– Iba a todos los lugares de trabajo y hablaba con los obreros. Nadie entendia como tenia tiempo para eso, pero ella queria conocerlos a todos personalmente y oir como iban las cosas.
El hombre callo, Annika golpeo, pensativa, el boligrafo contra el bloc.
– ?Vais a trabajar hoy?
– Vamos a hablar con la policia, luego nos iremos a casa. Y guardaremos un minuto de silencio por Stefan - anadio el hombre del mono azul.
En ese momento regreso el policia con dos colegas. Parecian bastante serios y se dirigieron directamente hacia el grupo.
– Muchas gracias -dijo Annika en voz baja y levanto la bolsa de la camara de Henriksson, ya que estaba a su lado. Luego se dio la vuelta y comenzo a dirigirse a lo largo del lateral hacia la salida de emergencia. Oyo como el fotografo corria tras ella.
– ?Oiga! -grito el policia.
– ?Gracias, ya no molestamos mas! -respondio chillando Annika y agito la mano sin aminorar el paso.
Sujeto la puerta del balcon a Henriksson y dejo que esta se cerrara de un portazo.
El fotografo permanecio sentado en silencio mientras Annika condujo de vuelta al periodico. La nieve continuaba cayendo, pero ahora habia luz diurna. El trafico era mucho mas denso: aparte del normal, habia comenzado el trafico de Navidad. Ya solo faltaban tres dias.
– ?Donde vas a pasar las Navidades? -pregunto Annika para romper el silencio.
– ?Que vas a hacer con esto? -respondio Henriksson.
Annika le miro sorprendida.
– ?Que? ?Que quieres decir?
– ?Se pueden publicar las cosas cuando uno entra en los sitios asi como nosotros?
Annika exhalo un suspiro.
– Hablare con Schyman y le contare lo ocurrido, pero creo que haremos esto: publicaremos una foto de los hombres en la grada, pueden decir algo del minuto de silencio por Steffe. No sera mas que un pie de foto. En el articulo de al lado se puede poner algo sobre los datos de la policia, la informacion de los interrogatorios con los obreros y que la investigacion tecnica continua, bla, bla, bla ?sabes?
– ?Y la chica?
Annika se mordio los labios.
– A ella no la voy a sacar. Estaba demasiado conmocionada y no aporto nada. No me parecio que estuviera bien del todo, ?tu que crees?
– No escuche el principio -dijo Henriksson-. ?Hablo sobre la maldad y la culpa todo el rato?
Annika se rasco la nariz.
– Si, mas o menos. Por eso no la voy a sacar. Es verdad que se encontraba en las instalaciones cuando la bomba exploto, pero no podia decir nada sobre ello. Tu la escuchaste. Esto hay que tenerlo en consideracion y no exponerla, a pesar de su deseo. No sabe lo que le conviene.
– Tu has dicho que no somos nosotros los que tenemos que decidir quien puede salir en el periodico - respondio Henriksson.
– Es verdad -dijo Annika-. Pero somos nosotros los que tenemos que decidir si una persona esta en su sano juicio para comprender quienes somos y lo que decimos. Esta tia estaba demasiado loca. No saldra en el periodico. Sin embargo, puedo escribir algo de que la responsable del proyecto se encontraba en el edificio cuando ocurrio la explosion, que esta totalmente desolada por la muerte de Stefan y se acusa de su muerte. Pero no creo que el periodico deba publicar su foto y nombre.
Permanecieron sentados en silencio el resto del trayecto hasta el periodico. Annika dejo a Henriksson en la entrada antes de aparcar en el garaje.
Bertil Milander estaba sentado frente al televisor en la impresionante biblioteca estilo modernista; percibia la sangre latir en su cuerpo, zumbar y bullir por sus venas, su respiracion llenaba la habitacion. Sintio que se dormia. El sonido de la television era un leve susurro, le llegaba como un ligero murmullo a traves del sonido del garaje corporal. Ahora mismo habia dos mujeres sentadas hablando y riendo, pero el no oia lo que decian. A intervalos aparecian carteles en la pantalla con banderas y numeros de telefono junto a las diferentes divisas. No comprendia de lo que se trataba. Los medicamentos antidepresivos hacian todo muy difuso. A veces sollozaba.
