comenzo a ojear los anuncios. Una cosa estaba clara: habia demasiados juguetes en el mundo.
Salio a buscar otro cafe y al volver se dio una vuelta por la sala de los fotografos. Johan Henriksson tenia el turno de manana y estaba sentado leyendo el Svenska Dagbladet.
– Joder, que muerte mas asquerosa, ?no? -dijo Annika y se sento en un sillon frente a el.
El fotografo asintio con la cabeza.
– Si, no parece estar bien de la cabeza. Nunca habia oido hablar de nada parecido.
– ?Tienes ganas de ir a echar un vistazo? -pregunto Annika, esperanzada.
– Esta demasiado oscuro todavia -respondio Henriksson-. No se va a poder ver una mierda.
– Fuera no, pero ahora quiza se pueda entrar. A lo mejor ya no esta acordonado.
– Lo dudo, no creo que hayan barrido los restos del tio.
– Los obreros deberian acudir por la manana, los companeros de trabajo…
– Ya hemos hablado con ellos.
Annika se levanto irritada.
– ?Pasa de todo entonces!, esperare a que venga otro fotografo que quiera mover el culo…
– ?Vale, vale, vale! -dijo Henriksson-, ya voy, no intentaba escabullirme.
Annika se detuvo y se esforzo por sonreir.
– Vale -contesto Henriksson y fue a buscar la bolsa de las camaras.
Annika se bebio el cafe y fue a ver a Ingvar Johansson.
– ?Sabes si el turno de la manana necesita a Henriksson, o me lo puedo llevar al pabellon de Sacra?
– El turno de manana no tendra ni una linea a no ser que estalle una guerra mundial. El periodico esta lleno hasta arriba-respondio Ingvar Johansson y cerro el Konkurrenten-. Tenemos un incremento de dieciseis paginas en la primera edicion, hay anuncios en cada pagina. Ademas tienen un equipo en la calle cubriendo el caos de trafico por la tormenta de nieve, pero no entiendo donde creen que van a publicarlo.
– Ya sabes donde comunicarte con nosotros -anuncio Annika y fue a su despacho a recoger el abrigo.
Cogieron uno de los coches del periodico; Annika condujo. El pavimento estaba en verdadero mal estado, el trafico en Essingeleden se deslizaba a cincuenta por hora.
– No me extrana que haya choques en serie -dijo Henriksson.
Por lo menos comenzaba a clarear, eso ya era algo. Annika se dirigio hacia el sur a traves de la combinada E4 y E20; el trafico aligero algo y aumento a sesenta. Tomo la salida de Segeltorp, Satra, Bredang y Malarhojden y condujo lentamente por Skarholmsnvagen, pasando el centro de Bredang. A la derecha se vislumbraban filas y filas de identicos adosados amarillos con fachadas de ladrillo; a la izquierda habia casas de chapa bajas y tristes que debian ser almacenes o pequenos talleres.
– Me parece que te has pasado de donde teniamos que girar -anuncio Henriksson en el mismo momento en que el pabellon de Satra flameaba entre el aguanieve, a la derecha del coche.
– ?Mierda! -exclamo Annika-. Tendremos que ir hasta el centro de Satra y dar la vuelta.
Le dio un escalofrio al ver las grandes casas grises cuyos ultimos pisos desaparecian tras la cortina de nieve. Una vez habia estado dentro de uno de esos pisos; fue cuando Thomas quiso comprarle la primera bicicleta a Kalle. Habia que comprar una de segunda mano, opinaba Thomas, resultaba mas barato y bueno para reciclar. Por eso compraron un ejemplar del Segunda mano y leyeron los anuncios. Cuando Thomas encontro una bicicleta asequible tuvo miedo a que fuera robada. No la pago hasta ver con sus propios ojos el recibo de compra y al nino que la habia usado. La familia vivia en una de estas casas.
Annika dejo tras de si las barracas de alquiler y condujo por Eksatravagen. En Bjorksatravagen doblo a la izquierda. La explosion tuvo lugar en el vestuario 6, el de los arbitros, que estaba en la parte trasera, entre el pabellon de atletismo y la vieja pista de hielo.
– Acordonado -constato Henriksson.
Annika no respondio, sino que dio media vuelta con el coche. Regreso y aparco entre los montones de nieve en un aparcamiento desierto, al otro lado de Eksatravagen.
