– Aqui esta la atareada chica de la limpieza.
Era Joachim, que aparecio en la puerta de la oficina, apoyado en el batiente. Patricia se quedo paralizada.
– Estaba tan sucio…
– Tu no tienes que ocuparte de eso -dijo Joachim y le sonrio-. Tu tienes que estar bonita y sexy.
Se estiro y se acerco a ella lentamente, aun sonriente, con la mano estirada. Patricia trago saliva. El la acaricio desde el hombro a lo largo del brazo. Patricia retrocedio cuidadosamente. La sonrisa desaparecio.
– ?De que tienes miedo? -pregunto. Los ojos tenian una expresion diferente, inquisidoramente fria. Patricia bajo la mirada a sus pechos centelleantes.
– De nada, ?por que lo preguntas?
La voz no era del todo firme. El la solto de golpe.
– ?Has leido los tabloides? -dijo.
Patricia levanto la mirada y abrio inocentemente los ojos.
– ?Cual de ellos?
Su mirada se poso pesadamente sobre ella. Patricia se concentro para poder aguantarla.
– Lo atraparan dentro de poco -respondio el.
Ella parpadeo.
– ?A quien?
– Al ministro. Lo han dicho por la radio. Debio de ser uno de los viejos que estuvieron aqui la otra noche. Le han interrogado durante todo el dia. Al parecer, el primer ministro esta furioso.
Los ojos de ella se entrecerraron.
– ?Como lo sabes?
Joachim se volvio y se dirigio hacia el bar.
– Lo han dicho por la radio. Studio sex.
Se detuvo, la miro por encima del hombro y sonrio de nuevo.
– ?Podrias pensar algo mas apropiado?
SEGUNDA PARTE
Agosto
Dieciocho anos, un mes y tres dias
Generalmente se describe al amor de una forma trivial y aburrida, rosado monocromo. Pero amar a otra persona puede abarcar todos los colores de la paleta, cambia en fuerza e intensidad, tambien puede ser negro y verde y amarillo asqueroso.
Esto me ha costado un poco comprenderlo. Me he quedado en los colores claros, cristalinos, me ha costado penetrar en los colores chillones.
Se que lo hace para ayudarme, pero, sin embargo, me siento desgarrada.
Su teoria es que yo, durante mi infancia, fui sometida a algo que hace que no me pueda relajar sexualmente. He pensado y pensado, pero no consigo encontrar que podria ser.
Experimentamos para progresar, fundidos en nuestro amor. Yo me siento encima de el, lo siento muy dentro de mi, entonces me golpea con la palma de la mano en el rostro. Yo me detengo, los ojos llenos de lagrimas. Le pregunto por que lo hace.
Me acaricia con suavidad la mejilla, y despues me la mete fuerte y profundamente. Es para ayudarme, me dice, me vuelve a pegar y luego la mete fuertemente hasta correrse.
Despues hablamos detenidamente sobre esto, como volver a encontrar lo divino en nuestra relacion. La confianza falla, me doy cuenta. Debo confiar en el. Si no, ?como podre triunfar?
Miercoles, 1 de agosto
Annika entro en el periodico justo antes de las nueve. Tore Brand estaba sentado en la recepcion y la saludo asperamente.
– Bombas y explosivos -dijo el-. Eso es lo unico que le interesa a este periodico.
Se giro hacia la cartelera de los titulares, al fondo, junto al ascensor. Annika siguio la direccion con la mirada, la informacion tardo en entrar un par de segundos. Sintio como si el suelo se balanceara. No es verdad, penso, se apoyo en el mostrador de recepcion y leyo el titular de nuevo. «Accion terrorista ayer noche – Las Barbies Ninja desafian a la policia», y una gran fotografia de un coche ardiendo.
– ?Quien ha escrito el articulo? -susurro ella.
– Escandalos y jaleos, eso es lo unico que escribimos -dijo Tore Brand.
Se acerco al expositor junto a la garita de cristal y cogio un ejemplar del periodico del dia. La portada estaba dominada por una fotografia del ministro de Comercio Exterior, Christer Lundgren. Junto a el, pasandole el brazo por los hombros, se encontraba el primer ministro. Los dos hombres sonreian alegremente. La fotografia habia sido tomada ocho meses antes, el dia de su nombramiento, cuando habia sido presentado a los medios de comunicacion. El titular era algo flojo, penso Annika: «En el ojo del huracan».
Sobre la cabecera del periodico estaba el titular de la cartelera senalando las paginas seis y siete. Hojeo hasta la primera pagina de noticias con manos temblorosas. La mirada le volo hasta la firma: Carl Wennergren.
Dejo caer el periodico.
– ?Verdad que es la hostia? -senalo Tore Brand.
– Joder, tienes razon -replico Annika y se dirigio hacia los ascensores.
Se sento en la cafeteria con una taza grande de cafe y un bocadillo. La bebida se enfrio mientras leia los articulos, primero el de las Barbies Ninja y luego el del ministro acusado de asesinato.
Se han salido con la suya, penso, y observo durante mucho tiempo la foto del coche ardiendo. El vehiculo estaba a un lado, el chasis vuelto hacia el fotografo, que era el mismo Carl Wennergren. El pie de foto explicaba que el coche pertenecia al jefe de la policia de la provincia Estocolmo. Tras las llamas se vislumbraba una casa de ladrillo de los anos sesenta. En el articulo las Barbies Ninja exponian su mensaje infantil y violento. No habia ni una sola palabra critica. Annika sintio un malestar que se apoderaba de ella. Joder, penso. Joder, menudo cabron de mierda.
El texto del ministro en el ojo del huracan era mejor. Analizaba las acusaciones de Studio sex y les daba el valor que tenian: informacion no contrastada sobre una turbia sospecha de asesinato. No habian obtenido ningun comentario del ministro, pero su secretaria de prensa, Karina Bjornlund, aseguraba que todas las acusaciones
