tipo lapona. Los cuatro laterales vestian, a su vez, tableros contrachapados recortados en forma de A con una abertura en uno de los costados, a modo de puerta que se cerraba con un simple candado. Al principio, la caseta era diminuta y solo era posible introducir el cubo, pero la habia agrandado hacia cuatro anos. Ahora una persona tenia que reptar para entrar, algo que no le hacia mucha gracia a la familia, pero sin duda era mas facil sacar el agua de esta manera.

Tardo casi quince minutos en quitar la nieve y desenterrar la puerta hasta poder abrirla. Sudaba y respiraba con dificultad. Acto seguido clavo la puerta en la nieve para mantenerla abierta, se acurruco y se deslizo por el resquicio hacia dentro. La parte interior de la caseta media apenas un metro cuadrado, y el armazon se cerraba a poca altura e impedia que una persona pudiera ponerse de pie. Con mucho empeno consiguio acercar la linterna para iluminar el fondo del pozo oscuro y silencioso. Aquella postura tan forzada hizo revivir una vieja lesion que tenia en el hombro; se le escapo una ventosidad entre quejidos y esfuerzos. Al final, logro dirigir el haz de luz hacia un pequeno saliente situado medio metro mas abajo, cerca de la superficie del agua. Introdujo una pierna, poso el pie con mucho cuidado sobre el pequeno saliente y noto, como era de esperar, que el firme estaba muy resbaladizo, asi que dio un par de patadas hasta conseguir un buen apoyo. Repitio el mismo ejercicio con el otro pie hasta que pudo mantenerse erguido con las piernas abiertas y sentirse relativamente seguro. Se quito los guantes y los coloco encima de la viga de madera que cruzaba el pozo a la altura de su cintura. A continuacion, abrio la parte superior del mono Nelly-Hansen para sacar el brazo, pero era tremendamente dificil por el grosor y la dureza de la tela; ademas, sus dedos empezaban a entumecerse, por el frio. Al final tuvo que desistir, se agacho y sumergio el brazo derecho en el agua helada y se agarro con el izquierdo a la sujecion del caldero. El brazo se entumecio a los pocos segundos, el corazon latia con mas fuerza y empezo a sentir una opresion en el pecho. Los dedos rebuscaban por la pared del pozo a medio metro bajo la superficie del agua, pero no encontraban lo que buscaban. Empezo a proferir juramentos y tuvo que recoger el brazo; se tapo la mano con la manga y froto los dedos con vigor a la vez que soplaba para calentarlos. Al cabo de unos minutos, se atrevio a intentarlo de nuevo.

Esta vez tuvo mas suerte. Al cabo de unos segundos consiguio atrapar una piedra suelta de la pared y la saco con cuidado del agua. La espalda mojada, el brazo congelado y el corazon que latia con mucha fuerza intentaban convencerle de que abandonara. Apreto las mandibulas antes de volver a sumergir el brazo en el pozo. Ahora conocia el camino. Atrapo con sumo cuidado un objeto del tamano y la forma de un maletin grueso alojado en el mismo hueco de la pared. El asa de uno de los extremos asomaba por el orificio; el hombre se aseguro de tenerlo bien asido antes de extraerlo del todo de su camara oculta.

Cuando el maletin, que resulto ser un cofre, emergio del agua, sus dedos entumecidos no aguataron mas. El hombre solto la caja e hizo varios movimientos desesperados con los brazos para atrapar a su presa. Eso provoco que perdiera el equilibrio y el pie izquierdo se deslizo y se separo del saliente donde habia reposado. Se hundio en el agua junto con el cofre.

No veia nada. Los oidos, la boca y la nariz se llenaron de agua; el traje pesado se empapo enseguida y noto que la ropa y las botas lo arrastraban hacia el fondo. Se puso como loco; el miedo y la ansiedad no pretendian proteger su propia vida, sino la urna. Con inusitada presteza, engancho la caja que habia quedado atrapada entre su cuerpo y la pared del pozo en su hundimiento hacia las profundidades. Con un increible esfuerzo, consiguio estirarse lo bastante hacia la puerta de la caseta como para arrojar el cofre sobre la nieve del exterior. Luego se asusto mucho. Seguia revolviendose agitadamente, pero empezo a notar que sus movimientos eran cada vez mas lentos y que los brazos y las piernas no obedecian las ordenes que el daba. Por fin logro aferrarse al enganche del cubo y cruzo los dedos en su mente para que los pernos del finisimo tablero aguantaran. Saco medio cuerpo a pulso y consiguio estirar el brazo hasta el marco de la puerta. Se atrevio a soltar la fijacion del cubo y alcanzo a sacar el torso al exterior de la caseta. Un minuto despues, el contorno de su cuerpo se dibujaba bajo la luz de la luna, chorreando agua y buscando aire a bocanadas. El corazon habia intensificado sus protestas e intento retener el estallido en el pecho con las manos. Los dolores eran insoportables. No cerro la puerta de la caseta antes de recoger el cofre y volver tambaleandose en direccion a la cabana.

