ahora mismo. Apoyarnos en los momentos de dolor. Compartir nuestros sentimientos y ayudarnos a superar todo este pesar.
Esbozo una sonrisa.
– ?Y ahora estas preparando una manifestacion de duelo? -pregunto Annika.
– Si, hasta el momento se han apuntado mas de cien jovenes. Necesitaremos por lo menos dos autobuses de la SL.
Charlotta bordeo la mesa, cogio unas listas con nombres y las mostro.
– Nosotros nos ocuparemos de todos los gastos, por supuesto -intercalo la asistente.
Pettersson, el fotografo, aparecio en la puerta.
– ?Puedo sacaros una foto a las dos? -pregunto.
Las mujeres, la joven y la mayor, se colocaron juntas con las espaldas erguidas.
– ?No podriais estar un poco mas apenadas? -apunto el fotografo.
Annika suspiro en silencio, cerro los ojos y se volvio. La verguenza le quemaba las mejillas. Para alegria del fotografo, de inmediato las mujeres se abrazaron y sollozaron ligeramente.
– Bueno, no os molestamos mas -anuncio Annika y se dirigio hacia la puerta.
– Ahi fuera hay mas jovenes gimoteando -dijo Pettersson.
Annika dudo.
Querian. Las chicas tenian los ojos arrasados en lagrimas, la vela centelleaba, una foto de Josefin, ampliada en una fotocopiadora, levitaba detras de ellas. Pettersson fotografio los versos y los dibujos de las chicas. Mientras disparaba el ruido crecio aun mas. Los jovenes de su alrededor se sintieron molestos por la presencia de los periodistas, su excitacion histerica iba en aumento.
– ?Eeeh, nosotros tambien queremos foto! -gritaron dos muchachos con tacos de billar en las manos.
– Me parece que es hora de irse -susurro Annika.
– ?Por que? -pregunto Pettersson sorprendido.
– Nos vamos -replico Annika.
Se fue a buscar a Martin Larsson-Berg y el fotografo recogio de mala gana sus cosas. Le dieron las gracias al rector y a continuacion abandonaron el edificio.
– ?Por que tenias esa prisa de cojones? -le espeto Pettersson enfadado mientras se dirigian al coche. El iba dos metros por detras de Annika con la bolsa de las camaras golpeandole la cadera izquierda. Annika respondio sin volver la cabeza.
– Esto no es sano -respondio-. Se les puede ir la olla en cualquier momento.
Ella se sento en el coche y puso la radio.
Permanecieron en silencio durante el camino de vuelta a Estocolmo.
Annika acababa de dejar el bolso en el suelo cuando vio entrar al hombre por el fondo de la redaccion. Era alto y rubio, sobre el caia la luz de la seccion de deportes. Le siguio curiosa con la mirada. El hombre se detenia a cada metro, saludando con apretones de mano. Cuando alcanzo la mesa de noticias descubrio que el jefe de la redaccion iba junto a el. Aquel pequeno y delgado hombrecito de buena familia era casi invisible a su lado.
– Bueno, si me prestarais un poco de atencion quiza… -dijo el jefe de la redaccion con su voz nasal desde la mesa. Spiken hablaba por telefono con las piernas encima de la mesa y ni siquiera levanto la mirada. Foto-Pelle le dirigio al hombre una rapida mirada y continuo haciendo clics en su pantalla. Algunos colaboradores se detuvieron observando al hombre con escepticismo. Nadie habia pedido un famoso de la tele como director.
– Escuchad un momento -dijo en otro intento el jefe de la redaccion.
El rostro de los colaboradores estaba completamente rigido y Spiken se lo tomaba totalmente a la ligera. Annika no se movio. De pronto el hombre rubio dio un gran salto y se subio sobre la mesa de Spiken. Se irguio en toda su longitud, se movio un poco entre los telefonos y las tazas de cafe y miro a su alrededor. Entonces se puso las manos en las caderas y observo toda la redaccion. La luz aun caia sobre el, Annika se levanto y se acerco al grupo. Spiken, que tenia los pies del hombre frente a sus ojos, levanto la mirada siguiendo su cuerpo, dijo «I'll call you back» y colgo el auricular. Foto-Pelle abandono el mace y se encamino hacia la mesa. El ruido decrecio y se convirtio en un inaudible susurro, los colaboradores se arremolinaron lentamente alrededor del centro de la redaccion.
