El ministro se levanto apresuradamente y se acerco a ella.

– No sabes una mierda -le espeto-. ?Vete de aqui antes de que te eche!

Annika trago saliva, levanto las palmas de las manos y comenzo a retroceder hacia la puerta.

– De acuerdo -dijo ella-. Ya me voy. Gracias por dejarme utilizar el bano…

Se apresuro a ir hacia la puerta, la cerro silenciosamente tras de si. Alcanzo a Hessler en el primer piso.

– Es un verano maravilloso, ?no le parece?

El ministro se abrocho la camisa. Lo mejor seria bajar de nuevo a Bergsgatan. Suspiro, se sento en la cama y se anudo los zapatos.

Joder, hay que ver los trucos que inventan, penso, y miro hacia la puerta de la calle por donde habia desaparecido la reportera. El servicio, ?por Dios!

Se puso de pie y dudo si ponerse una chaqueta. Escogio una clara de lino.

?Como cono le habia encontrado aqui? Ni siquiera Karina Bjornlund sabia que vivia aqui cuando estaba en Estocolmo. Ella siempre le llamaba a su movil.

Sono el telefono, no el movil sino el fijo. Contesto inmediatamente. Solo unas pocas personas conocian ese numero.

– ?Como estas?

Era su esposa, preocupada. Se dejo caer de nuevo en la cama, y para sorpresa suya comenzo a llorar.

– Pero carino, ?dime que pasa!

Ella tambien lloraba.

– ?Estais en casa de Stina?

– Llegamos ayer.

El se sono.

– No puedo contarte nada.

– ?Hay algo de cierto?

El se paso la mano por la frente.

– ?Como puedes siquiera preguntarlo?

– ?Que quieres que piense?

Ofendida, asustada, recelosa.

– ?Puedes creer que yo… seria capaz de matar?

Ella titubeo.

– No por ti -respondio ella.

– Pero…

– No hay nada que no hicieras por el partido -dijo resignada.

Q contesto. A Annika la embargo la alegria. Sin embargo, esta duro poco.

– No puedo decir ni pio -respondio el.

– ?Es cierto que el ministro es sospechoso? -pregunto Annika, se recosto en la silla y puso los pies sobre la mesa.

El se rio crudamente.

– Joder, que pregunta mas inteligente. ?Has llegado a esa conclusion tu misma?

– Esta un poco raro -dijo Annika-. Tiene miedo de que se sepa algo. ?Que oculta?

La risa se acabo y le siguio un corto silencio.

– ?De donde sacas todas esas cosas? -pregunto el policia.

– Escucho, investigo, observo. Por ejemplo, se que vive muy cerca del lugar del crimen.

– Asi que lo has adivinado.

– ?Tiene esto que ver con el caso?

– Hemos interrogado a todos los vecinos de Sankt Goransgatan 64.

– Es un edificio de propietarios.

– ?Que?

– No son arrendatarios, ellos son propietarios de sus pisos.

– ?Pero que cono…! -exclamo el policia

– ?Realmente pensais que ha sido el?

Q resoplo.

– Quiza -repuso.

Annika se quedo completamente pasmada.

– Pero… ?y el novio? ?Joachim?

– Tiene una coartada.

Annika se enderezo en la silla.

– Entonces no fue… Parecia como si…

– Lo mejor seria que la prensa no especulara tanto -dijo el policia-. A veces sois un infierno para la gente.

Annika se enfurecio.

– ?Que dices! ?Quien cono organizo una rueda de prensa el sabado a las diez de la noche, solo porque estabais jodidamente necesitados de prensa? No digas chorradas. ?Que es eso de que somos un infierno para la gente? Solo digo una cosa: Osmo Vallo. ?Venga ya, compara abusos!

– No necesito escuchar esa basura -respondio el policia y colgo.

– ?Oye! -dijo Annika al auricular-. ?Hola! ?Joder!

Tiro el auricular sobre la horquilla y Spiken le lanzo una mirada irritada.

– Estas sentada en mi sitio.

Una mujer de treinta anos, vestida con traje sastre, la observaba desde arriba con una mirada recriminatoria a ella y a sus sandalias. Annika levanto la vista, desconcertada.

– ?Que pasa?

– ?Hoy no es tu dia libre?

Annika bajo los pies al suelo, se levanto y alargo la mano.

– Tu debes de ser Mariana. Me alegro de conocerte. Yo me llamo Annika Bengtzon.

Aquella especie de dragon con traje sastre tenia un aire noble y un apellido complicado. Se la consideraba una persona de mucho talento.

– Te agradeceria que recogieras tus cosas. No es nada agradable encontrarse con esto al empezar el dia.

– Estoy de acuerdo -replico Annika-. Cuando llegue el miercoles tuve que limpiar la estanteria y la mesa.

Recogio rauda los papeles que habia sobre la mesa.

– Me voy a comer -informo al jefe de la mesa de redaccion, cogio su bolso y se marcho.

En los ascensores se tropezo con Carl Wennergren. Llegaba junto a otros reporteros becarios, todos parecian reirse de algo que habia dicho Carl. Annika se habia preguntado como reaccionaria al encontrarselo. Habia pensado que decirle. Ahora ya no necesitaba cavilar mas. Decidida, cerro el paso al grupo.

– ?Puedo hablar un momento contigo? -pregunto secamente.

Carl Wennergren hincho el pecho y esbozo una sonrisa que brillo en su rostro bronceado. Su pelo aun estaba humedo despues del bano matutino, el flequillo le caia sobre la frente.

– Claro que si, mujer -contesto-. ?Que quieres?

Annika bajo medio tramo de escaleras. Carl Wennergren se despidio de sus amigos antes de seguirla, confiado y relajado. Ella se coloco de espaldas a la pared de la escalera y miro de hito en hito a su colega.

– El lunes recibi una oferta -dijo con voz queda-. Un grupo que se hacia llamar las Barbies Ninja me queria vender una primicia. Por cincuenta mil coronas en metalico me permitian acompanarlas cuando realizaran una especie de atentado contra un policia.

Observo penetrantemente a Carl Wennergren. El joven habia dejado de sonreir, el sonrojo le llegaba hasta las orejas. Apreto la boca hasta convertirla en una pequena linea.

– ?Que quieres decir? -dijo algo sofocado.

– ?Como te las arreglaste para hacer el trabajo del periodico de hoy?

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