Carl Wennergren lanzo el flequillo hacia atras.

– ?A ti que cono te importa? -replico-. ?Desde cuando eres la responsable de la publicacion?

Ella le miro sin responder. Carl se volvio para subir las escaleras. Annika no se movio. Despues de subir tres peldanos dio media vuelta y regreso, coloco su cara a cinco centimetros de la de Annika.

– No he pagado ni una jodida corona -repuso el-. ?Que cono piensas de mi?

– No pienso nada -respondio, y noto que la voz le temblaba un poco-. Solo me parecio extrano de cojones.

– Querian transmitir su mensaje -repuso Carl Wennergren-, pero no me vendieron ninguna primicia. Ningun periodico es tan jodidamente estupido de pagar por un atentado contra la policia, eso lo sabes hasta tu misma.

– Asi que al final te dieron la noticia gratis -dijo Annika.

– Exacto.

– ?Y a ti te parecio correcto acudir?

Carl Wennergren dio media vuelta y subio las escaleras, de dos en dos.

– ?Esperaron a prender fuego hasta que cargaste la camara? -grito Annika a su espalda.

El reportero desaparecio en la redaccion sin volverse.

Annika continuo bajando las escaleras. Carl Wennergren podia tener razon. No valia la pena quemar coches si nadie sabia el porque. Las Barbies Ninja le podian haber dado la noticia.

De lo que estaba segura es de que no sabia que la propuesta se la habian ofrecido antes a ella, porque se habia sorprendido mucho.

Annika se dirigio hacia la salida, fingiendo no oir las quejas de Tore Brand.

Hacia mas calor que nunca. El sol daba de lleno en el cambio de sentido frente al periodico y el asfalto se habia reblandecido. Se encamino hacia el quiosco de salchichas de Ralambsvagen, compro un pan de pita con ensalada de gambas y se lo comio de pie.

El avance de Aktuellt no menciono nada en los titulares, ni de la muerte de Josefin, ni del ministro, ni de las Barbies Ninja. Probablemente los temas aparecerian como teletipos en medio de la transmision, pero de momento nadie del periodico Kvallspressen seguia aquel programa de television. Toda la actividad se detuvo cuando la guitarra electrica de la sintonia de Studio sex comenzo a sonar a las 18.03. Annika estaba sentada a la mesa de Berit y miraba fijamente el altavoz de la radio.

– La investigacion sobre la muerte de la joven de diecinueve anos, Josefin Liljeberg, es cada vez mas compleja -anuncio el presentador mientras la guitarra sonaba de fondo-. En realidad la mujer era bailarina de striptease en un conocido club de alterne de la ciudad. El ministro de Comercio Exterior, Christer Lundgren, ha sido interrogado hoy de nuevo. Ampliaremos esta informacion en el programa de actualidad, con debates y analisis, en directo desde Studio sex.

Sin levantar la vista, Annika sintio las miradas desde la mesa de redaccion, la desconfianza traspasaba la tela de su camisa.

– Miercoles 1 de agosto, bienvenidos a Studio sex desde Radiohuset, Estocolmo -trono el presentador.

»Josefin Liljeberg era bailarina de striptease de un conocido club de alterne que tiene el mismo nombre que este programa de radio, Studio Sex. En gran parte de los medios, sobre todo en el periodico Kvallspressen, se la ha descrito como una joven cuyo sueno era ser periodista y ayudar a los ninos necesitados. La verdad, sin embargo, es completamente distinta. Ahora oiremos una grabacion hecha por la joven.

Pusieron una cinta en el cuarto de control. Una voz femenina que intentaba parecer sensual daba la bienvenida a Studio Sex, el club mas caliente de Estocolmo, a todos los curiosos y clientes con ganas de sexo. Informaba de las horas de apertura, desde la una del mediodia a las cinco de la madrugada. Y anadia que se podia encontrar a jovenes agradables, invitarlas a champana, asistir al show o a un pase privado, ver y comprar peliculas eroticas.