– Me llamo Anders Schyman -anuncio el hombre-. Por el momento dirijo una redaccion de periodismo de investigacion en Sveriges Television. Desde el proximo miercoles, 1 de agosto, sere vuestro nuevo director.
Se detuvo, el silencio en la sala era compacto. Su voz tenia la fuerza y la gravedad que caracterizan a las voces de los narradores de documentales extranjeros. Annika miraba la escena, fascinada.
El hombre dio un paso y dirigio la vista hacia otro lado de la redaccion.
– Yo no se hacer vuestro trabajo -dijo-. Vosotros si. Yo no os voy a ensenar lo que debeis hacer. Vosotros lo haceis mejor que nadie.
Nuevo silencio, Annika oyo el ruido de la noche, el aire acondicionado y el trafico de la calle.
– Lo que hare -prosiguio el hombre, y Annika creyo que la miraba fijamente-. Lo que hare sera facilitaros el camino. Yo no conducire la maquina. Desbrozare el sendero y colocare los railes. Pero no los puedo poner yo solo, tenemos que hacerlo juntos. Y vosotros sereis los maquinistas, fogoneros y revisores. Sois vosotros quienes hablais con los pasajeros, sois vosotros quienes dais la senal para que el tren salga a tiempo. Yo coordinare las salidas, me encargare de que vayamos a los lugares adecuados y de que haya vias hacia todas partes. Yo no soy un maquinista. Pero tambien tengo ambiciones de serlo pronto, cuando me hayais ensenado todo lo que no se. De momento solo soy una cosa: un publicista.
Se volvio y miro hacia deportes, Annika solo veia su inmensa espalda. Sin embargo, la voz se le oia igual de bien.
– Siento un gran compromiso con el periodismo -prosiguio-. El hombre de la calle es mi patron. Toda mi vida he luchado contra la corrupcion y el abuso de poder. Ahi se encuentra la semilla del periodismo. La verdad es mi guia, no la influencia ni el poder.
Dio un cuarto de vuelta, Annika lo veia ahora de perfil.
– Son grandes palabras, lo se. Procuro no ser pretencioso, sino ambicioso. No he aceptado este trabajo por tener un buen salario y un titulo de prestigio, aun cuando esto esta incluido. Hoy he venido aqui por una sola razon: para poder trabajar junto a todos vosotros.
Si un alfiler hubiera caido al suelo, lo habrian oido. El telefono de Spiken sono y este se apresuro a dejarlo descolgado.
– Juntos convertiremos este periodico en el mayor de Escandinavia -dijo Anders Schyman-. Toda la calidad que necesitamos ya la tenemos aqui, y esta en vosotros sobre todo. Los empleados, los periodistas. Vosotros sois el corazon y el cerebro del periodico. Pronto todos los corazones latiran al unisono y el estruendo que entonces se creara derruira murallas. Con el tiempo vereis que tengo razon.
Sin anadir nada mas dio un paso hacia el borde de la mesa y aterrizo en el suelo de un agil salto. El murmullo regreso.
– Asombroso -dijo Carl Wennergren, que de pronto estaba a su lado.
– Si, es verdad -contesto Annika, aun poseida por el carisma del hombre.
– Nunca habia oido tantas tonterias desde el discurso de mi padre en mi examen de bachillerato. ?Has conseguido algo?
Annika se volvio y se encamino hacia su mesa.
– La policia tiene un sospechoso -respondio ella.
– ?Como lo sabes? -pregunto Carl Wennergren, esceptico, tras ella.
Annika se sento y le miro a los ojos.
– Es muy simple. Su novio. Siempre suele ser asi.
– ?Lo han detenido?
– No, ni siquiera ha sido imputado.
– Entonces no podemos publicar nada -anuncio Carl.
– Es una cuestion de tecnica de escritura -senalo ella-. ?Tu que has hecho?
– He escrito mi diario de navegacion. Deportes lo ha pedido. ?Lo quieres leer?
Annika le miro de reojo.
