de ellos cuenta conmigo.
– Tu eres quien debe vengarse.
– Si tuviera valor mataria al Mediocapa, si…
Las palabras se le bloquearon ante el supremo espectaculo de la miseria humana, tragicas siluetas avanzaban entre la niebla, las aves carroneras, emigrantes sin fortuna en sus lugares de origen, sin suerte en la busqueda del mineral, sin coraje para enfrentarse con la derrota, reclamaban las visceras del cadaver, todo les servia, una manta rasgada, una silla coja, un jabon pisoteado, todo, hasta las fotos familiares. Noctambulos espectros deslizandose impunes alrededor de la pareja tullida. Los vecinos seguian aculados, mudos tras las cortinas de las ventanas sin encender.
– ?Dios! ?Baja aqui si eres hombre!
El solar quedo liso y desnudo, sobre el tan solo la cama de matrimonio en la que Leonora, abrazada a su hija, le velaba el sueno tapandole los oidos y susurrandole la salmodia interminable de la misma cancion de cuna. Una sombra mas en la noche de endrina, para el Mayorga su mujer, al raso abierto, se convirtio en la octava maravilla del mundo. Los jardines colgantes de Semiramis, los muros de Babilonia, las piramides de Egipto, la estatua de Jupiter olimpico, el Coloso de Rodas, el templo de Diana y el sepulcro de Mausoleo, se las sabia de memoria por los cromos del chocolate Nestle de antes de la guerra, el album tambien habia desaparecido.
Capitulo 17
Sali con buen animo, las instrucciones del ingles White tan bien memorizadas como la tabla del cinco y tascandome los nervios, una noche decisiva. Lo primero seleccionar el vehiculo, me fui con don Jose Carlos Arias en persona al galpon de Montearenas que le servia de garaje, el guarda con banderola de jurado nos dejo pasar, no faltaria mas, lucia una escopeta juve pero no gastaba cartuchos de sal, seguro, no es que yo fuera un experto pero sabia lo que queria, me enamore a primera vista del Ford LE-2076, dos ejes, cinco toneladas y ocho cilindros a gasolina, «el combustible es aparte, gasta lo que te de la gana de esos bidones, pero se mide al milimetro, con ellos tiene una autonomia de dos mil kilometros», de sobra, no es que el Bedford, el Hanschel y el Chevrolet tuvieran mala pinta, es que los neumaticos del Ford estaban tan nuevos y relucientes, con el dibujo tan marcado, que entraban ganas de acariciarlos, firestones a estrenar, de contrabando, de Portugal, un vicio acostumbrado como estaba al parche, vulcanizado y recauchutado, mire al chofer y me lo confirmo con un imperceptible parpadeo, es el mejor, el chofer era Rene, uno de los de confianza del Arias, le llamaban el Rene como si fuera un apodo y era su verdadero nombre, su abuelo materno fue uno de los franceses que llegaron a Villafranca a instalar la fabrica de conservas y alli se quedo por matrimonio con una muchachita de Santa Fiz del Seo, de alli era Rene Couceiro Limousin, tendria a lo sumo un par de anos mas que yo, me alegre, ibamos a formar equipo y la lucha de clases es moco de pavo si se la compara con la generacional.
– A los mayores no hay quien los entienda.
– Y en este negocio menos, el que hoy te frie una corbata, manana te plancha un huevo.
Nos despidio Arias con uno de sus topicos:
– Suerte y toreo de salon, todo lo que se salga del programa es veridicamente falso.
Tomamos carretera y manta hacia Toral de los Vados, a cargar lo del deposito de Eloy Pousada, la luna llena es mala para enamorados y contrabandistas pero a mi me asentaba el espiritu por su eterna sonrisa de complice bondadoso.
– ?Tu crees que don Jose Carlos esta en sus cabales?
– Tiene un decir tonto, pero es mas listo que el hambre. Ese, donde no llega manda recado.
Lo de Toral fue coser y cantar, no ofrecio ninguna pega, al contrario, el Perrachica lo tenia todo previsto.
– Suerte, Ausen.
– La llevo puesta.
Me golpee el bolsillo de la pistola.
– Que no la necesites, digo.
De alli nos fuimos a Los Barrios, entraba ya en la jungla desconocida, no conocia al enlace, Antonio Yebra, el ebanista, pero me lo sabia de memoria, cinco por tres quince, Los Barrios son en realidad tres pueblos, Villar de los Barrios, Los Barrios de Salas y San Esteban de Valdueza, el tal Yebra nos esperaba en el primero, en una casa palacio con escudo nobiliario, paredes de piedra y pizarra, marcos y dinteles de granito, habia muchas casas solariegas del mismo tono que me recordaron a las de la calle del Agua de Villafranca, el ebanista tenia una cara simpatica, inspiraban confianza sus anteojos de miope.
– ?Cargamos?
– Estoy en lo que estoy porque los tiempos no dan para carpinteria fina, de lujo, que es lo mio, muchacho.
– Si, ya, pero ?donde esta la carga?
– Pasad dentro. Si esta puerta hablara, ha visto el desfile de tantas fortunas.
– ?Esto?
– Si, claro.
– Oiga, esto no es wolfram.
Las gafas son muy traidoras, nunca debe fiarse uno de su apariencia.
– Chelita y de la buena, mira.
Se agacho y con una de las lajas rasco el suelo, la raya de color chocolate era el control de calidad.
– Esta bien, que lo carguen por separado, al fondo de la caja.
Mientras se llevaba a efecto la maniobra se empeno en invitarnos a un trago, tenia el porron dispuesto y ganas de hablar no le faltaban, era un hombre solitario, viudo y sin hijos, al que el caseron se le caia encima.
– Pertenecio a las Corralas, ?sabeis? Las solteronas mas ricas de por aqui, los corrales de las Corralas eran famosos por su lanar y vacuno, toda una fortuna, pero su riqueza mas propia era el tesoro del Temple, asi, como suena, lo tenian enterrado en el sotano de este edificio y viviendo las tres solas paso lo que tenia que pasar, un dia amanecieron muertas, la gente entro a saco y desvalijar ya desvalijaron, pero el tesoro no aparecio.
– Y se acabo la leyenda.
Si los tesoros ocultos del Bierzo aparecieran de golpe, todos sus ciudadanos viviriamos sin necesidad de trabajar por los siglos de los siglos, la abuela de don Angel tenia otro en su casa del Folgoso que tampoco aparecia por parte alguna, cuando ardio la casa por culpa de un brasero mal apagado, el desvan empezo a chorrear oro liquido, el que no tiene un tesoro oculto es porque no quiere.
– No aparecio, pero al poco muchas familias de Los Barrios que estaban a dos velas empezaron a comprar fincas y a gastar carruaje y ropa cara.
Por el teso de las Corralas ardian los candiles de los buscadores, hacian a floreo
