una cinta de Trond Granlund y tardo mas de lo necesario en engancharle el cinturon de seguridad a Hanne.

Ella se giro a medias hacia el.

– ?Y el precio?

Ninguno de los coches llevaba precio, cosa que le resultaba llamativa.

– El precio, si. El precio… -Se lo penso un poco, se chupo los dientes y luego le dirigio una sonrisa que ella supuso que pretendia ser intima y amable-. Usted tiene setenta mil coronas y unos padres majetes. Por eso se lo dejo en setenta y cinco mil. Incluida la radio y las ruedas de invierno nuevas.

Llevaban ya mas de cinco minutos alli sentados y Hanne estaba empezando a echar de menos a Billy T. No podia pasarse demasiado tiempo regateando por un coche sin verse de pronto comprandolo. Al cabo de tres minutos, su companero llamo a la ventanilla. Ella la bajo.

– Nos tenemos que ir. Tenemos que ir a buscar a los ninos -dijo.

– No, ya ire yo a buscarlos. Tu tienes que ir a la entrevista -lo corrigio ella-. Le llamare para hablar de este coche -le dijo al hombre del poliester, que, de todos modos, no pudo disimular del todo su decepcion por perder lo que creia que era una venta segura.

Se sobrepuso y le dio a la subinspectora su tarjeta, que era de tan mal gusto como su dueno: de seda artificial azul oscuro:

«Roger Stromsjord, director administrativo», ponia en letras doradas. Un titulo pretencioso.

– Soy el dueno del negocio -dijo encogiendose de hombros-. ?Pero se tiene que dar prisa! Este tipo de coches me los quitan de las manos. Son muy populares. Muy populares, la verdad.

Doblaron la esquina del edificio, esta vez con el viento a su espalda, se metieron en el coche y pasaron dos minutos riendose, hasta que Hanne tuvo que enjugarse las lagrimas.

– ?Has encontrado algo de interes?

El se inclino hacia delante y alzo el culo para sacar un cuadernito del bolsillo trasero del pantalon. Se lo arrojo al regazo.

– Esto es lo unico que puede tener interes de lo que habia ahi dentro. Lo llevaba en el bolsillo del abrigo.

Hanne ya no se reia.

– ?Joder, Billy T.! Esto no encaja precisamente con lo que aprendimos en la Academia de Policia. Y ademas es una enorme tonteria, como contenga algo de interes no vamos a poder usarlo como prueba. ?Lo hemos requisado ilegalmente! ?Como podriamos explicarlo?

– Relajate, mujer. Ese cuaderno no va a meter a nadie entre rejas, pero nos puede ayudar a avanzar un poco. A lo mejor. No tengo ni idea de lo que contiene, solo lo he hojeado un poco. Son numeros de telefono. Se un poco agradecida, anda.

La curiosidad reprimio la irritacion de la subinspectora, que empezo a hojear el cuaderno. Como era de esperar, olia a ambientador. Era cierto que contenia un monton de numeros de telefono. La mayoria de ellos aparecian a continuacion de un nombre; en las cinco o seis primeras paginas, seguian el orden alfabetico, pero despues era todo un caos. Los ultimos numeros no tenian nombre, algunos llevaban unas iniciales, la mayoria simplemente pequenos signos indescifrables.

Hanne se sorprendio. Algunos de los numeros empezaban con cifras que no se usaban para eso, pero tampoco tenian prefijos. Siguio pasando las paginas y se detuvo junto a unas iniciales:

– H. V. D. K. -exclamo-. ?Han van der Kerch! Pero no reconozco el numero…

– Compruebalo en la guia telefonica -dijo Billy T., aunque la cogio de la guantera antes de que Hanne tuviera tiempo de reaccionar-. ?Como aparece Van der Kerch? ?En Van, en Der o en Kerch?

– No lo se, pruebalo todo.

Lo encontro en Kerch. El numero no coincidia con el del cuaderno. Hanne estaba decepcionada, pero tenia la sensacion de que en aquellos dos numeros habia algo inexplicable. Era como si tuvieran algun parecido, aunque fueran completamente diferentes. Le llevo treinta segundos comprenderlo.

– ?Eureka! El numero de la guia telefonica es el numero del cuaderno menos el siguiente numero en la serie, si cuentas tambien con los numeros negativos y luego le quitas el menos. Billy T. no comprendio una palabra.

