Volvio a presentarse. El abogado parecia tener curiosidad y era probable que el sudor sobre su labio se debiera a que el termostato no funcionaba. Myhreng tambien tenia calor y se tiro un poco del jersey de lana.

– ?Esto es una entrevista? -pregunto el abogado, con mucha amabilidad.

– No, mas bien se podria decir que es un pequeno interrogatorio.

– ?Sobre que?

– Sobre tu relacion con Hansa Olsen y el asunto de drogas en el que la Policia cree que estaba implicado.

Hubiera jurado que el abogado Lavik reacciono. Un rubor suave, casi invisible, asomo en su cuello y con el labio inferior succiono algunas de las gotas de sudor del superior.

– ?Mi relacion?

Sonrio, pero la sonrisa no le quedo muy bien.

– Si, tu relacion.

– ?Pero si yo no tenia nada que ver con Olsen! ?Estaba implicado en un asunto de drogas? ?Implicado? Por tu periodico habia creido entender que fue victima de unos traficantes de drogas, no que estuviera implicado en algo…

– Por ahora, es todo lo que podemos afirmar, pero tenemos nuestras teorias. Y la Policia tambien, creo.

Lavik se habia sobrepuesto. Volvio a sonreir, esta vez le quedo mejor.

– Bueno, estas errando mucho el tiro si me quieres relacionar a mi con todo eso. Apenas conocia a Olsen. He coincidido con el, por supuesto, por aqui y por alla, pero no se puede decir que lo conociera, en absoluto. Tragico, por cierto, morir de esa manera. ?No tenia hijos?

– No, no tenia. ?Donde metes tu dinero, Lavik?

– ?Mi dinero?

Parecia sinceramente perplejo.

– Si, ganas un monton de dinero. Si los datos que has proporcionado a Hacienda son correctos: 1,4 millones el ano pasado. ?Donde los has metido? -?Eso no es asunto tuyo! Para serte franco, tengo la conciencia completamente tranquila a este respecto; como invierto el dinero que gano legalmente no es, en absoluto, asunto tuyo.

Se interrumpio de pronto, se le habia acabado la paciencia. Miro el reloj y dijo que tenia que preparar una reunion.

– Pero tengo mas cosas que preguntarte, Lavik, muchas, muchas cosas mas -protesto el periodista.

– Pues yo no tengo mas respuestas -dijo Lavik con decision, se levanto y senalo la puerta.

– ?Puedo volver otro dia que te venga bien? -insistio Myhreng mientras cruzaba la habitacion.

– Sera mejor que llames antes. Soy un hombre muy ocupado -concluyo el abogado, y cerro la puerta.

Fredrick Myhreng estaba solo con la bibliotecaria. Se habia contagiado de la actitud distante de su jefe y dio la impresion de que iba a negarselo cuando Myhreng pidio permiso para usar el servicio, pero al final accedio.

Al llegar se habia fijado en una ventana con cristal ahumado situada a medio metro de la puerta de entrada, en el pasillo. Mientras esperaba habia supuesto que debia de dar al servicio, pero no era exactamente asi. Tras la puerta con un corazon de porcelana habia una antesala con lavabo, mientras que el propio servicio estaba separado por una puerta con cerrojo. La sacudio un poco, pero en vez de entrar, saco una navaja multiusos. Tenia tres destornilladores y no le resulto dificil aflojar los seis tornillos que sujetaban la ventana de cristal ahumado. Myhreng sabia lo suficiente de carpinteria como para sonreir un poco al comprobar que la ventana estaba atornillada. Deberia estar sujeta con masilla, si no acabaria atascandose. Aunque por ahora no habia sucedido, quiza porque era una ventana interior y poco expuesta a la humedad. Se aseguro de que a los tornillos les quedaban un par de vueltas de rosca y tiro de la cadena. A continuacion se lavo las manos y sonrio amablemente a la senora, que, en cambio, no se digno a decirle adios cuando salio del bufete. El no se lo tomo a mal.

Ya era de noche. Hacia un frio tremendo, pero Myhreng no tenia prisa por entrar. Habia empezado a inquietarse. Los animos desbordados de la manana habian dado paso a una vacilacion inquieta. En la Facultad de Periodismo no le habian ensenado nada sobre como entrar en casas ajenas u otras ilegalidades, mas bien al contrario. Ni siquiera sabia por donde empezar.

El edificio tenia oficinas en las tres primeras plantas y viviendas en las dos superiores, por lo que se podia deducir del telefonillo. En las peliculas, el ladron solia llamar a todos los timbres y decir «Hi, it's]oe», con la esperanza de que alguien conociera a algun Joe y le abriera la puerta, pero dudaba de que eso funcionara. La puerta del portal estaba cerrada a cal y canto. Opto por la segunda mejor opcion y saco una palanca de hierro de su cazadora de cuero.

