ordenador, luego se fue sin cerrar la puerta.

Hakon se levanto y lo hizo por el.

– No tienen modales, los jovenes de hoy en dia.

– Si tuviera un monton de dinero ilegal y usara una cuenta suiza, y si ademas fuera tacana, ?no intentaria tal vez mandar parte de mi dinero legal al mismo lugar?

– ?Tacano? ?Si, puede que Lavik encaje con ese calificativo!

– ?Mira lo austeramente que vive! Ese tipo de gente disfruta especialmente de tener dinero guardado. ?Lo ha metido todo en la misma cuenta!

La teoria no era muy buena, pero les servia, a falta de algo mejor. La avaricia lleva incluso a los mejores a cometer errores. Aunque tampoco era un gran error: dificilmente se podia defender la ilegalidad de tener menos dinero en tus cuentas del que has ganado.

– A partir de ahora vamos a suponer que Lavik tiene dinero metido en Suiza. Ya veremos adonde nos lleva eso. No muy lejos, me temo. ?Y que pasa con Peter Strup? ?Has hecho algo con el tras vuestro misterioso encuentro en el parque de Sofienberg?

Ella le tendio una carpeta fina. El fiscal adjunto se dio cuenta de que no llevaba numero de caso.

– Es mi carpeta privada -le explico-. Este juego de copias es para ti. Llevatelo a casa y guardalo en algun sitio seguro.

Hakon hojeo los papeles. La historia de la vida de Strup era impresionante. Durante la guerra participo activamente en la resistencia, a pesar de que apenas tenia dieciocho anos cuando llego la paz. Ya entonces era miembro del Partido Laborista. En los anos posteriores no destaco dentro del partido, pero, como habia mantenido relacion con sus companeros, contaba con un impresionante circulo de amistades que ocupaban posiciones importantes. Era amigo intimo de varios antiguos peces gordos del partido, mantenia buenas relaciones con el rey -con el que ademas habia navegado de joven, Dios sabria como sacaba tiempo para todo- y se reunia una vez por semana con el secretario de Estado del Ministerio de Justicia, con el que tambien habia trabajado en tiempos. Era mason de decimo grado y tenia, por lo tanto, acceso a la mayoria de los pasillos del poder. En su momento se caso con una antigua cliente, una mujer que habia asesinado a su marido tras dos anos de infierno y que, tras pasar ano y medio en la carcel, quedo en libertad y se dirigio hacia las campanas de la boda y una vida brillante. El matrimonio era aparentemente feliz y nadie habia podido nunca demostrar que el tipo hubiera tenido una aventura extramatrimonial. Ganaba mucho dinero, a pesar de que, por lo general, recibia su salario del ambito publico. Pagaba sus impuestos con alegria, segun habia repetido muchas veces en los periodicos, aunque se tratara de cantidades considerables.

– Esto no parece exactamente el retrato de un gran delincuente -dijo Hakon plegando la carpeta.

– No, pero tampoco parece muy legal reunirse con gente en parques siniestros en medio de la noche.

– El encuentro nocturno con clientes se esta convirtiendo en una costumbre en este caso -ironizo Hakon mientras se colocaba el rape con la lengua.

– Tenemos que tener cuidado. Entre los muchos amigos de Peter Strup tambien hay gente de la Brigada de Informacion de la Policia.

Hakon se rindio en la lucha contra el rape y lo escupio en la papelera. Ya no estaba en forma.

Era una verdadera preciosidad, ademas de ser el unico articulo de lujo que poseia Wilhelmsen. Al igual que la mayoria de los articulos de lujo, no tenia cabida en el sueldo de una subinspectora, pero gracias a la ayuda de una medica, durante seis meses al ano podia sentir la libertad de conducir una Harley-Davidson de 1972. Era rosa. Completamente rosa. Rosa Cadillac, con cromo pulido y relumbrante. En esos momentos la tenia desmontada en el sotano, en un taller con las paredes amarillas y una vieja estufa en un rincon que habia conectado a la chimenea de la casa sin pedir permiso a la comunidad de vecinos. En las paredes, estanterias de IKEA con numerosas herramientas; en el estante superior, una television portatil en blanco y negro.

