queda muy lejos de los mercados de heroina, pero los inversores para los que ha trabajado son gente seria y los hoteles se han construido, asi que no hay nada turbio en el propio negocio. Si consigues fondos, no me importaria viajar a Tailandia para investigar el asunto.

Wilhelmsen arqueo las cejas en una mueca que expresaba a las claras lo que opinaba sobre una extravagancia presupuestaria de ese tipo. En el exterior se habia hecho de noche y el cansancio que ambos sentian, unido al suave olor de la cerveza, hacia que el despacho resultara casi acogedor.

– ?Estamos ahora de servicio?

Sand sabia a que se referia y sonrio negando con la cabeza, a la vez que le pasaba otra cerveza, despues de abrirla de la misma manera que la anterior. El tablero de la mesa se quejo, pero esta vez consiguio que el cristal no se rompiera. Ella cogio la cerveza, pero de pronto la solto y se fue sin decir nada. Dos minutos despues se afanaba por conseguir mantener en pie dos velas sobre la mesa. Despues de derramar una buena cantidad de cera, se quedaron erguidas, aunque ligeramente ladeadas, cada una en una direccion. Luego apago la luz del techo, mientras Hakon giraba hacia la pared la lampara de mesa, de modo que solo arrojaba una luz medio ahogada a la habitacion.

– Como nos vea alguien, van a correr un monton de rumores.

El se mostro de acuerdo.

– Pero yo saldre ganando -sonrio Hakon.

Brindaron con las botellas.

– Que buena idea hemos tenido. ?Se puede hacer?

– Yo hago lo que me da la gana cuando estoy en mi propio despacho un viernes a las seis y media de la tarde. No me pagan un duro por estar aqui y me voy a casa en metro, aparte de que en casa no me espera nadie. ?Y a ti? ?Te espera alguien?

Solo pretendia ser amable, no era mas que un intento bienintencionado y espontaneo de adecuarse al extrano ambiente que se habia generado y en absoluto pretendia pasarse de la raya. Pero ella se puso tensa, se enderezo en la silla y dejo la botella. El se percato de su cambio de actitud y se arrepintio profundamente.

– ?Y que pasa con Peter Strup? -dijo tras un pausa incomoda-. En realidad no lo hemos investigado demasiado. Tal vez deberiamos. Solo que no se exactamente a que podriamos agarrarnos. Me interesa mas lo que pudiera saber Karen Borg.

Incluso en aquella luz vacilante, ella pudo percibir su rubor. Hakon se quito las gafas, en una maniobra de distraccion, y se limpio los cristales con la parte baja de su jersey de algodon.

– Sabe mas de lo que dice. Eso esta claro. Probablemente se trate de otros delitos de Van der Kerch que no conocemos. Lo hemos cogido por asesinato. La investigacion tecnica ya esta acabada y con eso basta para condenar al tipo. Pero si tenemos razon en nuestras teorias, puede que ademas este metido hasta el cuello en el narcotrafico. No es que sea muy conveniente sumar eso a la pena por asesinato premeditado. Es su obligacion mantener silencio. Karen Borg es una mujer de principios, creeme. La conozco muy bien, cono. O al menos la conocia.

– No da la impresion de que mis notas hayan tenido consecuencias para ella -dijo Hanne-. ?No ha notado nada inusual ni inquietante?

– No.

Hakon no estaba tan seguro como parecia. Hacia dos semanas que no hablaba con ella y no era porque no lo hubiera intentado. Aunque ella lo habia besado hasta persuadirlo para que prometiera no llamarla, el habia roto su promesa exactamente dos dias despues de haber salido dando tumbos de su casa trece dias antes, a primera hora de la manana de un sabado. El lunes por la manana habia probado llamarla al numero de su despacho y le habia atendido una recepcionista muy amable. Karen estaba ocupada, pero no debia preocuparse, le dejaria el recado de que habia llamado. Desde entonces, la mujer le habia dejado otros cuatro recados, pero no habia respondido a ninguno. El lo habia asumido con aquel viejo sentimiento de resignacion, pero, aun asi, cada vez que sonaba el telefono y lo descolgaba con la intensa esperanza de que fuera ella, se sentia profundamente decepcionado al comprobar que Karen se atenia a su determinacion de no querer hablar con el por lo menos en un mes. Quedaban dos semanas.

– No -repitio, a pesar de todo-. No ha notado nada raro.