Fue bastante sencillo. Despues de dos crujidos, la puerta cedio. Ni siquiera los pernios chirriaron cuando entorno la puerta lo bastante como para colarse hacia dentro. A la izquierda, tres lindos escalones conducian a otra puerta y ya habian echado sal contra las heladas de la noche. Myhreng estaba preparado para un nuevo obstaculo, pero, por si acaso, probo el pomo antes de arremeter contra ella con la barra de hierro. A alguien se le debia de haber olvidado echar la llave, pues la puerta se abrio. Le pillo tan por sorpresa que, sin querer, dio un paso hacia atras, se quedo con el pie en el aire y gimoteo cuando alcanzo el suelo mas tarde de lo que habian calculado sus reflejos. Pero aquello no disminuyo su alegria por lo bien que iba todo.

Subio las escaleras al doble de velocidad que unas pocas horas antes. Al llegar a la ventana ahumada se detuvo un rato para recuperar el aliento y para comprobar que nadie daba senales de haberlo descubierto, pero no se oia mas que el pitido de sus propios oidos; al cabo de un minuto, saco un bote de plastilina. Con cuidado pego un poco de la masa contra el cristal y, con ayuda del pulgar, la fue introduciendo por el borde. No era facil calcular cuanto podia apretar sin que el cristal se desprendiera, pero despues de un rato le parecio suficiente y repitio la operacion un poco mas abajo con otro pedazo de plastilina. Una vez que la hubo extendido, apreto con fuerza. La ventana no se movio.

Habia empezado a sudar y sentia la necesidad de quitarse la cazadora, que ademas dificultaba sus movimientos, asi que tras un segundo intento se la quito. Los dedos habian dejado profundas marcas en la masa de plastico, a pesar de los guantes. Al tercer intento empujo con todo el peso de su cuerpo y sintio como cedian los tornillos. Afortunadamente la ventana se desprendio primero por abajo. Entorno el marco al mismo tiempo que se colaba dentro de la pequena habitacion. La ventana estaba completamente suelta, pero entera. Recogio la cazadora antes de quitar la plastilina y volvio a colocar el cristal en su sitio.

Con mucha precaucion abrio la puerta que daba al recibidor. Myhreng no era tan tonto como para no prever una alarma, aunque tal vez no fuera muy sofisticada. Sobre la ventana descubrio una cajita con una luz roja. Se tumbo boca abajo y se arrastro hasta la puerta del despacho de Lavik. Se habia metido la linterna entre el cinturon y la espalda, y le iba raspando la piel en su torpe movimiento hacia delante. La puerta estaba abierta. Busco con la luz de la linterna una caja de alarma como la del recibidor, pero no habia, o al menos la linterna no la encontro. Asumio el riesgo y se levanto.

Como es natural, no sabia que estaba buscando. No lo habia pensado y se sintio bastante idiota al verse en un despacho al que no tenia acceso legal, cometiendo su primer delito sin meta ni intenciones claras. La caja fuerte estaba cerrada, cosa que no podia considerarse sospechosa. El armario archivero estaba abierto; fue sacando los cajones y encontrando carpetas de carton, todas ellas con una pequena pestana en una esquina en la que aparecia un nombre escrito con letra elaborada pero clara. Los nombres no le dijeron nada.

El cajon del escritorio contenia lo que se podia esperar. Post-it amarillos, subrayadores rosa fosforito, un monton de boligrafos y un par de lapices. Estaba todo clasificado en una bandeja con compartimentos para ese tipo de cosas, sujetada por los bordes del propio cajon. Levanto la bandeja, pero los documentos que habia debajo carecian de interes: el catalogo de invierno de Star Tours, un bloc de folios con impresos para el cobro de honorarios, ademas de un cuaderno normal de papel cuadriculado. Coloco la bandeja en su sitio y cerro el cajon. Debajo habia un armarito suelto con ruedas que tambien estaba cerrado.

Recorrio con los guantes la parte baja del escritorio. Era lisa y pulida, los dedos no toparon con nada en ningun sitio. Decepcionado, se giro hacia el armario archivero del rincon, se acerco a el, se agacho y comprobo la parte baja de la misma manera. Nada. Se tumbo en el suelo y lo recorrio sistematicamente con la linterna.

Estuvo a punto de escaparsele la llave, quiza porque no esperaba encontrar nada. El haz de luz ya se habia desplazado cuando el cerebro registro lo que habia visto y, a causa de la emocion, dejo caer la linterna. Quedo colocada de tal manera que seguia viendo la pequena mancha oscura. La solto y se levanto. Las farolas arrojaban una luz palida dentro de la habitacion, la suficiente como para que viera enseguida de que se trataba. Una llave,

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