Volvemos a ponernos en marcha dentro de un momento. De nuevo estamos muy cerca del frente y de nuevo empiezan a caer obuses. Llueve, no hace demasiado frio y el jeep anda bien. Vamos a echar pie a tierra para continuar andando.
Parece que empieza a olerse el final. No se por que dicen eso, pero en cualquier caso me gustaria salir de todo esto lo mejor posible. Todavia quedan lugares donde las cosas estan muy feas. No se puede prever como acabara el asunto.
Dentro de quince dias me toca otro permiso, y he escrito a Jacqueline para que me espere. Quiza no he acertado haciendolo, no hay que dejarse atrapar.
XV
Todavia estoy de pie sobre la mina. Salimos esta manana de patrulla y yo iba el ultimo, como siempre. Todos pasaron al lado, pero yo senti el chasquido del mecanismo bajo mis pies y me he parado en seco. Solo estallan cuando se levanta el pie. He lanzado a los demas lo que llevaba en los bolsillos y les he dicho que se fuesen. Ahora estoy solo. Podria esperar que regresaran, pero les he dicho que no vuelvan. Tambien podria tratar de arrojarme cuerpo a tierra, pero la perspectiva de vivir sin piernas me horroriza. No he conservado mas que mi cuaderno de notas y el lapiz. Voy a arrojarlos lejos antes de cambiar de pierna, y es absolutamente preciso que lo haga porque estoy harto de la guerra y porque me estan dando calambres.
Discipulos aplicados *
I
Lune y Paton bajaron la escalera de la Escuela de Polis. Salian de clase de Anatomia y se disponian a almorzar antes de reanudar su periodo de prueba delante del edificio del Partido Conformista, cuyos escaparates acababan de ser destrozados por unos despreciables energumenos armados con bastones nudosos. Agitaban alegremente sus esclavinas azules sin dejar de silbar una marcha poli, la que se acompasa cada tres tiempos con un buen golpe de porra blanca sobre el muslo del companero, y que, por tal razon, debe ser ejecutada preferiblemente por un numero par de polis. Doblando al llegar al final de la escalera, tomaron el pasillo abovedado del refectorio. Bajo las antiguas piedras la marcha resonaba de manera curiosa, pues la melodia entraba en vibracion cada la bemol 4, nota que en el tema completo no se repetia menos de trescientas treinta y seis veces. A la izquierda, en el patio oblongo y plantado de arboles encalados, otros futuros polis realizaban ejercicios de adiestramiento, jugando al corta-furcias-en-rodajas, estudiando la contradanza en su transito hacia la sombra y golpeando calabazas que debian rajar de un solo mamporro con sus porras verdes de ejercicio. Lune y Paton no prestaron la menor atencion a dicho espectaculo, en el que participaban como actores todos los dias excepto los jueves, en que los polis descansan.
Lune empujo el porton del refectorio y entro el primero. Paton espero un minuto para darse tiempo a terminar la marcha poli, pues silbaba con menos rapidez que Lune. Por otras puertas llegaban los demas alumnos de la Escuela en grupos de dos o de tres, muy animados porque habia habido examenes el dia anterior y esa misma manana.
Lune y Paton se dirigieron hacia la mesa siete, donde encontraron a Arrelent y Poland, dos de los polis mas atrasados de la Escuela, cosa que compensaban con un tupe poco comun. Se sentaron todos entre un estrepito de sillas aplastadas.
– ?Que tal te ha ido? -pregunto Lune a Arrelent.
– ?De puta pena! -respondio Arrelent-, En el practico me ha tocado una carroza que tenia por lo menos setenta tacos, y dura como un caballo, la muy zorra.
– Pues yo me he cargado los nueve dientes que le quedaban a la mia de un solo golpe -dijo Poland-. El examinador me ha felicitado.
– No he tenido suerte -insistio Arrelent-. La vieja me las ha hecho pasar tan moradas que me he cargado la posibilidad de ascenso a la esclavina emplomada.
