siente Van der Kerch por la carcel esta mas que fundado.

– Pero este papelito es obra de Lavik, de eso estoy segura -dijo, sacando una bolsa que contenia la «advertencia» sin digerir.

La letra era borrosa y debil, pero nadie tuvo problema alguno para leer su mensaje.

– Parece una broma de mal gusto -se atrevio de nuevo el pelirrojo-. Ese tipo de historias tiene mas que ver con las series policiacas que con esta casa.

Se rio entre dientes, fue el unico en hacerlo.

– ?Es posible que la gente entre en un estado psicotico por leer un mensaje como este? -pregunto Kaldbakken en tono esceptico, ya que en treinta anos de servicio no habia visto nada igual.

– Le dieron un susto de muerte, nunca mejor dicho -intervino Wilhelmsen-. Seguro que tampoco lo estaba pasando bien antes, y este mensaje fue la gota que colmo el vaso. Por cierto, ya esta mejor y ha vuelto a la carcel… Bueno, mejor lo que se dice mejor… Esta sentado en un rincon y se niega a hablar. Por lo que tengo entendido, tampoco Karen Borg consigue comunicarse con el; en mi opinion deberia estar en un hospital, pero los devuelven al sistema penitenciario en cuanto son capaces de recordar su nombre.

Lo sabian perfectamente: la psiquiatria carcelaria era un ir y venir perpetuo, hacia delante y hacia atras, hacia delante y hacia atras. Los detenidos nunca mejoraban, solo empeoraban.

– ?Que tal si solicitamos una conversacion con Lavik? -propuso Sand-. Apostamos a que no se niega y vemos hasta donde llegamos. Puede ser una enorme estupidez, pero, por otro lado, ?tiene alguien una propuesta mejor?

– ?Que pasa con Peter Strup?

Era el jefe de seccion, quien hablo por primera vez. Fue Hanne la que contesto.

– Todavia no tenemos nada sobre el, en mis notas es solo un gran punto de interrogacion.

– No lo aparqueis del todo -sugirio el jefe, para concluir la reunion-. Traed a Lavik, pero, por Dios, traedlo por las buenas, no queremos que todo el colegio de abogados nos declare la guerra, al menos de momento. Mientras, tu… -apunto al chaval con la nariz respingona y dejo que el dedo fuera senalando al siguiente-… y tu y tu, os encargais del trabajo sucio. Venid conmigo: os voy a poner deberes, queda mucho por averiguar. Quiero saberlo todo sobre nuestros dos abogados, costumbres culinarias, que desodorantes utilizan, afinidad politica y sus historias de faldas. Ante todo, averiguad sus rasgos comunes.

El jefe de seccion se llevo al pelirrojo y a otros dos de la misma edad, que habian sido lo bastante sensatos como para mantener la boca cerrada durante toda la reunion, aunque de poca servia, porque los jovenes se las tenian que ver siempre con el trabajo rutinario.

Hanne Wilhelmsen y Hakon Sand fueron los ultimos en abandonar la sala. Ella se percato de que el hombre parecia contento y satisfecho, a pesar de la marcha de los acontecimientos.

– Estoy bien -contesto el a su amigable e inesperada pregunta-. Lo cierto es que estoy de puta madre.

Sand tuvo que pelear duro para poder estar presente, porque la subinspectora Wilhelmsen era reticente ante la idea; no habia olvidado la metedura de pata durante el interrogatorio de Han van der Kerch.

– Conozco a ese tipo -argumento-. A lo mejor se siente mas tranquilo si estoy presente; no te puedes imaginar hasta que punto los buenos juristas creen dominar a los malos, tal vez se ponga arrogante.

Finalmente, Wilhelmsen tuvo que rendirse a cambio de que Hakon le prometiera abiertamente que mantendria la boca cerrada. Podria hablar en cuanto ella le hiciese una senal, pero se limitaria a hacerlo de trivialidades, no de nada concerniente al caso.

– Hagamos de poli bueno y poli malo -dijo con una sonrisa a modo de conclusion.

Ella seria la gamberra y el daria palmaditas en la espalda.

– No te pases -advirtio el fiscal adjunto-. Nos arriesgamos a que se levante y salga por esa puerta, y no tenemos nada para retenerle.

