yemas.
– La gente esta totalmente loca -dijo, y estiro la mano pringosa de baba. Annika la estrecho sin dudar ni un segundo. La imagen surgia ahora que le estrechaba la mano a la mujer que lloraba y sentia los restos de lagrimas y mocos entre los dedos.
– Me llamo Annika Bengtzon.
– Tu has escrito sobre Christina Furhage -contesto Beata Ekesjo-. Tu has escrito sobre Christina Furhage en el Kvallspressen.
– Si, soy yo.
– Christina Furhage era la mujer mas fantastica que existe -dijo Beata Ekesjo-. Por eso es una pena que ocurriera esto.
– Si, por supuesto -contesto Annika y espero.
La mujer se sono y se coloco la larga melena rubia detras de las orejas. Era rubia natural, advirtio Annika, nada de mechas de raiz negra como Anne Snapphane. Debia rondar los treinta, mas o menos como Annika.
– Yo conoci a Christina -continuo Beata Ekesjo en voz baja y miro hacia el rollo de papel higienico que reposaba en sus rodillas-. Trabaje con ella. Ella era mi modelo. Por eso pienso que lo ocurrido es terriblemente tragico.
Annika comenzo a impacientarse. Esto no aportaba nada.
– ?Crees en el destino? -pregunto de repente la mujer y miro a Annika.
Annika sintio que Henriksson habia entrado y se habia colocado justo detras de ella.
– No -respondio Annika-. No, si te refieres a que todo esta predeterminado. Yo creo que nosotros construimos nuestro propio destino.
– ?Como? -pregunto la mujer, interesada y se enderezo.
– Nuestro futuro se construye segun las decisiones que tomamos. Cada dia tomamos resoluciones de vital importancia. ?Cruzo o espero a que pase el coche? Si la decision es erronea quiza perdamos la vida. Todo depende de nosotros.
– ?Asi que no crees que haya alguien protegiendonos? -dijo Beata con los ojos abiertos de par en par.
– ?Un Dios o algo asi? Creo que nuestro tiempo en la tierra tiene un significado, si es a eso a lo que te refieres. Pero cualquiera que sea, no nos incumbe, ?no crees?
La mujer se levanto y parecio reflexionar. Era baja, no mas de un metro sesenta, tierna como una quinceanera.
– ?Que haces aqui ahora, en este cuarto? -pregunto Annika por fin.
– Yo trabajo aqui -respondio y parpadeo con los ojos arrasados de lagrimas.
– ?Trabajabas con Stefan?
Asintio y las lagrimas comenzaron a caer.
– Maldad, maldad, maldad -murmuro mientras se bamboleaba de un lado a otro con las manos en el rostro. Annika cogio el papel higienico que la mujer habia dejado en el suelo y corto un gran trozo.
– Toma.
La mujer se volvio repentinamente de forma que Annika dio un paso hacia atras y le piso un pie a Henriksson.
– Si el destino no existe, ?quien decidio entonces que Christina y Stefan tuvieran que morir? -pregunto y le centellearon los ojos.
– Fue una persona -respondio Annika, tranquila-. Alguien los mato. No me extranaria que fuera la misma persona.
– Yo estaba aqui cuando exploto -anuncio Beata y se volvio a dar la vuelta-. Fui yo quien le pidio que se quedara y controlara el vestuario. ?Que culpa me corresponde?
Annika no respondio sino que estudio a la mujer con mas detenimiento. No encajaba en este lugar. En realidad ?que queria decir? ?Que hacia aqui?
– ?Por que crees que la culpa es tuya? -dijo Annika, y en ese mismo momento oyo voces a su espalda. Era un policia uniformado que entraba por la puerta principal junto a ocho o nueve obreros.
– ?Te puedo sacar una foto? -pregunto Henriksson apresuradamente a la mujer.
Beata Ekesjo se arreglo el pelo.
