bastante pequena, habia estado pegada con celo en la parte baja del armario.

Fredrick Myhreng sentia una felicidad desbordante. Estaba a punto de meterse la llave en el bolsillo cuando se le ocurrio una idea mucho mejor. Saco un trozo de plastilina del bote que llevaba en el bolsillo, lo calento contra la mejilla y la moldeo hasta tener dos trozos planos. Presiono la llave contra el primero de ellos durante un buen rato. Tuvo que quitarse los guantes para poder volver a sacarla sin estropear el molde. Despues hizo exactamente lo mismo con el otro lado de la llave. Al final, marco el grosor de la llave en la parte alta de uno de los moldes.

Pudo volver a usar el celo con el que habia estado pegada y le parecio que la colocaba mas o menos donde habia estado antes. Se puso la chaqueta, se arrastro de vuelta por el mismo camino por el que habia llegado y consiguio volver a atornillar el cristal de la ventana desde dentro, sin que quedaran marcas del destornillador. Paso la mano rapidamente por el marco para eliminar cualquier astilla que hubiera quedado y permanecio un momento en la puerta que daba al recibidor tomando aire antes del gran salto. Conto hacia atras desde diez; cuando llego a cero, salio disparado hacia la puerta de entrada, la abrio, la cerro detras de si; estaba ya bajando las escaleras cuando se disparo la estridente alarma. Se encontraba a una manzana de distancia antes de que a nadie en el edificio le hubiera dado tiempo a ponerse las zapatillas.

«Van a comerse bastante la cabeza -penso triunfalmente-. No hay senales de violencia, no falta nada, no se ha toca do nada. Solo hay una puerta abierta.»

Myhreng se estaba acostumbrando a sentirse satisfecho d si mismo, pero ahora se sentia mejor que nunca. Iba canturreando y medio corriendo, como un nino tras una travesura lograda. Alcanzo a coger el ultimo tranvia a casa pegando un grito y con una sonrisa en la boca.

Viernes, 6 de noviembre

Se habia convertido en una costumbre ir a la prision a visitar a su pobre cliente los viernes por la tarde. No es que el chico dijera gran cosa, pero daba la impresion de que apreciaba las visitas. Estaba encorvado y escualido, y aun mantenia la misma mirada vacia, pero Karen tenia la sensacion de intuir en su cara la insinuacion de una sonrisa cada vez que se veian. A pesar de la insistencia con la que Han van der Kerch se habia opuesto a ser trasladado a la carcel mientras aun tenia capacidad de decir lo que pensaba, ahora estaba internado en la Carcel Provincial de Oslo, seccion B, Bayer'n. Karen habia obtenido permiso para visitarlo en la celda, no tenia sentido arrastrar al tipo hasta la sala de visitas. En la celda habia mas luz y los vigilantes no solo parecian honrados, sino que mostraban tanta buena voluntad como les permitia su carga de trabajo. Durante cada visita, cerraban la puerta al irse; ella sentia un extrano bienestar al sentirse encerrada, la misma sensacion que de jovencita, en la casa de Kalfaret, la habia empujado hacia el trastero bajo las escaleras cada vez que el mundo se le ponia en contra. Las visitas a la carcel se habian convertido en un momento de contemplacion. Se quedaba sentada frente al chico callado y escuchaba el traqueteo del carro del repartidor en el pasillo, el eco de risas y gritos obscenos, el pesado chirriar de las llaves cada vez que pasaba un carcelero por delante de la puerta.

Hoy no estaba tan extremadamente palido como otros dias. Sus ojos la siguieron durante todo el trayecto hasta que se sento junto a el en el catre. Cuando le cogio la mano, sintio que el joven se la apretaba, de un modo casi imperceptible, pero estaba segura de haber sentido la leve presion. Con vacilante optimismo, Karen se inclino hacia delante y le aparto el pelo de la frente. Lo tenia ya demasiado largo y volvio a caer inmediatamente. Siguio acariciandole la frente y le pasaba los dedos por el pelo. Era evidente que le resultaba agradable porque cerro los ojos y se inclino hacia ella. Permanecieron asi durante varios minutos.

– Roger -murmuro el chico, tenia la voz gangosa y agrietada de no haberla usado en mucho tiempo.

Karen ni siquiera pego un respingo, continuo acariciandolo y no le pregunto nada.

– Roger -dijo el holandes de nuevo, esta vez un poco mas alto-. El tipo de Sagene, el de los coches usados. Roger.

Luego se quedo dormido, la respiracion se homogeneizo y el peso contra el cuerpo de ella aumento. Karen se levanto con cuidado, lo tumbo y, sin poder contenerse, le dio un beso en la frente.