Se detuvo a observar el edificio. Estaba cubierto de paneles de madera de color rojo. El frontispicio tenia forma de OVNI irregular; el tejado, muy plano a los lados, se transformaba en un arco inclinado que acababa en una cresta ligeramente sesgada.
– ?Has estado aqui antes? -le pregunto a Henriksson.
– Coge las camaras y vamos a ver si podemos entrar por otro sitio -dijo ella. Trotaron por la nieve y llegaron a la parte trasera del pabellon. Si Annika habia calculado bien, debian encontrarse en el lado opuesto a la entrada principal.
– Esto parece ser una entrada de mercancias -dijo ella y anduvo a duras penas hacia el centro de la fachada. La puerta estaba cerrada. Se apresuraron por la nieve, doblaron la esquina y siguieron a lo largo del lateral del edificio. En el centro habia dos pequenas puertas que recordaban a las de los balcones: «salidas de emergencia», penso Annika. La primera estaba cerrada pero la otra no tenia echado el cerrojo. No se veian cintas de acordonamiento. El estomago de Annika dio un vuelco de alegria.
– Bienvenidos -susurro y abrio la puerta.
– ?Se puede entrar asi por las buenas? -inquirio Henriksson.
– Claro que se puede -respondio Annika-. Solo hay que poner una pierna delante de la otra repetidamente, evitando caerse.
– Si claro, pero ?no es allanamiento o algo asi? -arguyo Henriksson, nervioso.
– Ya veremos, pero no lo creo. Esto es un pabellon deportivo municipal, propiedad de la ciudad de Estocolmo. La puerta no esta cerrada y esta abierto al publico. No deberia haber ningun problema.
Henriksson entro con una expresion de escepticismo en el rostro, Annika cerro la puerta tras ellos.
Se encontraban en la parte de arriba de la graderia del pabellon. Annika miro a su alrededor: era un bonito edificio. Siete arcos de madera encolada sostenian toda la estructura. La extrana cresta del frontispicio tipo OVNI resulto ser una serie de cristaleras en lo alto del techo. Una pista de atletismo en declive dominaba la arena; al fondo a la derecha estaba el foso y las instalaciones para el salto con pertiga. Al otro lado de las pistas habia una hilera de algo que parecian oficinas.
– Alli lejos hay luz -informo Henriksson y senalo hacia la secretaria, al fondo a la izquierda.
– Entonces vamos ahi -dijo Annika.
Siguieron el camino y llegaron a lo que debia ser la entrada principal del pabellon. Oyeron llorar a alguien en un lugar contiguo. Henriksson se detuvo.
– ?No, joder! -exclamo-. ?No quiero seguir!
Annika no le presto atencion sino que continuo hacia la oficina de donde provenian los llantos. La puerta estaba entreabierta, llamo con cuidado y espero una respuesta. Al no recibir ninguna empujo la puerta y miro. El cuarto parecia estar en obras; de las paredes salian cables electricos, habia un gran agujero en el suelo, tablones y una taladradora sobre una mesa de trabajo. Una mujer rubia joven estaba sentada en una silla en medio del desorden y lloraba.
– Disculpa -dijo Annika-. Soy del periodico Kvallspressen. ?Te puedo ayudar en algo?
La mujer continuo llorando como si no hubiera oido a Annika.
– ?Quieres que llame a alguien para que te ayude? -pregunto Annika.
La mujer no la miro sino que siguio gimoteando con las manos en el rostro. Annika espero en silencio un rato en el umbral, luego se dio la vuelta y se dispuso a cerrar la puerta.
– ?Como es posible que alguien sea tan malvado? -pregunto la mujer.
Annika se detuvo y volvio de nuevo hacia la mujer.
– No lo se -contesto-. Es totalmente incomprensible.
– Me llamo Beata Ekesjo -dijo la mujer y se sono con un trozo de papel higienico. Se seco las dos manos con otro trozo y luego alargo la mano para saludar. Annika la tomo sin pestanear. ?Que importante es la forma de dar la mano! Todavia recordaba la primera vez que habia saludado a una persona enferma de sida, una joven que habia sido contagiada al nacer su segundo hijo. La madre habia recibido sangre de la sanidad sueca y el virus mortal de regalo. Durante todo el camino de vuelta la mano le habia quemado por su calido y suave apreton. Otra vez le presentaron al presidente de un club de Hell's Angels. Annika habia alargado la mano para saludar, pero el presidente la miro fijamente a los ojos mientras se chupaba lentamente la mano derecha desde la palma hasta las
