Me empuja al cuarto de bano para que me masturbe.
Ahora tocate hasta correrte, dice. No puedes entrar, le digo yo.
El abre la puerta del cuarto de bano mientras yo estoy sentada con la ducha entre las piernas, su rostro palido de colera.
Puedes follar hasta correrte con un jodido aparato, pero conmigo no, grita.
El pasillo de un hotel, puertas que se cierran. Panico, tirones y fatiga, desnuda y mojada. Voces en la zona de la piscina, no me atrevo a gritar. A oscuras y en silencio, los azulejos frios bajo mis pies. Me escondo entre los arbustos, piso un gran insecto y estoy a punto de gritar. Odio las aranas, odio los bichos pequenos. Lloro, tengo frio, tiemblo.
Es necesario vencer el miedo, dominar los demonios.
De vez en cuando me acerco de puntillas a la puerta. El la abre justo antes de amanecer, calido, seco, caliente, amoroso.
Jueves, 2 de agosto
El primer ministro vio a los fotografos de prensa desde lejos y resoplo pesadamente. Los periodistas cargados con sus camaras habian construido un muro improvisado junto a la entrada a Rosenbad. Sabia que estarian ahi, sin embargo, hubiera deseado equivocarse. Hasta ahora no habia hecho ningun comentario sobre la sospecha contra Christer Lundgren, unicamente se habia remitido a la joven ministra de Integracion, que era la jefa de Gobierno en funciones. No podria seguir asi. Los pocos dias de verano de sus vacaciones anuales habian quedado en nada, se habian esfumado. Suspiro de nuevo y dio un gran bostezo. Siempre lo hacia cuando estaba nervioso. Daba una impresion de indiferencia a la gente de su alrededor, lo cual era positivo. Como ahora, el hombre en el coche no sabia nada sobre su agitacion interior, de su nudo como una piedra en el estomago. Los intestinos se le revolvian de inquietud, tenia que ir al bano con urgencia.
La prensa vio el coche al doblar Fredsgatan. Todo el grupo se agito como un solo organismo y se colgaron las fundas con los teleobjetivos. El primer ministro los observo a traves de la pelicula negra que cubria las ventanillas. Estaba la radio, la television y la prensa escrita agitando sus pequenas grabadoras.
– Todos parecen munecos -le dijo al guardaespaldas de Sapo sentado en el asiento delantero-. Action-man con sus feas ropas y sus accesorios de quita y pon, ?no?
El guardia asintio. Todos asentian cada vez que el hablaba. Sonrio cansado. Ya podian la prensa y la oposicion ser igual de complacientes.
El coche se detuvo con un frenazo ligero y balanceante. El guardaespaldas salio del asiento delantero antes de que las ruedas se detuvieran por completo y con su cuerpo protegio al primer ministro al tiempo que le abria la puerta.
Las preguntas llovieron sobre el jefe de Gobierno como un diluvio ponzonoso.
– ?Que opina de los indicios de criminalidad contra el ministro de Comercio Exterior?
– ?Cree que esto perjudicara al partido?
– ?Va a cambiar la linea de la campana electoral?
– ?Cree que Christer Lundgren debe dimitir?
Salio con dificultad del coche, levanto sus pesados kilos y resollo teatralmente. Microfonos, grabadoras, objetivos y cintas capturaron aquel ligero resoplido. Daba la sensacion de que el primer ministro no se tomaba aquello en serio. Vestia una camisa azul claro abrochada hasta el cuello, pantalones arrugados y sandalias sin calcetines.
– Bueno -dijo el primer ministro y se detuvo delante del foco de luz de la television.
Hablo con una voz lenta, relajada y bastante baja que sonaba resignada.
– Christer no es sospechoso de nada. Por supuesto que esto no influye de ninguna manera en nuestra exitosa campana electoral. Realmente deseo que Christer continue en el gobierno, tanto por el gobierno como por Suecia y por Europa. Necesitamos a gente que pueda trasladar nuestro mensaje politico al nuevo siglo.
Fin de la primera respuesta, penso, y comenzo a dirigirse hacia la entrada. La prensa lo siguio como una ameba adherida. Todo se sucedia de acuerdo con sus planes.
– ?Por que ha interrumpido sus vacaciones?
– ?Quienes estaran presentes en la reunion de crisis de hoy?
– ?Todavia confia en Christer Lundgren?
El primer ministro dio aun unos cuantos pasos antes de responder, tal y como lo habia preparado con su asesor de imagen. Era el momento del comentario. Cuando se volvio hacia el grupo esbozo una amplia sonrisa.
– ?Tengo pinta de ser un hombre en crisis? -pregunto, e intento que sus ojos brillaran. Al parecer funciono, unos cuantos componentes de la ameba se rieron.
Se acerco a la puerta, el hombre del Sapo se preparo para abrirla. Ahora era el momento el final. Esbozo una expresion algo preocupada.
– Bromas aparte -dijo sujetando con la mano la mirilla de metal-. Claro que lo siento por Christer en estos momentos. Esta clase de comentarios periodisticos sin base son siempre una gran prueba. Pero os aseguro que esta clase de datos exagerados no tiene la mas minima importancia para el gobierno o el partido. Todos habreis leido el Kvallspressen de hoy, ahi tienen muy claro por que han interrogado a Christer. Resulta que tiene un apartamento junto a Kronobergsparken. Hasta los ministros tienen que vivir en alguna parte.
Sonrio con tristeza y asintio a su propia sabiduria antes de traspasar las puertas de seguridad del palacio de gobierno. Antes de que se cerraran manaron mas preguntas por entre la rendija:
– ?… es la razon de tantos interrogatorios?
– ?… se sabe algo especial?
– … algun comentario de los ultimos…
Se concentro en subir lenta y relajadamente las escaleras dado que los periodistas le podian ver a traves de la puerta de cristal. ?Carroneros de mierda!
– ?Joder, que calor hace aqui! -exclamo y se desabrocho irritado un par de botones de la camisa-. Cono, si voy a tener que pasarme aqui dentro todo el puto dia, ocupaos de que por lo menos se pueda respirar.
Entro en un ascensor y dejo que las puertas se cerraran antes de que el hombre del Sapo pudiera entrar. Ahora, verdaderamente tenia que cagar.
El cordon del zapato se rompio y Annika blasfemo. No tenia otros nuevos en casa. Se sento en el suelo del recibidor con un suspiro cansado, se quito la zapatilla deportiva e hizo otro nudo. Pronto no le quedaria mas cordon con el que poder atarlos. Tenia que acordarse de comprar unos la proxima vez que fuera a Konsum.
Bajo cuidadosamente las escaleras, no deseaba sobrecargar las rodillas mas de lo necesario. Sentia las piernas rigidas y poco elasticas, no se habia preocupado de correr durante el verano.
El aire en el patio trasero era denso. Todas las ventanas del inmueble estaban abiertas de par en par, parecian desnudos agujeros negros en la rigida fachada del edificio. Las cortinas colgaban como cansados telones que se abrian hacia los escenarios interiores, sin moverse ni un milimetro. Annika arrojo una toalla en el cuarto de bano comunitario del patio y salio por el portal haciendo
Al japones de la esquina de Bergsgatan ya le habia dado tiempo a colgar el cartel de los titulares del Kvallspressen. Carl Wennergren lo volvia a encabezar con sus Barbies Ninja. Hizo jogging detenida enfrente durante unos segundos mientras leia las cortas lineas: «Exclusiva fotografica, solo en
El pulso se le acelero, comenzo a sudar. En la foto se veia la puerta del local volando por los aires hacia la calle, el fuego incendiaba la entrada.