– Si -contesto-. Quiero que escribais sobre esto. Es importante que se sepa. Escribe lo que he dicho.
Miro fijamente al fotografo y este tomo un par de fotos sin flash.
– Muchas gracias por hablar con nosotros -dijo Annika con rapidez, le dio la mano a Beata y se apresuro hacia el policia. El policia podria aportar algo, a diferencia de la pobre y desconcertada Beata.
El grupo de hombres se encaminaba hacia la pista cuando Annika los alcanzo. Se presento a si misma y a Henriksson y el policia se sorprendio.
– ?Como cono han entrado aqui?, ?saltando el acordonamiento?
Annika le miro sosegada a los ojos.
– Usted hizo un mal trabajo ayer noche, agente. Ni acordono el fondo sur, ni cerro las salidas de emergencia.
– ?A la mierda!, ?ahora mismo se van de aqui! -exclamo el policia y agarro a Annika.
En ese instante Henriksson saco una foto, esta vez con flash. El policia comprendio y solto a Annika.
– ?Ahora que pasa? -pregunto Annika y saco el bloc y el boligrafo del bolso-. ?Interrogatorio, investigacion tecnica?
– Si, y se tienen que marchar.
Annika suspiro y dejo que las manos con el bloc y el boligrafo cayeran sobre sus muslos.
– Venga. Nos necesitamos. Dejenos hablar con los muchachos cinco minutos y tomar una foto de grupo en la pista y nos daremos por satisfechos.
El policia apreto los dientes, se dio la vuelta, paso entre el grupo de obreros y se dirigio hacia la entrada principal. Seguramente iba en busca de sus colegas. Annika comprendio que tenia que actuar con rapidez.
– Disculpad si somos un poco atrevidos, pero intentamos hacer nuestro trabajo lo mejor posible. Es importantisimo que el asesino de Stefan sea detenido, y quiza los medios podamos ayudar -dijo Annika mientras Henriksson hacia fotos sin parar-. Ante todo os quiero acompanar en el sentimiento por la perdida de un camarada de trabajo. Tiene que ser horrible perder a un colega de esta manera.
Los hombres no respondieron.
– ?Hay algo que querais contar de Stefan?
El fotografo habia colocado al grupo sentado en la grada; todos estaban vueltos hacia el y la sala entera flotaba detras de ellos. Seria una fotografia sugestiva.
Los hombres dudaron; ninguno queria responder. Todos estaban turbados, serios, con los ojos secos. Seguramente se encontraban bajo alguna forma de conmocion.
– Stefan era nuestro jefe -dijo un hombre con mono azul gastado-. Era un tio legal.
Los otros murmuraron asintiendo.
– ?Que tipo de trabajo haceis aqui? -pregunto Annika.
– Controlamos todo el edificio y hacemos algunos arreglos para los Juegos Olimpicos. Seguridad, electricidad, estado de las canerias… Se hace en todas las instalaciones que tienen relacion con los Juegos.
– ?Y Stefan era vuestro jefe superior?
El grupo comenzo a murmurar de nuevo, hasta que el hombre volvio a tomar la palabra.
– Bueno, el era nuestro jefe -dijo el hombre del mono azul-. Pero ella, la rubia, es la jefa de proyecto.
Annika arqueo las cejas.
– ?Beata Ekesjo? -respondio sorprendida-. ?Ella es la jefa aqui?
Los hombres esbozaron una sonrisa y se miraron unos a otros en connivencia, si, Beata era la jefa. No eran risitas alegres y recordaban mas a resoplidos.
«Pobre diablo -penso Annika-. No lo tendria facil con un grupo como este.»
Al no saber que hacer, Annika pregunto si conocian a Christina Furhage, y todos los hombres asintieron.
– Era una mujer de verdad -arguyo el del mono azul-. Solo ella podia llevar a cabo todo esto.
– ?Por que piensas eso? -pregunto Annika.