– Roger de Sagene -repitio para si misma, llamo suavemente a la puerta y al cabo de dos minutos estaba fuera.

– Nada. Absolutamente nada.

El fiscal adjunto agarro la gruesa pila de papeles y la estampo contra la mesa, pero no los habia agarrado bien y se salieron de la carpeta.

– Joder -solto, y se agacho para arreglar aquel desaguisado.

Hanne se puso a cuatro patas para ayudarlo y los dos quedaron de rodillas mirandose fijamente.

– Nunca me acostumbrare a esto. ?Nunca! -Sand hablaba rapido y fuerte.

– ?A que?

– A que tantas veces sepamos que algo anda mal, que alguien ha hecho algo malo, que sepamos quien lo ha hecho, lo que ha hecho… Joder, sabemos muchisimo, pero ?podemos demostrarlo? Que va, estamos como los eunucos, paralizados y con todos los auspicios en contra de nosotros. Sabemos y sabemos, pero si nos arriesgaramos a acudir a los tribunales con lo que sabemos, apareceria algun abogado defensor que nos lo desmontaria todo y se sacaria de la manga una explicacion natural para todas y cada una de las piezas de nuestra cadena de indicios. Hurgan y rebuscan y, al final, todo lo que sabiamos se convierte en una masa informe de datos inciertos, mas que suficiente como para exigir la duda razonable. Y, hala, el pajaro esta libre y ha triunfado el estado de derecho. ?El derecho de quien? Desde luego el mio no. El estado de derecho se ha convertido en una excelente herramienta para los culpables, cono. Cualquiera diria que esta ahi para que metamos al menor numero de gente posible en la carcel. ?Eso no es un estado de derecho, joder! ?Y que pasa con toda la gente asesinada, violada, con los ninos que sufren abusos, con la gente a la que roban o asaltan? Me cago en la puta, yo deberia haber sido sheriff en el salvaje oeste. Esos si que actuaban cuando sabian lo que pasaba. Colgaban una cuerda del arbol mas cercano y le partian el cuello al bandido. Una estrella y un sombrero de vaquero hubieran garantizado mas estado de derecho a la mayoria de la gente que siete anos de estudios de Derecho y diez estupidos miembros de un tribunal. La inquisicion. Eso seria la cosa. Juez, fiscal y defensor en una misma persona. Asi se solucionan las cosas, y no con esa chachara sobre el estado de derecho para los criminales y sinverguenzas.

– Tu no piensas eso, Hakon -dijo Hanne recogiendo los ultimos papeles, casi tuvo que tumbarse para poder coger un interrogatorio que se habia colado bajo la cajonera-. Tu no piensas eso -repitio medio ahogada bajo la cajonera.

– Bueno, no del todo, pero casi.

Los dos frustrados se sentian frustrados. Era viernes y era ya demasiado tarde, llevaban demasiadas jornadas de trabajo agotadoras a sus espaldas. Ella lo llevaba mejor que el. Se quedaron sentados ordenando el monton de documentos.

– Informame de la situacion -le ordeno el cuando hubieron acabado.

No les llevo mucho tiempo. Sand ya conocia las pocas pruebas tecnicas que tenian y la investigacion tactica estaba completamente parada. Habian interrogado a un total de cuarenta y dos testigos. Ni uno solo de ellos habia podido contribuir con nada que pudiera arrojar luz sobre el caso, ni siquiera algo que creyeran que mereciera la pena seguir investigando.

– ?Ha salido algo del seguimiento a Lavik?

El fiscal adjunto dejo la pila de papeles a un lado, saco una cerveza tibia de una bolsa de plastico y le quito la chapa contra el canto de la mesa. La madera hizo astillas y un pedacito de cristal se solto de la botella.

– Al fin y al cabo ha llegado el fin de semana -se disculpo, antes de llevarse la botella a la boca.

Como el contenido estaba tibio se formo gran cantidad de espuma y tuvo que inclinarse bruscamente hacia delante y separar las piernas para no mancharse. Se seco la boca y aguardo la respuesta.

– No, con la capacidad de esta jefatura, es imposible seguirlo las veinticuatro horas al dia. Asi que no es mas que una loteria. No tiene sentido seguirlo si no se hace con eficacia. Si lo hacemos asi, solo conseguiremos sentirnos frustrados.

– ?Y que pasa con la parte mercantil del negocio de Lavik?

– Va a ser un follon investigarlo. Ha tenido algunos proyectos hoteleros en el Lejano Oriente. Bangkok. Eso no

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