conservar el propio equilibrio.

Ya va siendo hora, quiza, de que les trace el retrato de Jasmin. Aunque en la oscuridad, por supuesto (pues nunca se abrian las ventanas, dado que Jasmin no existia y, por consecuencia, no podia tener madre, lo que resulta indiscutible, como lo probara la continuacion de la presente historia), aunque en la oscuridad, claro esta, la descripcion no podria conseguirse con exactitud.

Atravese la habitacion de la madre de Jasmin y abri con precaucion la puerta que, desde ella, daba a la sala de billar, una de cuyas paredes linda con el cuarto de bano. En prevision de la llegada del fontanero, y con mucha anterioridad, habia hecho practicar en aquel muro un orificio cuadrado, lo que explica que, desde aquel punto de vista, pudiera, a mi antojo, observar los actos y gestos del individuo mientras el se afanaba alrededor de las canerias. Levantando la cabeza, me vio y me hizo senas de que me reuniese con el.

Me apresure a recorrer en sentido inverso el trayecto que acababa de hacer. De pasada, pude darme cuenta de que mis sobrinos continuaban rebullendo junto a la caldera de gas, y experimente (pero brevemente, pues el fontanero me esperaba, y en absoluto me apetecia que fuera a tomar mi retraso por desden, caracteristica que se me suele atribuir a causa de mi porte serio), experimente un completo e irrazonado desprecio con respecto a esos imperfectos aparatos que son las calderas de gas. Llegue con presteza a la antecocina y abri la puerta de comunicacion que daba sobre un estrecho pasillo de cuatro carriles, uno de los cuales conduciria a la sala de billar si no estuviera condenado, el otro, tambien condenado, a la habitacion de la madre de Jasmin, y el cuarto, al cuarto de bano. En cuanto al tercero, lo volvi a cerrar, y finalmente entre.

Sentado en el borde de la banera, el fontanero contemplaba con melancolia las gruesas maderas que protegian los tubos de manera imperfecta, pues acababa de hacerlas saltar en parte con la punta del cortafrios.

– Nunca habia visto -me aseguro- una instalacion semejante.

– Es antigua -le informe.

– Se nota -dijo el.

– Por eso mismo lo digo -conclui.

Pues resulto totalmente incapaz de determinar la edad de una instalacion, a no ser que a todo el mundo se le haga evidente.

– Los hay que hablan mucho -observo-. ?Y que consiguen con eso? El que hizo esta instalacion no era un hombre del oficio.

– Fue la empresa a la que usted pertenece la que la hizo -le dije-. Lo recuerdo con toda claridad.

– Yo no era empleado suyo en aquel tiempo -aseguro- Si asi hubiera sido, me habria despedido.

– Lo que viene a ser lo mismo, si de verdad se hubiera despedido -observe-. Es como si hubiese estado en ella, desde el momento en que no estaba.

– En cualquier caso -continuo-, si agarrase al cochino hijo de puta y del unto de cojones de canguro que cago este endiablado burdel de mierda de instalacion de manera tan repugnante… si, si lo agarrase…, como suele decirse, no le felicitaria precisamente.

A continuacion se puso a jurar y las venas del cuello se le hincharon hasta adquirir el grosor de cuerdas. Cambio de posicion, y dirigiendo la voz hacia el fondo de la banera para obtener una resonancia profunda, se mantuvo en la nueva durante la hora que siguio.

– Bueno -concluyo al quedarse sin aliento-. Pues bien, ha llegado el momento de poner manos a la obra.

Buscaba yo una posicion comoda para verle trabajar, cuando de su morral de cuero saco un aparatoso soplete. Extrayendo un frasco del bolsillo, vertio su contenido en la cavidad prevista por el industrioso fabricante junto al principio del tubo de aduccion de gases. Una cerilla hizo surgir una gran llamarada en direccion al techo.

Alumbrado por la luz azul, el fontanero se inclino y contemplo con aspecto despectivo las dos canerias del agua caliente y fria, la conduccion del gas, la tuberia de la calefaccion central y otras toberas cuya utilidad me resultaba desconocida.

– Lo mejor -dijo- sera cortarlo todo a ras y volver a empezar desde cero. Pero a usted le doleran despues las consecuencias.

– Si no hay otro remedio… -respondi.

No deseando asistir a la masacre, me marche de puntillas. Giro el el registro de la valvula de su soplete en el momento en que yo volvia a cerrar la puerta, y el rugido de la gasolina gasificada apago el ligero chasquido del resorte al reencontrar acomodo en su ranura.