– ?Como?

– ?Nunca has visto los pasatiempos esos de numeros? Te dan una serie de numeros y luego tienes que descubrir la regla para agregar el ultimo numero a la lista. Una especie de test de inteligencia, eso dicen algunos, a mi me parece mas bien un pasatiempo. Mira: el numero del cuaderno es 93 24 35. Si a 9 le restas 3, sale 6. 3 menos 2 es 1, y 2 menos 4 es menos 2. Pasamos del menos. 4 menos 3 es 1, y 3 menos 5 es menos 2. Al 5 le restamos el primer numero, 9, y nos da menos 4. El numero de la guia telefonica tiene que ser 61 21 24.

– ?Exacto! -Estaba francamente impresionado-. ?Como has aprendido a hacer eso?

– Bah, la verdad es que hubo un tiempo en que tuve intencion de estudiar Matematicas, los numeros son algo fascinante. Esto no puede ser casualidad. Busca el numero de Jorgen Lavik.

Uso el mismo metodo y tuvo suerte. El numero aparecia codificado en la pagina ocho del cuaderno. Billy T. encendio el motor, que resono con un bramido tan triunfal como se podia sacar de un viejo Opel Corsa, y se adentro en la tarde grisacea.

– O bien Jorgen Lavik compra muchos coches usados, o esto es la prueba mas firme que tenemos en este caso -dijo Hanne en tono triunfal.

– Eres un genio, Hanne -respondio Billy T. con una sonrisa que le partia la cara en dos-. ?Una puta crack!

Siguieron un rato en silencio.

– ?Sabes? Creo que me han entrado bastantes ganas de comprarme el Kadett ese -murmuro Anne en el momento en que entraban en el garaje de la Comisaria General.

Jueves, 12 de noviembre

Jorgen Ulf Lavik estaba tan seguro de si mismo como en la ocasion anterior. Hakon Sand se sentia cohibido en sus pantalones de pana con rodilleras y un jersey que tenia desde hacia cinco anos, con un caiman agotado al que no le gustaba el agua de la lavadora. El traje del abogado contrastaba fuertemente con la teoria de que el tipo era un tacano.

– En realidad, ?que hace el aqui? -pregunto Lavik dirigiendose a Wilhelmsen, pero senalando con la cabeza a Sand-. Yo creia que eran los policias los que hacian el trabajo de los negros.

Ambos se ofendieron, probablemente fuera la intencion.

– ?Y que estatus tengo hoy? -continuo el abogado, sin aguardar la explicacion de la presencia de Sand-. ?Soy sospechoso de algo o sigo siendo solo «testigo»?

– Eres testigo -dijo secamente la subinspectora.

– ?Podria preguntar de que se supone que soy testigo? Ya es la segunda vez que me presento aqui. Colaboro encantado con la policia, ?sabeis?, pero a partir de ahora voy a tener que oponerme a mas visitas, como no tengais pronto algo concreto que preguntarme.

Wilhelmsen se quedo mirandolo fijamente durante varios segundos y Lavik tuvo que apartar la mirada, aunque la desvio desdenosamente hacia Sand.

– ?Que coche tienes, Lavik?

AI tipo no le hizo falta ni pensarselo.

– ?Pero si lo sabeis perfectamente! ? La Policia observo mi encuentro nocturno con un cliente! Volvo, modelo 1991. Mi mujer tiene un Toyota mas viejo.

– ?Los comprasteis nuevos o usados?

– El Volvo era nuevo. Una ranchera estandar. El Toyota tenia ya un ano cuando lo compramos, si no recuerdo mal. Tal vez ano y medio.

Seguia pareciendo completamente seguro.

– Supongo que el Volvo lo comprariais en Isberg, ?no? -sugirio la subinspectora condescendiente.

Y asi habia sido. El Toyota lo habian comprado por via privada, a traves de un amigo.

La ventana estaba entornada y amarrada, con una apertura de apenas un centimetro. En el exterior, el viento soplaba con fuerza y, a intervalos regulares, sonaba un lento silbido quejumbroso, como un fino aullido, cuando el viento se abria paso a traves del marco de metal y entraba en la habitacion. Resultaba casi tranquilizador.

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