eran infundadas.
Annika no sabia que creer. Christer Lundgren habia sido interrogado, eso lo habia confirmado el portavoz de la policia ayer tarde en programa de radio. Otros datos, en cambio, eran completamente erroneos. ?Que habia pasado con las sospechas contra Joachim?
Tiro el bocadillo a la papelera sin haberle quitado siquiera el plastico. Se bebio el cafe frio en tres sorbos.
Spiken estaba sentado con el auricular pegado a la oreja. No reacciono al ver aparecer a Annika en su dia libre, esto era bastante corriente entre los becarios.
– Estabas completamente equivocada con el asesinato de la chica -dijo cuando colgo el auricular.
– ?Te refieres al ministro? Esta historia no encaja -respondio Annika.
– Vaya -replico Spiken-. ?Que quieres decir?
– Pensaba investigarlo hoy, si no te importa.
– Tenemos una suerte cojonuda de tener la primicia de las Barbies Ninja -senalo el-. Si no, hubieramos tenido que sacar mas sobre el asesinato y el ministro. Hubiera sido extrano de cojones lanzar un sospechoso de asesinato distinto dos dias seguidos, ?no te parece?
Annika se sonrojo. No encontro ninguna respuesta. Los ojos de Spiken estaban frios y a la expectativa.
– Gracias a Carl hemos salvado el honor -sentencio el jefe de la mesa de redaccion, hizo girar su silla y le mostro a ella la incipiente calva de su cogote.
– Claro. ?Ha llegado Berit?
– Esta en Faro persiguiendo al presidente del parlamento. La primicia del IB -respondio Spiken sin volverse.
Se fue a su mesa y dejo caer el bolso en el suelo, le ardian las mejillas. Aun tardaria tiempo en conseguir un careto.
Hojeo lo que los otros periodicos sacaban sobre el ministro y la sospecha de asesinato. Ninguno de ellos le daba mucho credito. Los periodicos matutinos tenian resenas sobre el ministro Christer Lundgren, que habia sido interrogado en relacion con el asesinato de una mujer en Estocolmo, el
?Como puede estar
Este simple pensamiento le produjo un retortijon de estomago. ?Por que me siento tan jodidamente culpable?, penso.
El ambiente, a pesar del aire acondicionado, era bochornoso y caliente. Se dirigio al aseo de mujeres y se lavo la cara con agua fria.
Tengo que superar esto, penso. Tengo que continuar. ?Que he pasado por alto?
Apoyo la frente contra el espejo y cerro los ojos. El cristal estaba helado y transmitio su frio a traves de la frente hasta el craneo.
La vieja, penso. La gorda con el perro, la vecina de Daniella.
Se seco el rostro con una toalla de papel. En el espejo quedo una mancha de sudor, grasa y agua.
Anders Schyman, el nuevo director, estaba preocupado. A pesar de ser consciente de las dificultades eticas que acompanaban a su nuevo cargo, hubiera deseado disponer de un par de dias mas antes de verse obligado a realizar analisis acrobaticos en el trapecio moral. ?Que clase de historia histerica era esa que el reportero Carl Wennergren habia encontrado? Un grupo terrorista femenino que quema coches y amenaza a la policia, ?que cono? Y ni siquiera una reaccion critica, solo el predecible comentario del portavoz de la policia diciendo que estaban seriamente preocupados con lo ocurrido y que utilizarian todos los recursos necesarios para atrapar a las causantes de los destrozos.
El director resoplo y se hundio en el sofa de dos plazas naranja florido que habia en su despacho. Tenia que tirar este sofa, no cabia otra solucion. La tapiceria estaba tan impregnada de humo de tabaco viejo que todo el mueble olia a cenicero.