Pase por la puerta de la habitacion de Jasmin, condenada desde un principio, pero cuya pena acababa de ser conmutada, y, atravesando el salon, me desvie hacia el comedor, desde el que pude volver a mi dormitorio.

Ya me habia perdido en el apartamento en mas de una ocasion y Jasmin queria que nos mudaramos a cualquier precio, pero a ella le correspondia encontrar donde por si sola, puesto que se obstinaba en volver una y otra vez sin que se lo pidiese.

Por lo demas, yo mismo me obstino en seguir hablandoles de Jasmin, y si lo hago es simplemente porque la quiero. Ningun papel desempena en la presente historia, y probablemente nunca llegara a desempenar ninguno, a menos, claro esta, que yo cambie de opinion, pero esto nadie podria preverlo. Como el desenlace no tardara en ser conocido, resultaria inutil ponerse pesado sobre un tema tan poco interesante. Bastante menos, por supuesto, que cualquier otro. Y estoy pensando particularmente en la cria de la muscicapatita tirolesa y en el ordeno de los pulgones laniferos.

Una vez de regreso en mi habitacion, me instale cerca del mueble de roble encerado que habia transformado en electrofono, sin exageracion, hacia mucho tiempo ya. Y, manipulando el interruptor que cortaba el conjunto de circuitos cuya desconexion permitia al aparato funcionar, consegui desencadenar el movimiento del plato sobre el que un disco vino a depositarse con intencion de prestarse a la extirpacion de la melodia previamente absorbida, mediante el trujamaneo de la punta de una aguja.

Los negruzcos acentos de la Deep South Suite me sumieron muy pronto en mi letargo favorito, y la aceleracion resultante del movimiento de los pendulos arrastro al sistema solar a una rotacion reforzada que contribuyo a acortar la duracion del universo en casi un dia. Y ello tanto y tan cumplidamente, que eran las ocho y media de la manana cuando volvi a despertar. Me sentia inquieto por no acariciar con mis piernas las tentadoras piernas de Jasmin. Pero, ay, Jasmin me ignoraba. Y la sigo esperando todavia. Sus cabellos son como el agua bajo el sol, y me gustaria cenir su cintura con mis robustos brazos y hacerla expirar bajo besos sanguisuales. Aunque, claro esta, no los dias en que le da por parecerse a Claude Farrere.

«Las ocho y media -me dije-. El fontanero debe de estar muriendose de hambre…»

Me vesti muy de prisa y me oriente. A continuacion sali hacia el cuarto de bano. Sus accesos me parecieron profundamente modificados, como ocurre como consecuencia de algunos cataclismos esenciales. Pero pronto me di cuenta de que la unica diferencia existente era la falta de las habituales canerias, y me acostumbre al cambio.

Tumbado al lado de la banera, el fontanero respiraba todavia. Me vi forzado a inyectarle consome por las fosas nasales, pues sus dientes se habian cerrado hermeticamente sobre una barrita de soldadura de estano. Tan pronto como se reanimo, volvio a ponerse al tajo.

– Resulta -me dijo- que ya he terminado lo mas gordo de la faena. Todo esta cortado a ras de pared, y ahora volvere a empezar desde cero. A usted le toca elegir.

– Haga lo que mejor le parezca -le dije-. Me remito a su capacidad de especialista. Por nada del mundo quisiera que la minima de mis sugerencias resultase una traba para su espiritu de iniciativa… Para ese espiritu de iniciativa, tal vez debiera decir, que es atributo exclusivo de la corporacion de los fontaneros.

– No cargue la mano -me aconsejo-. En principio, le comprendo. Pero mi titulacion quedo ya lejos, y si me sigue dando la lata me vere forzado a retirarle la palabra. ?Es ridiculo como la gente que se considera instruida experimenta la necesidad de ciscarse en el mundo entero…!

– Le aseguro -proteste- que tengo en muy alta estima el menor de sus actos. Que no le quepa duda alguna sobre mi humildad.

– Bueno -dijo-. En el fondo no soy mal muchacho. Asi que voy a hacer una cosa. Voy a volver a dejarlo todo tal y como el otro lo habia instalado. Porque, en cualquier caso, fue un colega quien se ocupo del asunto, y un fontanero tiene siempre sus razones. Con frecuencia se dice: «He ahi un tubo que no esta derecho…» Y la gente se pregunta por que, y con toda naturalidad acaba acusando al fontanero. Pero si de verdad se quiere llegar al fondo de la cuestion, se trata habitualmente de una razon que no se conoce, por lo que es preferible llegar a

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