Las velas habian formado dos grandes circulos en la mesa. Hakon protegio la llama con la mano en un gesto completamente inutil y las apago. Luego se levanto y encendio la luz del techo.

– Hasta aqui los preliminares -dijo fingiendo alegria-. ?La juerga tendremos que corrernosla cada uno por nuestra cuenta!

Sabado, 7 de noviembre

A pesar de haber blandido violentamente los sables, el invierno habia tenido que rendirse ante un otono frio y normal. Durante algunos dias, los restos de las escaramuzas yacieron como manchas grisaceas sobre la tierra, pero ya habian desaparecido. A la lluvia le faltaban tres o cuatro grados para convertirse en nieve, pero asi era mucho mas desagradable. El asfalto, que hacia pocos dias habia relumbrado en la oscuridad de la noche compuesto por millones de diamantes negros, parecia ahora un monstruo chato y baboso que absorbia todo rayo de luz tan pronto como alcanzaba el suelo.

Hanne y Cecilie se dirigian a casa despues de una fiesta agradable. Cecilie habia bebido demasiado e intentaba coquetear agarrando la mano de Hanne. Recorrieron algunos metros cogidas de la mano, la distancia entre dos farolas, pero Hanne la solto en el momento en que entraron bajo la luz palida.

– Gallina -le dijo Cecilie bromeando.

Hanne se limito a sonreir y recogio las manos dentro de las mangas de la chaqueta, protegiendose asi de nuevas tentativas de intimidad.

– Ya casi estamos en casa -dijo, tenian ya el pelo mojado; y Cecilie se quejaba de que no veia nada a traves de las gafas-. Pues hazte con unas lentillas, mujer.

– ?Ya! ?Pero no puedo conseguirlas ahora mismo! ?Es ahora cuando no veo! Dejame que me agarre a tu brazo, por lo menos. Como no lo hagas me voy a caer y me voy a romper la crisma, y te vas a quedar completamente sola en el mundo.

Continuaron cogidas del brazo. Hanne no queria quedarse completamente sola en el mundo.

El parque estaba muy oscuro. Las dos tenian miedo a la oscuridad, pero querian ahorrarse los cinco minutos de camino que ganaban cruzandolo. Corrieron el riesgo.

– En realidad eres muy graciosa, Hanne. Supergraciosa. -Cecilie iba charloteando como si las voces humanas fueran capaces de ahuyentar a eventuales fuerzas oscuras que pudieran acechar en una noche de otono-. Me muero de risa con tus chistes. Cuentame el del Teatro Nacional de Gryllefjord. Ese me hace la misma gracia cada vez que lo cuentas. Y ademas dura un monton. ?Cuentamelo!

Y Hanne se lo conto encantada. Cuando llego a la segunda visita del Teatro Nacional al ateneo de Gryllefjord, de pronto se interrumpio. Detuvo a Cecilie con un gesto agresivo de la mano y arrastro a su novia detras de un enorme alamo. Cecilie lo malinterpreto y le ofrecio la boca para un beso.

– ?Corta el rollo, Cecilie! ?Espabilate y calla!

Se desembarazo del abrazo involuntario, se apoyo sobre el tronco del arbol y asomo la cabeza.

Los dos hombres habian sido tan incautos como para situarse debajo de una de las dos unicas farolas que habia en aquel gran parque oscuro. Las mujeres se encontraban a treinta metros de distancia y no podian oir lo que decian. Wilhelmsen solo veia la espalda de uno de los hombres, que estaba de pie con las manos en los bolsillos y alternaba en darse pataditas una pierna contra la otra. Podia ser la senal de que ya llevaba un tiempo alli. Permanecieron asi un buen rato, los hombres conversando en voz baja y las mujeres en silencio detras de un arbol. Cecilie habia entendido por fin la seriedad de la situacion y se habia hecho a la idea de que tendria que esperar para escuchar la explicacion de Hanne sobre su comportamiento.

El hombre que les daba la espalda iba vestido completamente normal. Llevaba los vaqueros metidos en unas botas con las suelas inclinadas por el uso, la cazadora, que tambien era vaquera, estaba forrada con piel artificial que asomaba grisacea en torno al cuello: llevaba el pelo corto, casi rapado.

El hombre al que Wilhelmsen veia perfectamente la cara vestia un abrigo beis claro, pero tampoco llevaba

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