– Bueno, en este momento, no puedo ni confirmar ni desmentir nada relacionado con la investigacion. No hay ninguna persona imputada…

– Pero ?hoy ha sido interrogado el ministro?

– Es cierto que el ministro de Comercio Exterior, Christer Lundgren, es una de las muchas personas que han sido interrogadas -contesto el portavoz.

– ?Asi que confirma el interrogatorio? -dijo el reportero con la voz llena de jubilo.

– Puedo confirmar que hasta el momento hemos realizado cerca de trescientos interrogatorios en relacion con esta investigacion -replico el portavoz y comenzo a parecer agobiado.

– ?Que alego el ministro en su defensa?

Ahora el portavoz parecia irritado. Ademas su buscador comenzo a pitar. Joder, penso Annika. No le dejaran dormir en toda la noche.

– No puedo comentar nada de lo que se dice en los interrogatorios durante la investigacion policial.

El cuarto de control corto la conexion y reaparecio el presentador.

– Bueno, estamos de vuelta en Studio sex desde Radiohuset, Estocolmo -informo-. Esto, por supuesto, va a ser un duro golpe para los socialdemocratas en plena campana electoral, aun cuando el ministro no sea condenado por el crimen. Simplemente el hecho de que figure en este caso ya es devastador para la confianza en el partido. Discutiremos sobre todo ello en el programa de hoy de Studio sex.

Se oyo una pequena melodia mientras el presentador bebia agua y charlaba con el cuarto de control. Cuando regreso tenia un invitado en el estudio, un grotesco catedratico de periodismo que habia conseguido su puesto gracias a ocupar el cargo politico de director de la prensa de los sindicatos que afiliaban a la mayor imprenta pornografica de Suecia.

– Bueno -dijo el profesor grunon-, esto es, por supuesto, una verdadera catastrofe para la socialdemocracia. La simple sospecha de este tipo de abuso de poder coloca al partido en una posicion muy dificil, siii, muy dificil…

– No sabemos si el ministro es culpable, nosotros no condenamos a nadie antes de tiempo -apunto el presentador-. Pero ?que ocurriria si fuera detenido?

Annika se levanto, completamente mareada. Habia un ministro involucrado. La senora gorda de la escalera tenia razon.

El profesor y el presentador de Studio sex prosiguieron repitiendose, a veces aparecian dos reporteros mas de las conexiones exteriores a la ciudad.

– ?Tiene esto que ver con tu trabajo? -pregunto su abuela.

Annika sonrio palidamente.

– Se puede decir que si -respondio-. Yo he escrito bastante sobre este asesinato. Ella solo tenia diecinueve anos, abuela. Se llamaba Josefin y le gustaban los gatos.

El presentador parecia serio y seguro del asunto.

– No hemos podido hablar con el ministro de Comercio Exterior para recabar su comentario -dijo-. Ha pasado toda la tarde reunido con el primer ministro y el secretario general del partido en Rosenbad. Tenemos a nuestro reportero en la puerta de la sede del Gobierno…

Annika abrio los ojos de par en par.

– ?Estan equivocados! -exclamo sorprendida.

La abuela miro inquisidora.

– El primer ministro. No ha estado en ninguna reunion.

Metio sus cosas apresuradamente en el bolso, vertio la fuente con los niscalos limpios en una bolsa de plastico y la guardo en el bolso.

– Tengo que volver a Estocolmo -anuncio-. Quedate con el resto de las setas.

– ?Tienes que irte? -pregunto su abuela.

Annika dudo.

– No, pero quiero hacerlo -respondio.

– Cuidate -dijo la abuela.

Se abrazaron apresuradamente y Annika salio al calido sol de la tarde. Whiskas saltaba a su lado por el sendero.

– No, vete. No puedes venir. Tienes que quedarte con la abuela.

Annika se detuvo, se agacho y besuqueo al gato antes de empujarlo de vuelta por el sendero.

– Quedate ahi -ordeno-. Venga, vete.

El gato paso de largo corriendo hacia la barrera. Annika resoplo, atrajo al gato hacia ella, lo cogio en brazos y regreso con el a la casa.

– Tendras que cerrar la puerta hasta que me haya ido -le dijo Annika a su abuela y esta se rio.

El viento habia refrescado, corria a lo largo del camino y la impulsaba de forma tal que veia centellear los pinos con el rabillo de los ojos. Pedaleo con la misma intensidad tanto cuesta arriba como cuesta abajo y, al aparcar la bicicleta junto a su puerta, arriba en Tattarbacken, jadeaba.

– He oido que andabas por casa.

Sven cerro su coche de un portazo y se acerco a ella desde el aparcamiento. Annika ato la bicicleta, se irguio y le sonrio debilmente.

– Esta vez es solo una visita fugaz -dijo ella.

Sven sonrio al abrazarla.

– Te he echado de menos -susurro.

Annika devolvio el abrazo. El la beso con fuerza. Annika se separo.

– ?Que pasa?

La solto.

– Tengo que regresar a Estocolmo.

La gravilla crujio bajo sus zapatos al dirigirse hacia la puerta. Por los pasos oyo que el la seguia.

– Acabas de llegar. ?No libras nunca?

Ella sujeto la puerta. La escalera olia a basura caliente.

– Si, es verdad, pero han ocurrido cosas en relacion con el asesinato que estoy cubriendo.

– ?Eres tu la unica reportera?

Ella se recosto contra la pared, cerro los ojos y penso.

– Quiero hacerlo -dijo ella-. Esta es mi oportunidad.

Sven se situo delante, con una mano a cada lado de su cabeza, la mirada inquisidora.

– ?De marcharte de aqui? ?Es eso?

Ella le miro a los ojos.

– De conseguir algo. Ya he escrito un poco de todo en el Katrineholms-Kuriren. Suplementos sobre el bosque, de subastas, de alcaldes, reportajes sobre abonos. Quiero progresar.

Se agacho y se deslizo por debajo del brazo estirado de Sven. El la agarro del hombro.

– Te llevo.

– No hace falta. Voy en tren.

El local estaba vacio. Los dias de tanto calor no eran buenos para el negocio. Los viejos tenian la oportunidad de tumbarse en la playa y mirar pechos gratis. Patricia dio una rapida ojeada a la caja de la entrada. Solo tres mil coronas. Seis clientes durante toda la tarde. La recaudacion era pesima. Cerro la caja. Bueno. Se recuperarian por la noche. El calor hacia que a los turistas les bullera la sangre.

Se dirigio al frio vestuario junto a la oficina y colgo el bolso y la cazadora vaquera, se quito la camiseta y el short y se puso un sujetador de lentejuelas. Las bragas estaban pringosas de fluidos internos, no podia olvidarse de enjuagarlas antes de volver a casa de madrugada. Se pinto mucho y con rapidez, en realidad no le gustaba maquillarse. Los zapatos empezaban a desgastarse. El tacon apenas tenia tapa. Se cino las correas, respiro profundamente y corrio hacia la entrada.

La mesa de la ruleta estaba gris de ceniza a lo largo de la zona de los clientes, vio que habian hecho una nueva quemadura sobre el fieltro verde. Irritada retiro el cenicero, deberia estar prohibido fumar junto a la mesa. Cogio el cepillo que habia en la repisa al lado del sitio del crupier y arrastro la ceniza hacia el borde, hasta que cayo al suelo.

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