ella, luego se doblo, como si tuviera espasmos, mientras intentaba frenar con las manos. Todo le salio a chorros. Noto el olor a su propio interior, carne podrida, residuos, veneno y hiel. Pequenas ampollas brillantes que se reventaban, el gorgoteo de organos blandos que se apretaban y vaciaban, aire y gas haciendo unos sonidos extranisimos. Se movia desesperado por el suelo, nadando en su propia miseria.
– ?Te estas poniendo malo? -pregunto Morgan asustado-. No te pongas malo. Tienes que ir a buscar ayuda. Prefiero pasar algun tiempo en chirona a morir del tetanos en esta casa de mierda. Sabes el camino. ?Ve a buscar ayuda, cono, para que podamos salir de aqui!
De Errki no salio respuesta alguna. Gemia y daba tumbos por el suelo con tanta fuerza que los zapatos golpeaban la tarima. Sonaba como si alguien le estuviera pegando, como si tirasen de el y le dieran violentos empujones. Al cabo de un rato, empezo a toser y a carraspear, o tal vez estuviera vomitando, o regurgitando, o las dos cosas. Morgan se estremecio. ?Dios, que casa de locos! Algo de esa habitacion los habia envenenado a los dos. Una maldicion, tal vez, en las grietas de los troncos, que lentamente comenzo a salir en el momento en que los dos entraron en ella. Le parecia que habia pasado una eternidad desde que estuvo en el banco apuntando con el revolver. ?Ya tendrian que haber enviado a gente a buscarlos, tendrian que haber encontrado el coche! Tendrian que haber comprendido que estaban en el bosque. Que putada haberlo cubierto con la lona. Por fin se hizo el silencio en el suelo. Errki estaba intentando recobrar el aliento. Morgan miro de reojo el revolver.
– Joder, ha tenido que ser duro -dijo Morgan en voz baja-. ?Que te pasa?
Errki empezo a recoger su cuerpo, trozo por trozo. A Morgan le parecia que estaba buscando algo que habia perdido. El pelo negro le caia sobre los ojos. Recordaba a un ciego moviendose a tientas.
– ?Tienes visiones? -pregunto Morgan, inseguro-. ?Podrias ir a buscarme el whisky?
Errki logro incorporarse. Se quedo sentado, inclinado hacia delante, agarrandose el estomago con los ojos cerrados. Cada musculo de su cuerpo estaba tenso como un muelle de acero. La baba le caia por la barbilla.
– No seas pesado -murmuro.
– No quiero ser pesado, pero tengo un frio del carajo. Podrias dejarme tu chaqueta. ?Queda algo de whisky? ?Podrias ir a buscarlo luego, cuando haya acabado tu… ataque?
– Te he dicho que no seas pesado.
Se oyo un suave crujido de los pantalones de poliester cuando por fin se levanto. Cruzo el cuarto, encogido como un vejestorio, aun con las manos en el estomago. Primero cogio el revolver, luego se metio en la alcoba. La chaqueta estaba sobre la cama, colocada de almohada. La cogio mientras se sujetaba el estomago con la otra mano. Luego volvio lentamente a la sala. La botella estaba al lado de la radio, sin tapon. La levanto y dio un gran sorbo mientras contemplaba la laguna. Su cuerpo necesitaba tiempo para tranquilizarse. Esta vez habia reventado sin previo aviso. La vida que le esperaba no tenia buena pinta. Miro la oscura superficie del agua. Ni una ondulacion. El agua estaba muerta. Todo estaba muerto. Nadie te quiere para nada. Solo quieren lo que puedas dar. Morgan quiere la chaqueta y el whisky. ?Tienes algo que dar, Errki?
Estaba de pie, con la chaqueta en la mano, bebiendo whisky. Podia poner la chaqueta sobre Morgan. Un gesto amable. La cuestion era si haria algun efecto. ?Haria que la vida mereciera ser vivida?
– ?No te lo bebas todo!
Errki se encogio de hombros.
– Pero si solo tienes un problema moderado con el alcohol -dijo distante.
– El dolor de la nariz me mata.
– Robar juntos es un placer. Morir juntos es una fiesta -dijo Errki, alcanzandole la botella. Morgan bebio hasta que se le saltaron las lagrimas. Cuando por fin dejo la botella en el suelo, tuvo que jadear por falta de aire. Encogio las rodillas y se tumbo de lado, como si quisiera hacerle sitio a Errki para que se sentara en el extremo del divan. O se sentaba, o pegaba tiros. Pero ya no se sentia amenazado y no entendia por que.
