Annika parpadeo sorprendida y se bebio el cafe de un trago.
– Disculpa -dijo-, pero no te sigo.
– En realidad no es su apartamento, es del periodico, un periodico local socialdemocrata de Lulea. El es miembro del consejo de administracion y lo ha utilizado como si fuera suyo este ultimo ano. Es muy simpatico.
Daniella relleno la taza de Annika.
– ?Asi que vive en el edificio! -exclamo Annika.
– En el cuarto piso, escalera izquierda -informo Daniella-. Un apartamento de cuarenta metros cuadrados con una habitacion. Balcon. Un bonito estudio. El precio de estas viviendas ronda en la actualidad las mil cuatrocientas coronas por metro cuadrado.
Annika bebio su segunda taza de cafe y se recosto.
– ?Joder! -exclamo-. A cincuenta metros del lugar del crimen.
– ?Mas cafe? -pregunto Daniella.
– ?Dijiste que era agarrado? ?En que sentido?
– Yo soy secretaria de la asociacion de vecinos -dijo-. Christer es el presidente. Cada vez que en las reuniones hablamos de mejoras y reparaciones el se opone. No quiere que suban los gastos. Me parece patetico. El no ha comprado el apartamento como hemos hecho todos los demas sino que se aprovecha del periodico del partido, lo unico que paga es la cuota. Pero Skruttis, quieres estar con mama…
Daniella cogio a su hijo en brazos. Este vertio rapidamente la taza de cafe de su madre, la bebida caliente corrio por encima de la mesa y cayo sobre las rodillas de Annika. No se quemo, pero la falda adquirio una mancha mas.
– No importa -dijo Annika.
Daniella se acerco corriendo con una bayeta que olia mal e intento secarle la falda, Annika se retiro apresuradamente hacia el recibidor y se puso las sandalias.
– Hasta la vista -dijo, y salio a la escalera.
– Lo siento mucho, Skruttis no queria…
Annika bajo por las escaleras al portal, paso la entrada y se dirigio al ascensor de la izquierda. No funcionaba. Contrariada, comenzo a subir las escaleras. En el tercer piso se encontro completamente exhausta, tuvo que detenerse y tomar aliento.
Tengo que tomar vitaminas, penso.
Subio furtivamente los ultimos escalones, respiro en silencio con la boca abierta y observo las cuatro puertas de los apartamentos. Hessler. Carlsson. Lethander & Son HB. Lundgren. La mirada se detuvo en el buzon del ministro. El letrero con el nombre estaba escrito a mano y pegado encima de una delgada placa de plastico. Se acerco lentamente a ella, escucho con cuidado. Puso el dedo en el timbre, dudo. En cambio, abrio el buzon. Desde el interior del apartamento le llego una corriente de aire caliente.
En ese mismo instante sono un telefono al otro lado de la puerta. Asustada, solto el buzon y dio un soplido quedo. Apoyo la oreja contra la puerta. Distinguio una susurrante voz masculina. El labio superior se le perlo de sudor, se lo seco con el dorso de la mano. Miro el buzon. No deberia hacerlo.
Aunque si los socialistas se colaban en las casas particulares y realizaban escuchas ilegales, penso, tambien ella podia escuchar a escondidas un poco.
Se agacho y abrio de nuevo el buzon. La corriente le golpeo el rostro. Volvio la cabeza y apoyo el oido en la ranura, el aire zumbaba.
– Me tienen que interrogar de nuevo -le parecio oir decir a la voz masculina.
Silencio. Cambio la posicion de la cabeza para oir mejor.
– No se. Esto no esta bien.
De nuevo silencio. El sudor le corria por entre los pechos. Cuando la voz regreso era mas alta, mas irritada.
– ?Que cono puedo hacer? ?La chica esta muerta!
Annika cambio de posicion para estar mas comoda, se arrodillo. Le parecio oir ruido de carraspeos y pasos. Luego de nuevo la voz, ahora mas baja.
– Si, si, ya lo se. No te llevo la contraria. No, nunca lo confesare. ?Por quien cono me tomas?
La puerta de enfrente, la de Hessler, se abrio. A Annika le dio un vuelco el corazon, se levanto rapida y torpemente. Poso el dedo con resolucion sobre el timbre y miro a Hessler de reojo. El hombre debia de frisar los ochenta, en la mano sostenia la correa de su perrito blanco. Observo recelosamente a Annika, ella le miro y sonrio.
– ?Que calor! -dijo ella.
El hombre no respondio. Resuelto, se dirigio al ascensor.
– Lo siento, pero no funciona -informo Annika y volvio a llamar.
Estudio la mancha brillante en medio de la mirilla de la puerta. Se oscurecio repentinamente, alguien tapaba la luz. Miro fijamente la mirilla e intento infundir confianza. Nadie abrio. La oscuridad desaparecio y la mirilla volvio a brillar. No paso nada. Llamo una cuarta vez.
– Hola -grito a traves del buzon-. Me llamo Annika Bengtzor, y soy del
Hessler comenzo a bajar las escaleras refunfunando con el perro saltando por delante.
Volvio a llamar al timbre.
– Vete -dijo una voz desde el interior del apartamento.
La respiracion de Annika se acelero, sintio unas terribles ganas de orinar.
– Sera peor si no comenta nada -repuso y trago.
– ?No digas chorradas! -exclamo el ministro.
Ella cerro los ojos y respiro.
– ?Me puede dejar usar el cuarto de bano? -pregunto.
– ?Que?
Ella apreto las piernas, el cafe aguachirle de Daniella amenazaba con hacer explotar su vejiga.
– Por favor -rogo ella-. Tengo que hacer pis.
La puerta se abrio.
– Nunca antes habia oido ese argumento -dijo el ministro.
– ?Donde esta? -pregunto Annika.
El senalo una puerta verde claro a la izquierda. Se precipito dentro y cerro, suspiro, tiro de la cadena y se lavo las manos.
El apartamento era demasiado luminoso y terriblemente calido. Se le podia dar la vuelta, de la cocina al salon, y estar de nuevo en el recibidor
– Ahora tienes que irte -dijo el ministro desde la puerta de la habitacion.
Miro inquisitivamente al hombre que estaba frente ella. Parecia cansado y palido, llevaba una camisa blanca que no se habia preocupado de abrochar, y unos pantalones negros arrugados. Tenia el pelo de punta, estaba sin afeitar.
Atractivo, penso Annika. Y le sonrio.
– Gracias -dijo-. Cuando las ganas aprietan…
Las palabras colgaron con su doble sentido en el aire. El se volvio y entro en el cuarto.
– Cierra la puerta al salir -dijo el.
Ella le siguio a la habitacion.
– Yo no creo que usted lo haya hecho -le comunico.
– ?Como me encontraste? -pregunto el.
El se sento en la cama sin contestar. Annika se puso delante de el.
– Pero usted ha visto algo, ?verdad? Esa es la razon de que le esten interrogando.
El ministro la miro con ojos cansados.
– Practicamente nadie sabe donde vivo -repuso-. ?Como sabias que estaba aqui?
Annika miro al hombre inquisidoramente.
– Usted oculta algo, ?verdad? ?Que es lo que esconde?
