mantenia en torno a los ceros grados.
– Te estas aprovechando bastante de nuestra vieja amistad, Hanne. -No estaba enfadado, solo se hacia valer un poco-. Yo trabajo en Desorden, no soy el recadero de Su Alteza Wilhelmsen. Y encima hoy tengo el dia libre. En otras palabras: me debes un dia libre. Apuntatelo.
Para ver algo tenia que inclinar su enorme cuerpo hasta tocar el cristal. Si no hubiera sido por su tamano y la cabeza rapada, se le hubiera podido tomar por una cuarentona de un barrio fino, con un BMW y el carne recien sacado.
– Estare eternamente en deuda contigo -le aseguro Hanne, y pego un respingo cuando el freno bruscamente a causa de una sombra que resulto ser un adolescente despistado.
– Joder, no veo una mierda -dijo Billy T., que intento limpiar el vaho que se formaba en la parte interior del cristal tan pronto como lo quitaba.
Hanne giro la clavija de la calefaccion, sin que tuviera el mas minimo resultado.
– Propiedad publica -murmuro, y se anoto para sus adentros el numero del coche para no volver a cogerlo en dias de lluvia-. Solo he encontrado a un Roger en el negocio del automovil en Sagene. Asi que, por lo menos, no vamos a tener que andar buscandolo -dijo, intentando consolarlo. El coche se subio a una acera y Hanne se golpeo contra la puerta y se dio un golpe en el codo con la manivela de la ventanilla-. Ay, ?pretendes matarme?
Primero se enfado, pero luego descubrio que habian llegado.
Billy T. aparco junto a una pared de hormigon gris, que tenia pintado un gran letrero de prohibido aparcar. Apago el motor y se quedo sentado con las manos en el regazo.
– ?Que es lo que vamos a hacer, en realidad?
– Solo vamos a echar un vistazo. Tal vez asustarlo un poco.
– ?Yo hago de policia o de bandido?
– De cliente, Billy T. Tu eres un cliente. Hasta que yo te diga lo contrario.
– ?Que estamos buscando?
– Lo que sea. Algun rasgo particular, cualquier cosa de interes.
Hanne salio del coche y cerro la puerta con llave, aunque fue bastante innecesario. Billy T. se limito a cerrar la suya de un portazo, sin mayores contemplaciones.
– Nadie va a robar este trasto -dijo encogiendose de hombros, sobre todo para protegerse del frio que le esperaba a la vuelta de la esquina.
La subinspectora adivino las letras: «Sagene Car Sale». Aunque hubiera convenido cambiar los tubos de neon, pues en la penumbra solo se podia leer: «Sa ene Ca S le».
– ?Vaya, que ambiente tan internacional!
Cuando entraron por la puerta sono una campana lejana. Olia a Volvo Amazon. Un olor completamente mareante que procedia de la coleccion mas grande que Wilhelmsen hubiera visto nunca de los asi llamados purificadores de aire: cuatro arboles de Navidad de carton, de unos cincuenta o sesenta centimetros de altura, estaban alineados sobre el mostrador de cinco metros de largo. Los arboles estaban a su vez decorados con arboles mas pequenos que colgaban de hilos brillantes y con exuberantes dibujos de mujeres impregnadas de la misma sustancia. Como si fueran regalos al pie de los arboles, en torno a los troncos habia unas pilas de tortugas de plastico con olor a ambientador que contribuian lo suyo a que el aire en torno a la caja registradora fuera uno de los mas purificados de la ciudad. Las tortugas tenian las cabezas sueltas sobre un pequeno muelle y, cuando los policias abrieron la puerta y se formo corriente, los saludaron amablemente moviendo la cabeza.
Por lo demas, el local estaba repleto de todo lo que pudiera tener alguna utilidad en cualquier cosa que fuera sobre cuatro ruedas. Habia tubos de escape y tapas para el contenedor de la gasolina; fundas para los asientos, de nailon, que imitaban la piel de leopardo; dados de cuero y encendedores de coche. Entre las estanterias, donde no cabia ni un estante, habia viejas fotografias de calendario de mujeres medio desnudas. Las tetas ocupaban dos tercios de la foto, mientras que los dias del calendario se agolpaban en la parte baja, en una estrecha franja completamente innecesaria.
Mas de un minuto despues de que sonara la campanilla aparecio un hombre desde las habitaciones posteriores. Wilhelmsen tuvo que pincharse la mano con la una del dedo menique para no reirse.