Errki dudo. Vio el espacio libre en el divan y comprendio que era para el. Vacilante, puso la chaqueta sobre los hombros de Morgan. Un coro de risas subia desde el Sotano y le zumbaba en los oidos.
– ?Calla! -grito irritado.
– No he dicho ni una palabra -dijo Morgan-. ?Que dicen esas voces tuyas? Hablame de ellas, de como son. Asi, al menos me morire siendo mas sabio.
El whisky le quemaba en el estomago y se sentia mejor.
– ?Por que las escuchas? ?No comprendes que no estan ahi? He oido decir que los locos saben que estan locos. Pero eso no lo entiendo. Oigo voces, dicen. Joder, y yo tambien, a veces. Voces interiores, en la imaginacion. Pero se que no es mas que eso, imaginacion, y jamas se me ocurriria hacer lo que me dicen.
– ?Excepto cuando te piden que atraques un banco? -pregunto Errki con ironia.
– Ah, no, eso fue por decision propia.
– ?Como puedes estar tan seguro?
– Reconozco mi propia voz cuando la oigo.
Errki seguia mirando el espacio libre sobre el divan. Morgan lo observaba con curiosidad.
– Hablame de ellas. ?Puedes ver que aspecto tienen? ?Tienen colmillos y escamas verdes? ?Dicen alguna vez algo agradable? No dejes que te traten asi. Para ser sincero, crei que iban a matarte. Quiza yo podria hablar con ellas. ?Escucharian a alguien ajeno? -pregunto, y se rio entre dientes.
– Se suele decir que a los perros y a los ninos locos hay que mandarlos con el vecino.
Se incorporo con gran esfuerzo y se quedo sentado cerca de Errki. Levanto la mano y le dio tres golpecitos en la frente.
– ?Escuchad, los que estais ahi dentro! ?Teneis que dejar de aterrorizar al chico de esa manera! Esta agotado. Buscad otro coco que atormentar. ?Ya esta bien!
Errki parpadeo, inseguro. Morgan estaba hablando en serio, luego se rio.
– ?Hay mas de uno? ?Toda una pandilla?
– Varios. Dos.
– ?Dos contra uno? Joder, que cobardes. Dile a uno de ellos que se largue y luego arreglas las cosas con el jefe, de hombre a hombre.
Errki se rio, una risa entrecortada.
– Al Abrigo no hay que hacerle caso. Siempre esta echado en un rincon, temblando.
– ?El Abrigo? -pregunto Morgan, mirandolo sorprendido. Estaba empezando a entender en serio la envergadura de la locura de ese hombre.
– Estaba colgado en una percha de la entrada.
El tiempo cambio repentinamente de direccion. Todo lo que habia ocurrido volvio a la mente de Errki. Entremedias vio caras y manos, cenos fruncidos, espaldas hostiles, seda y terciopelo, bobinas de hilo de muchos colores. Fue hacia atras a toda prisa por un camino lleno de baches con la cuneta verde; ya se estaba acercando a la casa. La puerta de la calle. La estrecha entrada. La escalera que subia. El sentado en el escalon mas alto. La habia hecho su padre con tablas de pino. La madera estaba llena de ojos estrechos que miraban, que siempre lo observaban.
– Estaba alli colgado. El abrigo de mi padre. No contenia nada, solo aire. Aleteaba un poco por la corriente del desvan. Una vez se puso del reves, justo cuando ella se iba tambaleando por la escalera, y puso en movimiento el aire.
– ?Tambaleando?
Morgan lo miro con curiosidad.
– Mi madre. Se tropezo en la escalera. Yo la empuje.
– ?Por que? ?La odiabas? -pregunto Morgan bajando la voz.
– Dije a todo el mundo que yo la empuje.
– ?Pero no lo hiciste? ?O no estas seguro? ?Entonces por que lo dijiste?
Errki veia delante de el las imagenes, difusas sobre los bastos troncos de la pared. Levanto la mano y senalo. Morgan giro la cabeza instintivamente para seguirle la mirada. No veia mas que la madera sucia. Errki se quedo callado.
– Oye -dijo Morgan, incorporandose-, seria la monda si tus voces pudieran hablar con las de los demas pacientes del manicomio en lugar de contigo. Asi podrian reganar entre ellas y dejaros a vosotros en paz. Joder, a veces soy un genio. ?Sabes como librarte de ellas? La estrategia de siempre. Enemistar a las unas con otras, asi se aniquilaran al final entre ellas. ?Dame la botella!
Errki cogio la botella del suelo y se quedo con ella en la mano.
