levantaba, como una senal, hacia el cielo.
La entrada cuadrada se encontraba en la otra fachada; yo me aranaba con las asperezas de la pared al ir hacia ella. El hueco se encontraba un poco alto y me costaba subir.
Dentro, el tiempo se detenia: el polvo en el aire, los oblicuos rayos de luz. La doble sensacion de paredes abrigadas y cielo abierto era embriagadora. La luz se filtraba entre las copas del bosque de maleza y los restos del tejado. El suelo tambien habia comenzado a resquebrajarse; debia tener cuidado cuando entraba.
Bajo el suelo estaba la entrada al escenario. Yo lo sabia. En algun lugar debajo de los suaves tablones estaba esperandome la Verdad. Una vez me arme de valor y baje a ese lugar, investigue el suelo para encontrar el sendero a la luz. Pero solo encontre paja y ratas muertas.
Miercoles 22 de diciembre
Le tocaba a Annika llevar a los ninos a la guarderia, asi que podia quedarse remoloneando en la cama un rato despues de que Thomas se fuera. Solo faltaban dos dias para Nochebuena, estaban en el esprint final. Era extraordinario lo poco que necesitaba para recuperar las ganas de vivir. Despues de unas horas en casa, unas galletas de especias y un autentico polvo estaba de nuevo preparada para los buitres. Por una vez pudo dormir toda la noche sin ninos en la cama, pero ahora se habian despertado y entraron corriendo en el dormitorio. Los abrazo y juguetearon tanto tiempo en la cama que estuvieron a punto de llegar tarde. Ellen se habia inventado un juego que se llamaba el Juego de la Albondiga: tenian que hacerse cosquillas en los dedos de los pies y gritar «albondigas, albondigas» constantemente. A Kalle le gustaba el juego del avion, en el que Annika se tumbaba boca arriba y le sostenia con los pies bien en alto. De vez en cuando el avion se estrellaba para jubilo de todos. Acabaron construyendo una tienda con las almohadas, la manta y el pijama grande de Thomas. Tomaron un desayuno rapido de yogur de fresa y cereales, hicieron unos bocadillos para el almuerzo y llegaron a la guarderia con el tiempo justo. Ella no se quedo, sino que se fue en cuanto dejo a los ninos con el personal.
Todavia nevaba. La sucia masa yacia en montones a lo largo de las aceras. Desde que el ayuntamiento de Estocolmo creara las juntas de distrito ya no se retiraba la nieve de las calles. Le gustaria haber tenido fuerzas para implicarse politicamente.
Tuvo suerte con el 56, cogio el periodico en la entrada, tomo el ascensor y saludo al botones que se dirigia hacia la puerta de la redaccion. Envio un pensamiento de gratitud al director Schyman cuando vio al botones cargando con la segunda remesa de correo del dia. Todo iba mejor desde que Eva-Britt Qvist se habia vuelto a encargar del mismo.
Cogio un ejemplar del Konkurrenten y de los periodicos de la manana en la mesa de redaccion y una taza en la maquina de cafe automatica camino a su oficina. Eva-Britt estaba sentada en su sitio habitual y saludo enfadada. Todo seguia, por decirlo con otras palabras, como siempre.
Berit habia hecho un trabajo fantastico con la mujer del asesinado Stefan Bjurling. El articulo estaba en las paginas centrales, acompanado por una gran foto de la mujer y sus tres hijos, sentados en el sofa familiar de cuero en el adosado de Farsta. «La vida tiene que continuar», era el titular. La mujer, tenia treinta y siete anos y se llamaba Eva, parecia serena y seria. Los hijos, once, ocho y seis anos, miraban con los ojos muy abiertos a la camara.
«La maldad existe en el mundo de muchas formas -decia Eva en el articulo-. Es una tonteria pensar que aqui en Suecia estamos a salvo, solo porque no hemos tenido ninguna guerra desde 1809. La violencia y la crueldad estan donde una menos se lo espera.»
Eva estaba haciendo crepes cuando la policia llamo para notificarle la muerte de su marido.
«Una no puede derrumbarse cuando tiene tres hijos -comentaba Eva en el texto-. Ahora tenemos que hacer lo que podamos y continuar viviendo.»
Annika observo la fotografia durante un buen rato. La ligera sensacion de que algo no encajaba le llego solapadamente. ?No estaba la mujer demasiado serena? ?Por que no mostraba ningun sentimiento de pena o desesperacion en el articulo? De cualquier forma, el texto estaba bien, la foto funcionaba y el conjunto le gustaba. Alejo la sensacion de desagrado.
Patrik habia hecho, como de costumbre, un generoso trabajo con el analisis tecnico y la persecucion policial del Dinamitero. La teoria de que el asesino era el mismo en las dos explosiones se mantenia, a pesar de que se constataba que el explosivo utilizado era ligeramente distinto.
«El poder del explosivo era mucho menor esta vez -dijo el portavoz de la policia-. El analisis preliminar indica que o bien el explosivo ha sido otro, o que se ha utilizado otra composicion.»
En la siguiente reunion de la directiva, Annika recomendaria que Patrik fuera contratado como fijo.
Su articulo con la foto de los obreros del pabellon de Satra de Johan Henriksson ocupaba toda una pagina. Estaba bastante bien.
Paso las hojas del periodico, dejo atras al Dinamitero y llego a la seccion M &C, es decir Mujeres y Cultura. Internamente a estas paginas se las llamaba seccion
Justo cuando iba a buscar otra taza de cafe sono el telefono.
– Venga aqui -gimoteo una voz de hombre al telefono-. Se lo contare todo.
Era Evert Danielsson.
Annika guardo el bloc y el boligrafo en el bolso y llamo a un taxi.
Helena Starke se desperto en el suelo de la cocina. Al principio no sabia muy bien donde estaba. Tenia la boca seca como papel de lija, se habia quedado helada y le dolia la cadera. La piel de la cara estaba tirante a causa de tanto llorar.
Se incorporo a duras penas y se sento con la espalda apoyada en el armario del fregadero. Miro a traves de la ventana sucia y vio caer los copos de nieve. Respiro lenta y profundamente, obligandose a que entrase aire en sus pulmones. Le raspaba en la garganta como papel de lija del cinco; no estaba acostumbrada a fumar. «Es extrano -penso-. La vida parece totalmente nueva. El cerebro esta vacio, el cielo es blanco, el corazon esta tranquilo. He tocado fondo.»
Una suave paz la invadio. Estaba sentada en el suelo de la cocina, y veia el aguanieve ensuciar la ventana. Los recuerdos de los ultimos dias navegaban como grises fantasmas en lo profundo de su conciencia. Penso que deberia tener mucha hambre. Por lo que podia recordar, hacia una eternidad que no habia comido, solo habia bebido agua y cerveza.
La conversacion, el lunes anterior, con la periodista habia roto todos los diques. Por primera vez en su vida, Helena Starke habia sentido una pena grande y verdadera. Las horas que habian pasado desde entonces le habian hecho comprender que habia amado de verdad, por unica vez en su vida hasta el momento. Ayer, durante las horas nocturnas, descubrio poco a poco que realmente era capaz de amar, lo que le hizo afligirse aun mas. La confusion y la ausencia de Christina se habian trocado en una intensa lastima por si misma, que comprendio que tendria que aprender a aceptar. Era la clasica viuda desconsolada, pero la diferencia estaba en que nunca recibiria
