fichas no lo indican. Sigo todas las reglas.
– Te arriesgas a que quiebre la banca -espeto Joachim.
Annika dejo de sonreir.
– Solo existe una manera de que un jugador gane a la ruleta -dijo ella-. Ganando a la primera, dejandolo inmediatamente y marchandose. Nadie, que haya empezado ganando, lo hace. Es facil de cojones ser crupier. Todo consiste en mantener a los jugadores hasta que hayan perdido todo lo que han ganado.
Joachim esbozo una sonrisa.
– Nos lo vamos a pasar bien juntos, tu y yo -anuncio y dejo que su mano se deslizara por el brazo de ella.
Luego se fue a su oficina. Annika se dio la vuelta y sintio que la mirada de Sanna le quemaba la espalda.
Estan juntos, comprendio. Joachim y Sanna son pareja.
El sonido de unos zapatos de tacon bajando por la escalera hizo que Annika levantara la vista. No creyo lo que veia. El agresivo presentador de television bajaba tambaleandose a Studio Sex vestido con una minifalda, medias y una blusa transparente con un sujetador por debajo.
– Hola, chicas -saludo el hombre con una voz aguda.
– Bienvenida, senora -repuso Sanna y sonrio flirteando-. ?Con que bellezas podemos tentarte hoy?
El hombre nombro a unas cuantas chicas, Annika noto que la miraba fijamente. Ella solia ver su programa: duros y divertidos debates con politicos y famosos. Y sabia que tenia familia.
El hombre entro en la sala de
Se jugaron trece mil coronas, Sanna parecia enfadarse mas cuanto mas perdian los italianos.
No le gusto, penso Annika. Sabe que soy la amiga de Patricia, me ve como una prolongacion de Josefin. Quiza no sea tan extrano.
Miro con el rabillo del ojo su minimo biquini de lentejuelas, azul cielo, la ropa de trabajo de Josefin.
– Tengo que ir al servicio -murmuro.
La tarde, que se arrastraba lentamente, se troco en una noche intangible. Abajo, en el viejo garaje pornografico, no existia otro tiempo que no fuera la noche, otra estacion del ano que no fuera la oscuridad. Annika permanecio sentada un momento en el vestuario bajo la luz azulada del tubo fluorescente, cerro los ojos y sintio como le quemaban las lagrimas.
?Que hago aqui? Penso. ?Me deslizare lentamente en este submundo y lo hare mio? ?Pensare en ganar mucho mas dinero posando en cuartos privados? Y aparte, lo que hago con el precio de las fichas es ilegal, si me pillaran podria acabar en prision.
Se puso mas maquillaje palido sobre el rostro bronceado.
Patricia entro en el vestuario y le sonrio animosa.
– He oido que te va muy bien.
Annika asintio.
– No esta mal.
Patricia parecia orgullosa.
– Ya sabia yo que eras eficiente.
Annika cerro los ojos, no puedo creermelo, penso, no puedo escuchar estas alabanzas. No quiero encontrar aprobacion en este lugar. El puticlub no sera mi nuevo hogar, estas no seran mis nuevas relaciones sociales. Me merezco algo mejor. Patricia se merece algo mejor.
Se pinto los labios y salio.
Sanna desaparecio de madrugada en un cuarto privado con un hombre mayor.
– Es un cliente habitual -susurro la relaciones publicas antes de desaparecer-. No queda casi nadie, cobrales al salir. Las cuentas estan en el atril.
Annika se coloco desconcertada delante de la mesa de la ruleta sin saber que hacer. Si intentaba que la gente jugara a la ruleta, ?quien se encargaria de cobrar cuando alguien se fuera?
Decidio rapidamente pasar de la ruleta, y unos segundos despues aparecio el hombre de TV en la entrada.
– ?Donde esta Sanna? -pregunto, y ahora Annika reconocio la voz del programa.
– Esta ocupada -sonrio Annika-. ?Puedo ayudarte?
El hombre entrego su tarjeta de credito, Annika desconcertada se chupo los labios. Se agarro al atril y manoseo los papeles. Vaya, aqui estaba la cuenta del hombre de TV. Nueve mil seiscientas.
Coloco la tarjeta en el aparato y paso la cuenta. Sabia que era Sanna quien se llevaria el porcentaje del dinero, habia escrito su codigo en la factura. El hombre firmo.
– Oh, carino, ?ya te vas? -pio una chica desde la puerta.
Estaba completamente desnuda, tenia el sexo afeitado, trenzas a lo Pippi y pecas pintadas.
– Oh, mi pequenita -dijo el hombre de la TV y la abrazo.
– Un momento -dijo Annika y se introdujo en la oficina. El cuarto estaba vacio. Puso el recibo sobre la fotocopiadora, cerro los ojos y rezo.
Por favor, que no haga ruido, que no sea lenta en funcionar, que haya papel en el contenedor.
Bajo el cristal de la fotocopiadora, el canon de luz estatico se puso en marcha silencioso y rapido, se separo un papel, entro, se imprimio y se deslizo fuera de la maquina. Ella respiro, pero ?que cono haria con el?
Rapidamente enrollo la copia hasta formar un cilindro duro, lo doblo por la mitad y se lo coloco en la entalladura de las braguitas, le rozaba mucho.
– Aqui tienes -anuncio Annika y le entrego la cuenta. El hombre estaba de pie chupandole los pezones a la nina Pippi. Cuando la muchacha vio a Annika se separo del hombre.
– Perdona -dijo asustada.
Annika parpadeo. De pronto comprendio que las otras chicas la veian como a alguien con autoridad, quiza porque Josefin lo era. Se decidio rapidamente a aprovechar la situacion.
– Que no vuelva a ocurrir -dijo con severidad y le dio al hombre el recibo.
Este se marcho, la chica se apresuro a entrar en la sala de striptease. Annika espero unos segundos y escucho en direccion a la sala del club. La tenue musica del hilo musical llegaba hasta la entrada, de pronto tirito de frio. No hacia mucho calor aqui.
Se introdujo en el vestuario, saco la fotocopia y se la metio dentro del zapato. Salio rapidamente y se apoyo en la mesa de la ruleta. Permanecio alli hasta que finalizo la hora de Sanna con el viejo en el cuarto privado.
– ?Que tal ha ido? -pregunto la relaciones publicas.
– Bien -dijo Annika y senalo el recibo.
Sanna observo la suma, sonrio satisfecha y levanto la vista maliciosamente hacia Annika.
– ?Pagas el impuesto de TV? -pregunto. No espero ninguna respuesta, agito el recibo, rio y se dirigio a la oficina.
Annika sonrio a la puerta cerrada.
Patricia preparaba te. Annika estaba sentada en el sofa del cuarto de estar, miraba a traves de la oscuridad gris turquesa. Estaba tan cansada que todo su cuerpo lo manifestaba. Tambien tenia ampollas en los pies a causa de las incomodas sandalias.
– ?Como puedes aguantar esto? -dijo con un hilo de voz.
– ?Que? -inquirio Patricia desde la cocina.
– Nada -respondio Annika, igual de inaudible.
Sentia la repugnancia como un malestar en el diafragma, cuando cerraba los ojos veia la desnuda delgadez de la chica Pippi.
– Toma -dijo Patricia y coloco la bandeja en la mesita junto al telefono.
Annika respiro pesadamente.
– No se como voy a aguantar una noche mas. ?Como lo consigues?
Patricia esbozo una sonrisa, sirvio el te, le dio una taza a Annika y se sento en el sofa.