Se despojo de la ropa y se quedo de pie, desnudo delante de la chimenea. Estuvo tentado de meterse hasta el fondo de la hoguera, se acurruco sobre la plancha metalica en el suelo, a tan solo veinte centimetros de las llamas. Luego se acordo de ir a por un edredon, estaba todavia helado y humedo, pero tras unos minutos comprendio que no iba a morirse de frio. La garra del pecho lo fue soltando poco a poco, pero la piel le picaba y quemaba, y los dientes parecian castanuelas, aunque se lo tomo como una buena senal. La temperatura de la cabana habia alcanzado, al menos, los quince grados; al cabo de media hora, estuvo ya tan recuperado que consiguio ponerse un chandal viejo, un jersey de lana, calcetines de lana y zapatillas de fieltro. Asimismo, fue capaz de calentarse otra taza de cafe y se instalo comodamente para abrir la caja. Estaba hecha de metal y recubierta de caucho y cerraduras.

Todo estaba en su sitio. Veintitres hojas codificadas, un documento adjunto de nueve paginas y una lista con diecisiete nombres. Saco los papeles de una bolsita de plastico, una medida de seguridad innecesaria ya que la urna era totalmente estanca. Levanto la bolsa. Debajo habia siete fajos de billetes que cubrian la practica totalidad del cofre, con doscientas mil coronas en cada uno. Cinco de traves y dos a lo ancho: un millon cuatrocientas mil coronas.

Saco la cuarta parte de uno de los fajos y formo un pequeno mazo. Dejo el resto en la caja, la cerro con esmero y la poso en el suelo.

Los papeles estaban secos. Primero echo un vistazo a la lista de nombres y luego la quemo en la chimenea. La sostuvo mientras ardia hasta que tuvo que soltarla para no quemarse los dedos, insensibles. A continuacion, hojeo el documento de nueve paginas.

Se trataba de una organizacion sencilla en su estructura, el mismo se sentia como un padrino retirado y desconocido, y habia elegido a sus dos ayudantes con mucho celo. Hansa Olsen porque tenia mucha mano con los criminales, un marcado sentido por el dinero y una relacion tortuosa con la ley. Jorgen Lavik porque daba la impresion de ser el antagonista de Olsen: habil, afortunado, sensato y frio como el hielo. La histeria manifestada ultimamente por el mas joven de ellos demostraba que el mayor se habia equivocado. Al principio, habia empezado tanteando al diligente joven como si fuera a seducir a una virgen. Un comentario ambiguo por aqui, algunas palabras de doble sentido por alla; al final, decidio quedarse con aquellos dos candidatos. Nunca se habia visto directamente involucrado en el trabajo, bajo ninguna circunstancia. El era el cerebro y tenia el capital inicial, conocia todos los nombres, planificaba cada jugada. Tras innumerables trabajos como defensor sabia donde se encontraban las trampas. Codicia, la codicia acababa por derribarlos a todos. Era facil hacer contrabando de drogas, sabia de donde procedian y que conexiones eran fiables. Numerosos clientes le habian advertido, aseverando con un movimiento de cabeza, de la pequena equivocacion que acababa por tumbarles a todos: la codicia desmesurada. El meollo del asunto residia en delimitar cada operacion, en no dejar que fueran demasiado lejos. Era mejor un flujo continuo, aunque las ganancias fueran menores, que dejarse cazar por un par de exitos que supuestamente lleven al gran golpe.

No, el problema no residia en la importacion de la mercancia, el riesgo radicaba en la comercializacion. En un entorno lleno de soplones, compradores colgados y camellos avidos de dinero uno debe medir sus pasos con prudencia. Por eso nunca se habia mezclado directamente con la parte «baja» de la organizacion.

Solo un par de veces habian salido mal las cosas. En aquella ocasion, los correos se llevaron la peor parte, pero las transacciones fueron demasiado pequenas como para que la Policia sospechara de la existencia de una organizacion detras de todo ello. Los chicos mantuvieron la boca cerrada y aceptaron sus condenas, como hombres, con una promesa implicita que les garantizaba una prima considerable una vez que salieran de la carcel de Ullersmo, al cabo de no mucho tiempo. La condena mas larga fue de cuatro anos, pero sabian que ganaban un buen sueldo anual por cada ano que pasaban detras de las rejas. En caso de que los correos hubiesen elegido hablar, habrian tenido poco que decir. Al menos eso pensaba, pues hasta hacia muy poco tiempo no habia tenido claro que los dos herederos de la corona se habian excedido en sus atribuciones. Ademas de un sueldo anual legal y elevado, habia amasado cantidades considerables de dinero que le proporcionaban una vida muy holgada. Sus gastos eran controlados y paulatinos, de modo que siempre podia justificarlos a tenor de su legitima economia. El dinero del pozo era suyo, asi como otra cantidad similar oculta en una cuenta suiza. La mayor parte de los beneficios descansaba en una cuenta de la que no era usuario, podia ingresar dinero, pero no sacarlo. Ese dinero se destinaba a la «causa», y sentia cierto orgullo por ello. La felicidad por poder contribuir a la «causa» habia reprimido eficazmente la conviccion de toda una vida basada en la distincion del bien y el mal, y acerca del crimen y el acatamiento de la ley. Era el elegido y hacia lo correcto. El destino que habia salvaguardado con su mano

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