– Christina -murmuraba y lloriqueaba.
Debio de adormecerse, pero de repente estaba completamente despierto. Reconocio el olor y sabia que significaba peligro. Las senales de peligro ya estaban tan arraigadas en el que le llegaban hasta a traves del sueno y la influencia de las pildoras. Lucho por levantarse del sofa de piel, tenia la presion muy baja y se mareo un poco. Se incorporo, se agarro al respaldo e intento localizar el olor. Venia del salon. Se movio cuidadosamente y se sujeto a la estanteria hasta sentir que la presion le volvia a subir.
Su hija estaba en cuclillas delante de la chimenea y la alimentaba con una especie de carton rectangular.
– ?Que haces? -pregunto Bertil Milander desconcertado.
El tiro no era lo mejor de la vieja chimenea y el humo se extendia en pequenas bocanadas por el salon.
– Estoy haciendo limpieza -respondio su hija Lena.
El hombre se acerco a la joven y se sento en el suelo junto a ella.
– ?Encendiendo un fuego? -pregunto el, solicito.
Su hija le observo.
– Esta vez no lo hago sobre el parque -contesto.
– ?Por que?
Lena Milander miro fijamente a las llamas que se extinguian rapidamente. Rasgo un pedazo mas de carton y alimento de nuevo el fuego. Las llamas atraparon el trozo de carton y lo encerraron en su regazo. Durante unos segundos permanecio tumbado y rigido en el fuego, luego se encogio rapidamente en una bola y desaparecio. Los ojos sonrientes de Christina Furhage desaparecieron para siempre.
– ?No quieres tener ningun recuerdo de mama? -pregunto Bertil.
– Siempre me acordare de ella -dijo Lena.
Rasgo tres hojas mas del album y las arrojo al fuego.
Eva-Britt Qvist levanto la vista cuando Annika paso a su lado camino a su despacho. Annika saludo amablemente, pero Eva-Britt la corto al instante.
– ?Asi que ya has vuelto de la rueda de prensa? -dijo triunfante.
Annika comprendio enseguida lo que la secretaria queria que respondiera: «?Que rueda de prensa?», luego Eva-Britt Qvist podria mostrar que era ella la que lo tenia que controlar todo en la redaccion de sucesos.
– No he ido -contesto, sonrio aun mas, entro en su despacho y cerro la puerta. «?Bien!, ahora te vas a quedar sentada ahi fuera pensando donde he estado», se dijo.
Entonces llamo al movil de Berit. Sonaron las senales, pero el buzon de voz robo la conexion. Berit tenia siempre el movil en el fondo del bolso y nunca conseguia cogerlo a la primera llamada. Annika espero treinta segundos y volvio a llamar. Esta vez Berit respondio a la primera.
– Estoy en la rueda de prensa en la jefatura de policia -contesto la reportera-. Tu habias salido, asi que me vine con Ulf Olsson.
«?Que encanto!», penso Annika.
– ?Que dicen?
– Muchas cosas. Vuelvo pronto.
Colgaron. Annika se recosto en la silla y puso los pies sobre la mesa. Encontro un chocolate de tofe semiderretido en la caja de boligrafos y rompio presurosa la tableta pringosa en pequenos pedazos. Se habian formado pequenos cristales de azucar en los extremos, pero se podia comer.
A pesar de que quiza no se atreveria a decirlo en voz alta en la redaccion, no pudo evitar pensar que la conexion entre la explosion asesina y los Juegos era muy poco consistente. La cuestion era si estas, a pesar de todo, eran dos muertes dirigidas personalmente contra dos personas en particular. El pabellon de Satra era lo menos parecido a un pabellon olimpico que se podia encontrar. Tenia que haber cantidad de vinculos comunes entre Christina Furhage y Stefan Bjurling. El eslabon podia ser los Juegos Olimpicos, pero no tenia por que serlo.
