– Acepta lo que te digo -respondio-. No te puedo dar ningun detalle. No hemos llegado tan lejos. Ninguna persona esta acusada del crimen. La policia continua trabajando imparcialmente en la busqueda del asesino de Josefin.

Annika comprendio que no llegaria mas lejos. En cambio, dio las gracias, colgo y llamo al fiscal general Kjell Lindstrom, que al parecer iba a estar en los juzgados durante todo el dia. Pego un respingo. Lo mejor seria bajar a las Siete Ratas y comer algo.

– Tienes un mensaje -dijo el conserje, enfadado, y le alargo una nota telefonica al pasar por la recepcion antes de subir.

Martin Larsson-Berg, el rector de la escuela de Josefin, la estaba buscando. El numero no era el de su casa, sino que parecia ser una extension de la centralita.

– Me alegra que me llames -dijo energico-. Hemos abierto el centro juvenil de Taby una semana antes de lo planeado.

– Vaya -respondio Annika-. ?Por que?

– Tenemos que asimilar el dolor por la muerte de Josefin -contesto-. Hay un grupo de crisis que se ocupara de todos los jovenes afligidos. Asistente social, psicologo, pastor, profesores de ocio y maestros… La escuela se moviliza cuando hay que enfrentarse a las grandes cuestiones de nuestro tiempo.

Annika dudo.

– ?Tenia Josefin tantos amigos de verdad?

Martin Larsson-Berg respondio con profunda seriedad.

– Un crimen asi conmociona a toda una generacion. Nosotros, los representantes escolares, sentimos que necesitamos estar aqui con los alumnos y apoyarlos en sus traumas. No se puede ignorar un dolor colectivo de esta magnitud.

– ?Y usted desea que escribamos sobre esto? -inquirio Annika.

– Para nosotros es importante que Taby sea un ejemplo para otros centros en la misma situacion -explico el-. Claro que lo superaremos. Se necesitan compromiso y recursos, y nosotros los tenemos.

– ?Puede esperar un segundo? -dijo ella, se levanto y se dirigio hacia Spiken.

El jefe de noticias hablaba por telefono, como de costumbre.

– ?Nos interesa una orgia de dolor en Taby? -pregunto Annika sin esperar que el acabara de hablar.

– ?Que? -respondio Spiken y poso el auricular en su barriga.

– El rector ha abierto el centro juvenil. ?Debemos cubrirlo?

– Ve -dijo Spiken y retomo el telefono.

Se marcho con un fotografo becario llamado Pettersson, que tenia un birrioso Golf que se calaba en cada semaforo.

Nunca mas me quejare de Bertil Strand, penso.

El centro juvenil estaba ubicado en un edificio de metal rojo de los anos setenta, se componia de cocina, sala de billar y salon con televisor y sofas. La mayor parte del local estaba, naturalmente, ocupado por chicos. Las chicas se agolpaban en una esquina. Muchas de ellas lloraban. Annika y el fotografo dieron una vuelta rapida antes de que Martin Larsson-Berg los recibiera.

– Es importante que nos tomemos en serio los sentimientos de los jovenes -explico con gesto preocupado-. Estaremos abiertos las veinticuatro horas el resto de la semana.

Annika anoto y sintio una desagradable sensacion en su estomago. Habia mucho ruido en el local. Los jovenes estaban agitados y sobreexcitados, se gritaban unos a otros y los nervios estaban a flor de piel. Dos chicos trataron de quitarle la camiseta a una chica en la sala de billar, no pararon hasta que la asistente social les llamo la atencion.

– Lotta es un poco ligera de cascos -senalo Martin Larsson-Berg disculpandose.

Annika, sorprendida, le miro de hito en hito.

– Esta defendiendo el comportamiento de los chicos -replico Annika.

– Lo estan pasando mal. Anoche apenas durmieron -explico el rector-. Aqui esta Lisbeth, la asistente social.

Annika y Pettersson se presentaron.

– Es muy importante que desentranemos todo esto minuciosamente -expuso la asistente social-. Debemos escuchar con detenimiento a los jovenes.

– ?Es posible hacerlo en estas condiciones? -pregunto Annika con mucho tacto.

– Los chicos deben compartir su dolor -respondio-. Ellos mismos se ayudan a superar la pena. Estamos abiertos para todos los amigos de Josefin.

– ?Tambien para los de otros municipios? -inquirio Annika.

– Todos son bienvenidos -tercio Martin Larsson-Berg con energia-. Tenemos capacidad para ayudar a todos los que necesiten apoyo.

Tres muchachos comenzaron a pelearse por un taco de billar en la sala contigua, Martin Larsson-Berg se dirigio hacia alli.

– ?Realizais algun tipo de visitas? -pregunto Annika.

La asistente social sonrio insegura.

– ?Como?, ?que quieres decir?

– La mejor amiga de Josefin se llama Patricia. ?Habeis hablado con ella?

– ?Ha venido por aqui? -respondio la asistente con mirada interrogante.

Annika observo a su alrededor. Habia cuatro chicas sentadas junto a un trepidante estereo, sollozaban y escuchaban a todo volumen Tears in heaven de Eric Clapton. Seis chicos jugaban a las cartas. Era dificil de imaginar que Patricia pusiera voluntariamente los pies en aquel lugar.

– Lo dudo -dijo Annika.

– Pero sera bienvenida, todos son bienvenidos -anuncio la asistente.

– ?Y estareis abiertos toda la noche?

– Nuestro apoyo no flaquea. Yo misma he interrumpido mis vacaciones para ayudar.

La asistente sonrio. Tenia algo brillante y sobrenatural en la mirada. Annika cerro el cuaderno. Habia algo en todo aquello que no le gustaba. La mujer no estaba alli por Josefin o sus amigas, sino por su propio interes.

– ?Puedo hablar con alguna de sus amigas? -pregunto Annika.

– ?De quien? -respondio la asistente.

– De Josefin -replico Annika.

– Si, claro. ?Con alguna en particular?

Annika recapacito.

– ?Charlotta? Eran companeras de clase.

– Claro, Charlotta, me parece que esta preparando una manifestacion de duelo en el lugar del crimen. Hay que organizar muchas cosas, el alquiler de los autobuses entre otras. Por aqui…

Entraron en una oficina que habia detras de la sala de billar. Alli estaba sentada una joven con falda corta, muy bronceada, que discutia algo por telefono. Arqueo las cejas, irritada por ser molestada, pero se ilumino cuando Annika mostro el Kvallspressen y acabo la conversacion apresuradamente.

– Charlotta, la mejor amiga de Josefin -saludo y esbozo una sonrisa suficientemente apenada.

Annika bajo la mirada y murmuro su nombre.

– Ya habiamos hablado antes -dijo y Charlotta asintio corroborante.

– Aun sigo conmocionada -explico Charlotta y sollozo en seco-. Lo he sentido mucho.

La asistente la abrazo comprensiva.

– Pero la union nos hace fuertes -continuo Charlotta-. Tenemos que crear opinion contra esta violencia sin sentido. Nosotras nos encargaremos de que Josefin no haya muerto en vano.

La voz emanaba fuego y compromiso. Seria perfecta para un programa de debate de television, penso Annika.

– ?De que manera? -pregunto Annika con tranquilidad.

Charlotta dirigio una mirada insegura a la asistente social.

– Bueno, debemos unirnos. Protestar. Mostrar que no nos damos por vencidos. Eso es lo mas importante

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