Ante si tenia todo el motor desmontado y lo estaba limpiando con bastoncillos para los oidos. Todo era poco para una Harley. Penso que aun faltaba demasiado tiempo para que llegara marzo, y el pensamiento le hizo sentir la emocion de la primera excursion del ano. Era preciso que hiciera un tiempo estupendo y que hubiera charcos. Cecilie iria montada detras y el ruido del motor seria constante y abrumador. Si no hubiera sido por la mierda del casco… Anos atras, Hanne habia recorrido Estados Unidos de costa a costa, con una cinta en la cabeza en la que ponia «Fuck Helmet laws». Pero en Noruega era policia e iba con casco. No era lo mismo. Se perdia parte de la libertad, parte del placer del peligro, el contacto con el viento y los olores.

Volvio a la realidad y encendio el televisor para ver Actualidad de la tarde. El programa estaba empezado y ya se habia caldeado. Unos periodistas habian publicado un libro sobre la relacion del Partido Laborista con los servicios secretos y, al parecer, sostenian unas tesis que a unos cuantos les resultaban intragables.

Acusaban a los autores de especular y de aportar afirmaciones no documentadas, de periodismo de aficionados y cosas aun peores, de emponzonar el eter. El periodista, un atractivo hombre de pelo gris, de unos cuarenta anos, respondia con la voz tan calmada que al cabo de pocos minutos Hanne se convencio de que tenia razon. Despues de atender durante un cuarto de hora, volvio a ponerse con el motor. Los ventiladores estaban sucios tras usarlos durante una larga temporada.

De repente el programa volvio a captar su atencion. El presentador, que parecia estar del lado del autor, planteo una pregunta a uno de los criticos. Queria que el invitado le garantizara que no se realizaba ningun trabajo ni se hacia ninguna compra de material para los servicios secretos sin que el dinero saliera de los presupuestos del Estado. El hombre, un senor gris vestido con un traje gris, abrio los brazos de par en par y lo garantizo sin contemplaciones.

– ?De donde ibamos a sacar el dinero? -pregunto retoricamente.

Aquello le puso la zancadilla durante el resto del programa, y Hanne siguio con su trabajo hasta que Cecilie aparecio en la puerta.

– Tengo ya muchisimas ganas de acostarme -dijo sonriendo.

Miercoles, 11 de noviembre

Estaba insatisfecho y de muy mal humor. Su caso, el «gran caso», ultimamente se habia quedado en nada, y tampoco conseguia sacarle gran cosa a la Policia, aunque probablemente se debiera a que esta se hallaba tan atascada como el. El director del periodico estaba disgustado y lo habia vuelto a meter en el viejo sistema de turnos. Le aburria tener que acudir a los juzgados para intentar sacarle informacion anodina a un policia laconico acerca de casos que apenas obtenian espacio para un articulo de una columna.

Estaba sentado con los pies sobre la mesa y daba la impresion de estar tan enfurrunado como un nino de tres anos tras una rabieta. El cafe estaba amargo y tibio. Incluso el cigarrillo le sabia mal. No tenia nada apuntado en su cuaderno.

Se levanto tan bruscamente que se le volco la taza de cafe. El negro contenido se extendio rapidamente por los periodicos, las notas y un libro de bolsillo que estaba boca abajo para que no se le cerrara. Fredrick Myhreng se quedo unos segundos mirando el charco antes de decidir que le importaba un bledo. Agarro su cazadora y se apresuro a cruzar la redaccion antes de que nadie pudiera pararlo.

La tiendecita la llevaba un antiguo companero del colegio. Myhreng se pasaba por alli de vez en cuando, para hacerle una copia de las llaves de su casa a la nueva novia de turno -como nunca las devolvian…-, o para ponerle suelas nuevas a las botas. Era incomprensible para el que tendrian que ver el arreglo de zapatos con las copias de llaves, pero su companero del colegio no era el unico en la ciudad que operaba con esa combinacion.

Se saludaron con un «choca esos cinco». Myhreng tenia la incomoda sensacion de que el hombre de la tienda estaba orgulloso de conocer a un periodista de la capital, pero se avino a tomar parte en el ritual. El diminuto local estaba vacio y el dueno estaba trabajando con una desgastada bota de invierno negra.

– ?Novia nueva otra vez, Fredrick! ?En esta ciudad debe de haber ya cerca de cien juegos de llaves de tu casa!

El hombre esbozo una gran sonrisa burda.

– No, sigo con la misma chica. Vengo para pedirte ayuda con una cosa especial.

Вы читаете La Diosa Ciega
Добавить отзыв
ВСЕ ОТЗЫВЫ О КНИГЕ В ИЗБРАННОЕ

0

Вы можете отметить интересные вам фрагменты текста, которые будут доступны по уникальной ссылке в адресной строке браузера.

Отметить Добавить цитату