– ?Puede seguir en Ratt Pris?
– No cambies de tema -replico la madre y estiro la espalda-. ?Por que no quieres conocer a Leif?
Annika se levanto, se dirigio hacia la nevera y estudio sus repisas. Estaban bien limpias, pero bastante vacias.
– Claro que lo puedo conocer, si esto te hace feliz. Pero justo este verano ha sido un poco dificil, como puedes comprender.
No le importo sonar algo ironica.
– No fisgues en la nevera. Pronto comeremos. Puedes poner la mesa.
Annika cogio un yogur desnatado y cerro la puerta de la nevera.
– No tengo tiempo -respondio-. Quiero ir a Lyckebo.
La boca de su madre se empequenecio y palidecio.
– Estara listo en unos minutos. Podrias esperar un poco.
– Hasta luego -dijo Annika.
Se colgo el bolso del hombro y se apresuro a salir del piso. Su bicicleta seguia ahi, la rueda trasera no tenia aire. La hincho, aseguro el bolso en el portaequipajes y pedaleo hacia Granhed. La aceria se deslizaba a su derecha, la miro de reojo. La jodida aceria, el corazon batiente del pueblo. Cuarenta mil metros cuadrados de locales industriales abandonados. A veces ella la odiaba, por todo lo que habia hecho a la juventud. Cuando ella nacio ahi trabajan mil doscientas personas. Al acabar la escuela apenas quedaban un par de cientos. Su padre tuvo que dejar la aceria en la siguiente ola de despidos que redujo la plantilla a ciento veinte. Ahora solo trabajaban ocho personas. Paso de largo el aparcamiento pedaleando. Tres coches, cinco bicicletas.
Su padre no pudo soportar el desempleo. Habia vivido para ese trabajo de mierda. Nunca recibio ninguna nueva oferta, Annika adivino el porque. La amargura es dificil de ocultar y desagradable de emplear.
Paso la entrada del club de remo y acelero inconscientemente. Fue ahi donde encontraron a su padre media hora demasiado tarde. El cuerpo estaba congelado. Vivio un dia mas en el hospital Malar de Eskilstuna, pero el alcohol habia hecho de las suyas. En los momentos mas dificiles ella creyo que habia sido mejor asi. Si pensaba en ello, lo cual no solia ocurrir, descubria que nunca se habia permitido llorar por el.
Y, sin embargo, es a el a quien mas me parezco, penso y aparto rapidamente esa idea de su cabeza.
Despues del desvio a Tallsjon el camino se estrecho y se lleno de baches. Serpenteaba entre los arboles. A ella no le gustaba el color del bosque a finales del verano. Aquel verdor compacto, tan repleto de clorofila, respiraba exactamente el mismo por todas partes. Annika lo encontraba aburrido y monotono.
Los senderos del bosque cruzaban el camino, a derecha e izquierda. Los que conducian a la izquierda estaban bloqueados por grandes barreras con candados, hasta aqui llegaba la linde de la finca de Harpsund.
El camino se empinaba, se puso de pie sobre los pedales y respiro con fuerza. El sudor le corria por las axilas, necesitaba un bano.
El desvio a Lyckebo aparecio tan repentinamente como siempre. Casi se salio en la curva y derrapo un poco al frenar. Solto el bolso, apoyo la bicicleta contra la barrera y paso por debajo, entre la alta hierba.
Un par de segundos despues oyo un lejano ronroneo. El gatito dorado aparecio entre la hierba con el sol brillando en sus bigotes.
Tiro el bolso sobre la hierba y cogio al gato que salto a su regazo. Se sento riendose sobre un hormiguero y rodo por el suelo con su mascota, le rasco la panza y acaricio su suave lomo.
– Tienes una garrapata, pillin. Espera que te la voy a quitar.
Agarro el insecto que se le habia enganchado con fuerza bajo la barbilla y tiro de el. No se rompio. Sonrio satisfecha. Aun no habia perdido la costumbre.
– ?Esta la abuela en casa?
La anciana estaba sentada bajo la sombra del roble. Tenia los ojos cerrados y las manos cruzadas sobre su regazo. Annika cogio el bolso y se encamino hacia su abuela materna, el gato saltaba alrededor de sus piernas, se frotaba contra sus rodillas, ronroneaba y pedia caricias.
– ?Estas durmiendo?
Su voz era solo un susurro.
La mujer abrio los ojos y sonrio.
– No. Escucho la naturaleza.
Annika le dio a su abuela un largo abrazo.
– Estas cada vez mas delgada -dijo la abuela-. ?Comes bien?
– Claro -contesto Annika y sonrio-. ?Mira lo que tengo!
Solto a la mujer y busco en su bolso.
– Toma -dijo alegre-. ?Es para ti!
Extendio una caja de chocolate artesano de una pequena fabrica de Gardet en Estocolmo. La abuela junto las manos.
– ?Que detalle! -exclamo-. Me voy a emocionar.
La anciana abrio la caja y cada una cogio un pedazo. Resulto ser algo fuerte para Annika, a quien en realidad no le gustaba el chocolate.
– ?Como te va? -pregunto la abuela.
Annika bajo la vista hasta sus rodillas.
– Nada bien -respondio-. Espero poder quedarme en el periodico. De otra manera no se que voy a hacer.
La anciana la miro larga y calidamente.
– Todo ira bien, Annika. No necesitas ese trabajo. Ya veras como todo se arregla.
– No estoy tan segura -contesto Annika y sintio que los ojos se arrasaban en lagrimas.
– Ven aqui.
La abuela alargo su mano y tiro de Annika hacia sus rodillas. Annika se sento con cuidado y apoyo su frente en el cuello de la mujer.
– No se si me atrevo.
– Ya sabes lo que yo pienso que debes hacer -declaro la abuela seria.
La anciana abrazo a su nieta y la acuno lentamente. Se levanto el viento, crujian las hojas del alamo contiguo. Annika vio el Hosjon centellear entre los arboles.
– Yo siempre estare aqui, ya lo sabes -dijo la mujer-. Siempre te apoyare, pase lo que pase. Siempre puedes venir aqui.
– No quiero involucrarte -susurro Annika.
– Tontorrona -replico la abuela y sonrio-. No digas eso. Hoy no sirvo para nada, asi que ayudarte a ti es lo minimo que puedo hacer.
Annika beso a la mujer en la mejilla.
– ?Hay niscalos?
La abuela rio.
– ?Si, esta lleno! Las lluvias torrenciales de la primavera y luego el calor. Todo el bosque esta de color amarillo dorado. ?Coge dos bolsas!
Annika se irguio apresuradamente.
– ?Primero me voy a dar un chapuzon!
Se quito la falda y la blusa mientras bajaba corriendo hacia el embarcadero. El agua estaba templada y el fondo mas cenagoso que nunca. Nado hacia las rocas, se encaramo a ellas, se tumbo y respiro un rato. El viento rozaba su pelo humedo, miro hacia arriba y vio los cirros correr a buena velocidad, a un par de millares de metros de altura. Se metio de nuevo en el agua y floto boca arriba, con tranquilidad. El bosque parecia una masa compacta alrededor del lago, no se veia a ningun ser viviente a excepcion de Whiskas, que la esperaba en el embarcadero. Uno se podia perder en estos bosques. A ella le paso una vez cuando era nina. Se organizo una batida desde el club de orientacion hasta que la encontraron en un claro al otro lado del camino, llorando y morada de frio.
Comenzo a sudar tan pronto como salio del agua y se puso la ropa sin secarse.
– Cojo tus botas de agua -le grito a su abuela que habia sacado su labor de punto.