– Yo se la razon -dijo Paton-. Ultimamente no encuentran las suficientes en los distritos pobres, y entonces nos traen otras procedentes de barrios mejor comidos. Estas aguantan mas. Y eso que en cuanto a las mujeres, fijate, la cosa todavia marcha. Esta manana, por ejemplo, me ha costado un trabajo de mil demonios hundirle la porra en el ojo al tipo que me ha correspondido…
– Si, ya se -dijo Arrelent-. Pero yo ya lo habia previsto. Por eso prepare un poco mi porra.
Se la enseno. Con mucha habilidad, le habia afilado la punta.
– Como si fuese de mantequilla -continuo-. Me ha costado mucho esfuerzo, pero he recuperado dos puntos mas, con lo que me he recobrado de lo de ayer…
– Los chavales tambien resultan duros de pelar este ano -dijo Lune-. Al que me toco ayer por la manana no le pude romper mas que una muneca a cada intento. En cuanto a los tobillos, tuve que arreglarmelas a pisotones. Da asco.
– Es lo mismo de antes -dijo Arrelent-. De Beneficencia ya no se consiguen. Los que nos traen son del Decomiso, y nunca se puede saber. Te puede tocar uno bueno o uno malo, cuestion de suerte. A los que estan bien alimentados resulta dificil desmocharlos con rapidez. Tienen la piel dura.
– A mi se me descosieron los plomos de la esclavina -dijo Poland- y llegaron a no quedarme mas que siete de los dieciseis. De tal modo, he tenido que golpear dos veces mas deprisa. ?Que reventado me sentia, palabra de honor…! Pero al sargento parece que le ha gustado mucho verme asi. Se ha limitado a decirme que los cosiera mas solidamente la proxima vez. Y no me ha puesto penalizacion.
Dejaron de hablar, pues la sopa llegaba. Lune agarro el cazo y lo hundio en la marmita. Se trataba de sopa de macho cabrio con grasa sobrenadando. Se sirvieron abundantes raciones.
II
Lune estaba de planton delante del edificio del Partido Conformista. Miraba los libros del escaparate, y sus titulos le producian dolor de cabeza. Jamas leia mas que su breviario de poli, con los cuatro mil casos de contradanza a aprender de memoria, desde pipi en la calle hasta hablarle a un poli demasiado cerca. La lectura del breviario conseguia enderezarle impepinablemente tan pronto como llegaba a la pagina 50, cuya ilustracion mostraba a un individuo atravesando una gran avenida por fuera de los tachones. Cada vez que llegaba a ella escupia de asco, en el suelo, y pasaba la pagina con furor para volver a serenarse a la vista del «buen poli» de refulgente botonadura cuyo retrato adornaba la siguiente. Por una curiosa casualidad, el tal «buen poli» se parecia a su companero Paton, que en aquel momento estaba dando los paseitos reglamentarios junto a la otra fachada del inmueble.
Desde lejos bajaba por la calle un aparatoso vehiculo cargado de viguetas de acero al barbaudium. Un pequeno aprendiz venia encaramado en el extremo de la mas larga, que bailaba, por la parte de atras, en el vacio. El muchacho agitaba sin cesar un gran trapo rojo para asustar a la gente, pero las ranas atraidas, se precipitaban sobre el desde todas partes, y el desdichado chico se debatia sin descanso contra sus viscosas pieles. El camion saltaba sobre sus cuatro neumaticos duros y negros, y el mozo botaba como si estuviera sobre una raqueta. El camion paso por delante del edificio. Sobrevino un traqueteo mas intenso que los demas y, justo en el mismo momento, una hermosa ranita de color verde espinaca se colo, por el cuello de su camisa, hasta la axila del muchacho. Emitiendo un chillido, este aflojo su presa. Describiendo un arco de lemniscata velada, hizo impacto