Acudio por propia voluntad, sin portafolio, vestia de un modo elegante y acorde con la profesion, traje y zapatos bonitos, demasiado bonitos para el aguanieve que inundaba las calles de Oslo. Tenia las perneras mojadas y los zapatos de cuero presentaban un borde oscuro a lo largo de toda la suela que amenazaba con provocarle un catarro otonal. Las hombreras del abrigo de tweed estaban caladas, y Sand reconocio la marca exclusiva por la etiqueta del forro que asomo cuando el abogado Lavik se quito el gaban, que a continuacion sacudio; luego busco un gancho o una percha para colgarlo. No encontro ninguna de las dos cosas, asi que echo el abrigo sobre el respaldo de la silla, estaba sonriente y de buen talante; no mostraba signos de nerviosismo.

– Estoy impaciente -dijo con una sonrisa, apartando de su frente un poco de pelo que volvio a caer inmediatamente en su sitio-. ?Soy sospechoso de algo? -pregunto con una sonrisa todavia mas ancha.

Hanne le tranquilizo.

– De momento, de nada.

A Hakon la respuesta le parecio muy atrevida, pero habia escarmentado y opto por callar, ademas ambos carecian de material para escribir. Sabian que la lengua habladora podia trabarse a la vista de una grabadora o de instrumentos para anotar.

– Estamos analizando varias teorias acerca de ciertos casos que nos estan llevando por la calle de la amargura -admitio la subinspectora-. Tenemos la impresion de que nos puedes ayudar en algo. Seran solo unas preguntas, puedes irte cuando quieras.

Lo ultimo sobraba.

– Lo se perfectamente -dijo sonriendo, aunque se notaba que lo decia con segundas-. Me quedare el tiempo que me parezca, ?de acuerdo?

– Vale -dijo Hakon, esperando que esa afirmacion lo mantuviera dentro de las concesiones posibles. Sentia la necesidad de decir algo, algo que pudiera amortiguar la sensacion de ser un inutil, pero no sirvio de nada.

– ?Conocia usted a Hans A. Olsen, el abogado asesinado?

Hanne solto la pregunta a bocajarro, pero era obvio que el abogado Lavik la estaba esperando.

– No, la verdad es que no me suena -contesto con total serenidad, ni demasiado brusco ni demasiado dubitativo-. No lo conocia, pero he hablado con el algunas veces; trabajabamos en el mismo ambito, es decir, como abogados defensores. Probablemente me he cruzado con el en los juzgados y puede que en alguna reunion del Grupo de Abogados Defensores, pero, como digo, no lo conocia.

– ?Que opinion tiene sobre el asesinato?

– ?El asesinato de Hansa Olsen?

– Si.

– ?Opinion? Pues… -Su vacilacion era natural y parecia estar reflexionando, como si quisiera mostrar su buena disposicion, como cualquier otro inocente que colabora con la Policia -. Si le digo la verdad, no le he dado muchas vueltas a este caso; se me ocurre a bote pronto un ajuste de cuentas por parte de clientes descontentos, digamos que es una version que transita en los medios juridicos.

– ?Que me dice de Jacob Frostrup?

Con posterioridad los dos policias afirmaron haber percibido una leve inseguridad en el abogado al oir el nombre de su malogrado cliente. Cierto es que no pudieron definir esa percepcion y tuvieron que admitir que fue mas fruto de la esperanza que de una sana capacidad de juicio.

– Que pena lo de Jacob, las ha pasado putas desde que nacio. Lo tuve como cliente durante muchos anos, pero nunca lo habian pillado por algo gordo, no entiendo por que tuvo que mezclarse en algo asi. No le quedaba mucho tiempo, la verdad, el sida se habia extendido en los ultimos tres anos, si no me falla la memoria.

El abogado miro por la ventana mientras hablo, fue el unico cambio palpable desde el inicio de la conversacion. Luego se callo y volvio a mirar a la policia.

– Me entere de que murio el mismo dia que lo visite, que pena. Parecia muy deprimido y hablaba de quitarse la vida. No soportaba seguir viviendo con los dolores y la humillacion y, encima, este ultimo caso… Intente animarlo un poco, reconfortarlo, le dije que tenia que aguantar. Aunque debo admitir que la noticia de su muerte no me ha sorprendido.

Lavik movio despacio la cabeza en senal de compasion y se cepillo una caspa inexistente de los hombros. Tenia una mata de pelo considerable y reluciente y un sano cuero cabelludo del que no podia presumir Hakon. El fiscal adjunto se sintio aludido enseguida, miro de reojo su propia chaqueta negra y se desembarazo enseguida de las particulas blancas que resaltaban sobre el fondo oscuro. El abogado replico con una sonrisa caritativa e

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