A Annika le resulto dificil respirar y oculto su rostro entre las manos. Ella no sabia que esa voz fuera la de Josefin.

El programa prosiguio con datos sobre el asesinato. El ministro habia acudido de nuevo a Bergsgatan en Estocolmo para proseguir su interrogatorio. Pusieron una nueva cinta, una puerta que se cerraba, algunos reporteros que gritaban sus preguntas mientras Christer Lundgren se dirigia a la comisaria central.

Annika se levanto, se colgo el bolso del hombro y salio por la puerta trasera. Las miradas que sentia sobre su espalda quemaban el oxigeno de sus pulmones. Tenia que respirar o moriria.

Patricia habia puesto el radiodespertador para que se encendiera en P3 a las 17.58. Eso significo que le dio tiempo a orinar y beber agua antes de que comenzara el programa Studio sex. Habia dormido pesadamente y sin sonar y se sentia casi drogada cuando regreso trastabillando al colchon. Con movimientos torpes puso los cojines contra la pared. Escuchaba en la oscuridad tras las cortinas negras, las cortinas de Josefin. El hombre de la radio estaba machacando a Josefin, ensuciaba todo lo que era cierto y la convertia en una persona malvada. Patricia lloro. Que injusto era todo.

Apago la radio y se dirigio a la cocina. Se preparo una tetera con manos temblorosas. Justo cuando se servia la primera taza llamaron a la puerta. Abrio, era la periodista.

– ?Que cabron! -exclamo Annika, y entro alborotada en el apartamento-. ?Como cono la pueden retratar como si fuera una puta de mierda? ?No hay derecho!

Patricia se seco las lagrimas.

– ?Quieres una taza de te? Yo me iba a tomar una.

– Gracias -contesto Annika Bengtzon y se dejo caer en una silla-. Me pregunto que se puede hacer, acusarles ante el defensor del oyente o algo por el estilo. ?No se puede tolerar!

Patricia saco una taza y la coloco delante de la periodista. Annika no parecia encontrarse bien. Estaba aun mas palida y delgada que la ultima vez.

– ?Quieres una rebanada de pan? Tengo roscon duro.

Era el favorito de Patricia, con port salut.

– No gracias, me he pasado el dia comiendo.

Annika Bengtzon aparto la taza y se acodo sobre la mesa, la miro fijamente a los ojos.

– ?Estoy completamente equivocada, Patricia? -pregunto-. ?Mis articulos estaban equivocados?

Patricia trago saliva y bajo la mirada.

– Que yo sepa, no -respondio.

– Patricia, respondeme sinceramente. ?Has visto alguna vez a ese ministro, Christer Lundgren?

Patricia se mordio el labio inferior, los ojos se le llenaron de lagrimas.

– No lo se -murmuro-. Quiza.

Annika se recosto en la silla, acongojada.

– ?Dios mio! -exclamo-. Asi que puede ser cierto. ?Un ministro!

Se levanto y empezo a ir de un lado para otro.

– De cualquier manera, es una cabronada imperdonable pintarla como si fuera una furcia. Y poner esa cinta con su voz, que putada.

– Esa no era Jossie -apunto Patricia y se sono.

– ?No? ?Y quien cono era?

– Sanna, la cajera. Ella se ocupa del contestador. Bebete el te, se te va a enfriar.

La periodista se sento.

– Los de la radio no estan tan informados como pretenden -dijo ella.

Patricia no respondio. Se tapo el rostro con las manos. Su vida se habia desvanecido al mismo tiempo que la de Josefin, reemplazada por una realidad descontrolada que cada dia la arrastraba a nuevos abismos.

– Todo esto es una pesadilla -dijo, era una voz apagada la que llegaba desde detras de sus manos. Sintio la mirada de la periodista.

– ?Has recibido alguna ayuda? -pregunto Annika Bengtzon.

Patricia aparto las manos del rostro, suspiro y cogio la taza de te.

– ?A que te refieres?

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