El tipo tenia el aspecto de un topico. Era fornido y bajito, no debia de medir mas de metro setenta. Llevaba unos pantalones de poliester marron, con la raya del pantalon cosida. La costura se habia abierto por la rodilla y le daba un aspecto comico: una larga costura de salchicha que desaparecia y se quedaba en un fino hilo sobre la rodilla, para luego aparecer otra vez despues de unos quince centimetros. El pantalon tenia que tener mas de veinte anos. Desde entonces no habia vuelto a ver un pantalon con la raya cosida.
La camisa era una de esas sin mangas, de las que habian llevado en el instituto, azul claro con pequenas bombas, y en honor a la verdad habia que decir que la corbata hacia juego: tambien era azul celeste. Por encima de aquello, el hombre llevaba una chaqueta de traje a cuadros a la que le faltaba un boton, aunque daba igual, le quedaba tan pequena que no tardaria en ser imposible cerrarla. Su cabeza recordaba a la de un puerco- espin.
– ?Puedo ayudarles? ?Puedo ayudarles? -dijo en voz alta y amable.
Casi parecio asustarse ante el aspecto del policia con el pendiente en la oreja, pero la presencia de Hanne debio de tranquilizarlo, porque se le ilumino la cara cuando se giro hacia ella para repetir la oferta.
– Si, me gustaria ver un coche usado -dijo Hanne vacilando un poco y echando una mirada, por encima del hombro del hombrecito, hacia los cristales de una puerta que no debia de haberse limpiado en los dos ultimos anos. Tenia la sensacion de que detras habia un almacen de coches.
– Un coche usado, si. Pues entonces habeis llegado al sitio adecuado -dijo el hombre riendose, esta vez con mayor amabilidad aun, como si al principio hubiera pensado que estaban buscando un encendedor de coche y ahora viera la posibilidad de hacer un negocio mas sustancioso-. ?Querrian acompanarme los senores? ?Acompanenme!
Los condujo a traves de la puerta mugrienta. Billy T. se dio cuenta de que habia una puerta igual justo al lado, que daba a una especie de oficina.
El olor del aceite supuso una liberacion de los ambientadores. Alli olia simplemente a coche. Estaba claro que aquel negocio no tenia pretensiones de especializarse, habia alli Lada, Peugeot, Opel y dos Mercedes de cuatro o cinco anos que parecian estar en buen estado.
– ?No hay mas que elegir! ?Podria preguntar que precio esta contemplando pagar el matrimonio?
Les sonrio esperanzado y lanzo una mirada al Mercedes mas cercano.
– Unas tres o cuatro mil coronas -murmuro Billy T., el hombre fruncio su humeda boca.
– Esta de broma -atajo Hanne-. Tenemos alrededor de unas setenta mil. Pero el limite es flexible. Los buenos de nuestros padres tambien podrian aportar algo -dijo inclinandose hacia el hombre y susurrando en un tono intimo.
Al vendedor de coches se le ilumino la cara y la cogio del brazo.
– Pues entonces deberia ver este Kadett -dijo. El Kadett tenia muy buena pinta-. Modelo de 1987, no tiene mas que cuarenta mil kilometros, garantizado, y solo ha tenido un dueno. El coche esta perfecto. Y les puedo hacer un buen precio. Un buen precio.
– Es un coche precioso -asintio Hanne, y le dirigio una mirada inequivoca a su marido ficticio.
El se llevo la mano a la entrepierna y le pregunto al hombre de la chaqueta de cuadros si podia ir al servicio.
– Esta justo ahi fuera, justo ahi fuera -respondio el alegremente.
Hanne empezo a preguntarse si tendria algun defecto del habla que le obligara a repetirlo todo dos veces. Una especie de tartamudeo avanzado, penso. Billy T. desaparecio.
– No esta bien de la tripa -dijo-. Esta tarde tiene una entrevista de trabajo. Es la cuarta vez que va al bano, el pobre. -El vendedor mostro mucha compasion y la invito a sentarse en el Kadett, que estaba realmente bien-. No conozco este tipo de coches -continuo ella-. ?Se tomaria la molestia de sentarte conmigo y explicarme un poco?
Desde luego que se tomaba la molestia. Encendio el motor y le mostro todos los detalles.
– Es un modelo magnifico -dijo enfaticamente-. Va sobre ruedas. Que quede entre nosotros, pero el antiguo dueno era muy agarrado. Lo bueno de eso es que cuido muy bien del carro.
Acaricio el salpicadero recien lavado, encendio y apago las luces, regulo el asiento, encendio la radio, metio
