– Annika -dijo intentando captar su mirada-. No pasa nada, ?oyes lo que digo? ?No te preocupes!
Ella volvio el rostro y parpadeo entre lagrimas.
– Todo el mundo puede equivocarse -continuo el director en voz baja-. Es la verdad mas antigua del mundo. Yo tambien estaba equivocado, razone igual que tu, pero han ocurrido otras cosas que hacen que tengamos que replantearnoslo todo. Ahora lo que importa es sacar el mejor partido de esta situacion, ?sabes? Te necesitamos en este trabajo. Annika…
Ella respiro profundamente y miro sus rodillas.
– Si, tienes razon -dijo ella-. Pero me siento fatal, estaba tan segura de que mi teoria era cierta…
– Quiza todavia lo sea -anadio Schyman pensativo-. Por improbable que parezca, puede que Christina Furhage tuviera una conexion personal con el pabellon de Satra.
Annika no pudo evitar reirse.
– Lo dudo.
El director le puso la mano sobre el hombro y se levanto. -No dejes que esto te desanime. En esta historia has tenido razon en todo lo demas.
Ella hizo una mueca y tambien se levanto.
– ?Como nos enteramos de la nueva explosion? ?Fue Leif quien llamo?
– Si, el o Smidig, de Norrkoping, fue uno de ellos.
Schyman suspiro mientras se acomodaba en la silla detras del escritorio.
– ?Piensas ir ahi esta noche? -pregunto.
Annika coloco la silla y movio la cabeza.
– No, no es buena idea. Que Patrik y Janet se encarguen esta noche. Yo me pondre a ello manana.
– Okey. Creo que deberias descansar cuando todo se haya calmado. En este ultimo fin de semana has acumulado una semana de vacaciones.
Annika esbozo una sonrisa.
– Si, creo que hare eso.
– Vete a casa y deja que los chicos se encarguen esta noche; estan acelerados.
El director descolgo el telefono para mostrar que la conversacion habia terminado. Ella cogio el bolso y salio de la habitacion.
La redaccion bullia con la concentracion que se produce como cuando ha ocurrido algo grande. En la superficie todo parecia bastante tranquilo, pero la tension se sentia en los ojos vigilantes de los jefes y en las rigidas espaldas de los maquetistas. Las palabras volaban cortas y concisas, los reporteros y los fotografos se dirigian rapida y decididamente hacia la salida. Hasta las telefonistas eran arrastradas por el flujo de noticias, su tono se volvia grave y los dedos volaban mas raudos sobre la centralita. Normalmente Annika disfrutaba de esta sensacion, pero ahora resultaba desagradable cruzar la sala.
Fue Berit quien la salvo.
– ?Annika! ?Ven, vas a oir algo!
Berit se habia traido su plato de ensalada y estaba sentada en el cuarto de la radio, el espacio junto a la redaccion de sucesos que tenia acceso a todas las frecuencias de radio de la policia de la provincia de Estocolmo y a una frecuencia nacional. Una de las paredes estaba cubierta de pequenos altavoces con sus correspondientes interruptores y reguladores de volumen. Berit tenia encendido el que debia corresponder al distrito de policia de Soder y la City, los que debian encargarse de la investigacion de la explosion del pabellon de Satra. Annika solo oyo pitidos y zumbidos.
– ?Que pasa? -pregunto-. ?Que ha pasado?
– No estoy segura -respondio Berit-. Se escuchaba a la policia hace unos minutos. Comenzaron a llamar a la central por el secrafono…
En ese mismo momento comenzo de nuevo el parloteo. La policia de Estocolmo tenia dos canales codificados que a veces llamaban skramlade, del ingles scrambled [«perturbar», «alterar»]. Se oia hablar a alguien, pero lo que se decia era completamente incomprensible. Sonaba como si el Pato Donald hablara al reves. Los canales con secrafono rara vez se utilizaban y eran sobre todo los de antidroga quienes lo hacian. La policia secreta tambien lo usaba a veces en grandes operaciones, cuando se sospechaba que los criminales tenian acceso a las frecuencias de radio de policia. Una tercera razon podia ser que la informacion era tan delicada que querian mantenerla en secreto por alguna razon.
– Tenemos que comprar un equipo descodificador -dijo Annika-. Si no, puede que nos perdamos grandes cosas.
La conversacion acabo y los silbidos y zumbidos continuaron en los otros canales. Annika dejo que su mirada se deslizara por los altavoces. Los ocho distritos policiales de la region de Estocolmo utilizaban dos sistemas de radio de policia distintos, Sistema 70 y Sistema 80.
El S70 tenia los canales que comenzaban por 79 megaherzios o mas, el S80 comenzaba en los 410 megaherzios y se llamaba asi porque comenzo a usarse en los anos ochenta. La idea era que todos hubieran pasado al S80 diez anos atras, pero a causa de la espectacular reorganizacion de la policia durante los ultimos decenios, no les habia dado tiempo.
Annika y Berit escucharon expectantes los chasquidos y los pitidos electricos durante algunos minutos, luego una voz de hombre rompio la niebla electronica del canal 02 del distrito Sur:
– Aqui el veintiuno.
Las cifras significaban que la llamada procedia de un coche patrulla de Skarholmen.
La respuesta de la central de alarmas de Kungsholmen llego unos segundos despues.
– Adelante veintiuno.
– Necesitamos una ambulancia en la direccion… bueno, en realidad una fiambrera…
Aparecieron de nuevo los chasquidos, Annika y Berit se miraron en silencio. La «fiambrera» era el coche funebre. «La direccion» era sin lugar a dudas el pabellon de Satra; no ocurria otra cosa en la zona Sur entonces. La policia solia expresarse asi cuando no queria hablar con claridad por la radio; hablaban del Lugar o la Direccion y a los sospechosos se les denominaba Objeto.
La central de alarmas volvio a aparecer:
– Veintiuno, ?ambulancia o fiambrera? Cambio.
Tanto Annika como Berit se inclinaron hacia adelante, la respuesta era decisiva.
– Ambulancia. Cambio…
– Un muerto, pero no tan destrozado como Furhage -anuncio Annika.
Berit asintio.
– Al parecer la cabeza sigue en su sitio, pero el resto esta bien muerto -dijo.
Para que un policia tenga autoridad para constatar una muerte, la cabeza debe estar separada del cuerpo. Por lo visto este no parecia ser el caso, aun cuando evidentemente la persona en cuestion estaba muerta. Si no la policia no hubiera hablado de un coche funebre, la fiambrera. Annika salio a la redaccion.
– Parece ser que hay un muerto -comunico.
Todos los que estaban alrededor del gran complejo de mesas donde el periodico se maquetaba por la noche se detuvieron y la miraron.
– ?Que te hace pensar eso? -pregunto Spiken inexpresivo.
– La radio de la policia -respondio-. Voy a llamar a Patrik.
Se dio la vuelta y se encamino a su despacho. Patrik contesto a la primera senal; como de costumbre, debia tener el telefono en la mano.
– ?Que pasa por ahi? -pregunto Annika.
– Joder, esta lleno de coches de policia -grito el reportero.
– ?Puedes entrar? -dijo Annika e intento que el tono de voz fuera normal.
– No, no hay manera -vocifero Patrik-. Han acordonado todo el complejo deportivo de Satra.
– ?Te han informado si ha habido alguna victima?
– ?Que?
– ?Te han informado si hay alguna victima?
– ?Por que chillas? No, ninguna victima, aqui no hay ninguna ambulancia ni ningun coche funebre.
– Va una en camino, lo hemos oido por la radio de la policia. Quedate ahi y luego informa a Spiken, yo me voy a casa.