Se puso de pie y se sento tras el escritorio. Realmente esta no en una estancia agradable. No tenia ventanas, solo la luz de dia indirecta a traves de las cristaleras que daban a la redaccion, pudo adivinar el contorno de un edificio de aparcamientos detras de la seccion de deportes. Con un suspiro contemplo la montana de cajas que habia llegado ayer noche de Sveriges Television con el camion de la mudanza.
Dios mio, la cantidad de basura que uno acumula, penso.
Decidio ignorar el desembalaje por el momento y, en cambio extendio el periodico frente a el. Leyo de nuevo, lentamente, los polemicos articulos. Era cierto que no era el responsable de la publicacion, pero sabia que de ahora en adelante deberia conocer todos los mecanismos que formaban los angulos y el contenido del periodico.
Habia algo extrano en el articulo terrorista. ?Como podia estar el reportero en el sitio exacto a la hora exacta? ?Y como era posible que las mujeres hablaran con el? «Recibio un soplo», habia explicado Spiken. Esto no se sostenia. Si el grupo queria tener el maximo de publicidad ellas mismas hubieran filmado la accion y la habrian distribuido a todos los medios. En este caso su problema seria que no tendrian ningun control sobre el material. Tenian que haber hecho algun tipo de
Hablaria de esto con el reportero.
La historia del ministro no era tan rara. Incluso los ministros podiar ser interrogados en relacion con crimenes. El personalmente pensaba que el programa de radio habia ido demasiado lejos al nombrar a Christer Lundgren como sospechoso. Por lo que sabia no habia nada que lo inculpara. A pesar de todo un periodico como el
Anders Schyman suspiro.
Lo mejor seria que se fuera acostumbrando.
Nadie abrio. Annika llamo repetidas veces al timbre, pero la vieja fingio no estar en casa. A traves del buzon pudo oir la respiracion entrecortada del perro y los pasos pesados de la mujer.
– Se que esta ahi dentro -grito ella a traves del buzon-. Solo deseo hacerle unas preguntas. ?Abra por favor!
Los pasos cesaron mientras proseguia la respiracion del perro. Ella espero cinco minutos mas.
Vieja estupida, penso Annika y llamo, en cambio, al timbre de la casa de Daniella Hermansson. La madre abrio con Skruttis en brazos y un biberon en la mano.
– ?Vaya! ?Hola! -exclamo Daniella Hermansson animada-. ?Pasa! Esta un poco revuelto, ya sabes lo que es tener ninos pequenos…
Annika murmuro algo y entro en el oscuro recibidor. El apartamento era largo y estrecho, minuciosamente emperifollado y limpio. Al fondo se veian un espejo y un buro campesino, encima de este habia un florero de cristal azul con tulipanes de madera. Annika se sobresalto al ver su propio rostro. Palido bajo el bronceado, la piel tirante sobre los pomulos. Aparto rapidamente la mirada y se quito las sandalias.
– Que verano mas maravilloso estamos teniendo, ?verdad? -gorgojeo Daniella desde la cocina-. Puedes echar un vistazo si quieres.
Annika observo, fiel a su deber, el dormitorio que daba al patio y el salon que daba a la calle, dijo que el apartamento era muy bonito y «es en propiedad y tiene que ser muy caro, ?no? ?Vaya chollo!».
– Es terrible, eso de Christer Lundgren -dijo Daniella y suspiro mientras la cafetera borboteaba junto a ellas, sobre la mesa de la cocina. Skruttis se agarraba a la pierna de Annika y babeaba su falda, ella intento no prestarle atencion.
– ?Que quieres decir? -pregunto y mordio una galleta dietetica.
– Tratarle como si fuera un asesino es descabellado. Esta claro que es un tacano, pero no creo que sea una persona violenta…
Annika abrio los ojos de par en par.
– ?Lo conoces?
Daniella sirvio un cafe muy flojo en unas tazas de los anos cincuenta.
– Claro -contesto la mujer, ofendida-. Es el quien esta demorando la reparacion de la fachada desde hace un ano. ?Leche y azucar?
