el apoyo y el consuelo de la gente. Eso estaba reservado a los modelos de relacion establecidos y a la institucion del amor heterosexual.
Helena se puso de pie con dificultad: tenia las articulaciones increiblemente rigidas. Habia estado sentada durante mucho tiempo en la silla de la cocina, fumando sin parar un cigarrillo tras otro; los encendia con la colilla del anterior. A altas horas de la noche no aguanto mas seguir sentada en la silla y se sento en el suelo. Al final debio de dormirse.
Cogio un vaso sucio del fregadero, lo enjuago bajo el grifo, bebio y sintio como se le hacia un nudo en el estomago. Recordo lo que Christina solia decir. Hasta casi pudo oir la voz en su cabeza:
«Tienes que comer, Helena, tienes que cuidarte».
Sabia que ella habia sido importante para Christina, quiza la persona mas importante en la vida de la jefa de los Juegos. Pero conocer el lado oscuro de Christina hacia que Helena no se hiciera ilusiones sobre lo que realmente significaba para ella. Simplemente, las personas no eran importantes para Christina.
Abrio la nevera y se sorprendio al encontrar una pequena tarrina de yogur Delikatess que habia caducado hacia solo dos dias. Cogio una cucharilla, se sento a la mesa y comenzo a comer… vainilla, su favorito. Miro el aguanieve; era verdaderamente desconsolador. El trafico resonaba, como siempre en Ringvagen; se pregunto por que aguantaba. De repente comprendio que no tenia por que hacerlo. Se merecia algo mejor. Tenia suficiente dinero en el banco y podia irse a cualquier parte del mundo que quisiera. Dejo la cucharilla sobre la mesa y rebano los ultimos restos de yogur con el dedo menique.
Era hora de irse.
El restaurante Sorbet estaba en el octavo piso de Lumahuset, en Sodra Hammarbyhamnen, y servia comida casera, tanto sueca como india. Los hombres que regentaban el local no eran demasiado minuciosos con el horario de apertura. Evert Danielsson pudo entrar a tomarse una taza de cafe, a pesar de que faltaban casi cincuenta minutos para que comenzaran a servir el almuerzo.
Annika encontro al director detras de una espaldera, a la derecha del local. Tenia el rostro extremadamente palido.
– ?Que ha pasado? -pregunto Annika y se sento en la silla de enfrente. Se quito la bufanda, los guantes, el abrigo y dejo la ropa en el respaldo de la silla de al lado.
Evert Danielsson suspiro y miro sus manos. Como de costumbre las habia colocado en el borde y sujetaban la tabla de la mesa con fuerza.
– Me mintieron -anuncio sofocado.
– ?Quienes?
El hombre levanto la mirada.
– El Adorno -respondio.
– ?Y que pasa? -pregunto Annika.
El hombre sollozo.
– Y la direccion, y Hans Bjallra. Todos mintieron. Dijeron que me asignarian otras funciones, que yo tendria que encargarme de cantidad de detalles tecnicos despues de la muerte de Christina. ?Pero me enganaron!
Annika miro a su alrededor apurada; no tenia tiempo para ejercer de mama de burocrata.
– Cuenteme lo que ha pasado -espeto con brusquedad, y tuvo la reaccion esperada.
El hombre se recompuso.
– Hans Bjallra, el presidente de la junta directiva, me prometio que la definicion de mis nuevas funciones laborales se realizaria con mi participacion, pero no sera asi en absoluto. Hoy por la manana cuando llegue al trabajo habia una carta esperandome. La habian enviado por mensajero por la manana temprano…
Se quedo en silencio y miro sus blancos nudillos.
– ?Y? -indago Annika.
– Decia que tenia que limpiar mi despacho antes del almuerzo. El comite no tenia intencion de usar mis servicios en adelante. Por lo tanto no tenia que estar a disposicion de la organizacion y podia buscarme otro empleo. Me pagaran la indemnizacion el veintisiete de diciembre.
– ?Cuanto es?
– Cinco pagas anuales.
– Pobrecito -dijo Annika con acritud.
– Si, ?no es terrible? -continuo Evert Danielsson-. Y mientras leia la carta llego un chico de secretaria; ni siquiera llamo a la puerta, simplemente entro. Me dijo que venia a buscar las llaves.
– ?Pero no le habian dicho que tenia hasta el mediodia?
– Las llaves del coche, se llevaron mi coche de empresa.
El hombre se inclino sobre la mesa y comenzo a sollozar. Annika observo en silencio el pelo gris intenso. Parecia algo rigido, como si lo secara con secador y usara laca. Noto que comenzaba a clarear en la coronilla.
– Puede comprarse uno nuevo. -En el mismo momento en que lo dijo se dio cuenta de que no valia la pena. No se le puede decir a una persona a la cual se le acaba de morir su mascota que se compre otra igual.
El hombre se sono y carraspeo.
– Ya no hay ninguna razon por la que tenga que ser leal -anuncio Evert Danielsson-. Christina ha muerto, a ella ya no la puedo herir.
Annika saco el bloc y el boligrafo del bolso.
– ?Que quiere contar? -pregunto.
Evert Danielsson la miro cansado.
– Lo se casi todo -informo-. Christina no era la unica candidata a directora del comite, ni siquiera de la campana para conseguir los Juegos para Estocolmo. Habia multitud de personas, casi todos hombres, que se consideraban mas capacitados.
– ?Como conocio a Christina?
– Ella venia de las finanzas y la banca, como sabra. La conoci hace once anos mas o menos; yo trabajaba como jefe del departamento administrativo de un banco en el que ella era subdirectora. Christina era muy odiada por la gente de abajo. Se la consideraba muy dura e injusta. Lo primero era verdad, pero lo otro no. Christina era increiblemente consecuente, nunca acababa con nadie que no lo mereciera. Sin embargo le gustaba ajusticiar a la gente en publico, lo que significaba que todos estaban muy asustados y procuraban no fallar. Es posible que influyera de una forma positiva en las ganancias, pero era pesima para la moral del banco. El sindicato propuso una votacion contra ella, y eso, como sabra, no suele ocurrir en la banca. Pero Christina lo paralizo. Los responsables sindicales que estaban detras de la protesta renunciaron y abandonaron el banco el mismo dia. No se que hizo para quitarselos de encima, pero no volvio a plantearse ninguna votacion.
Uno de los duenos del restaurante se acerco con una taza de cafe para Annika y volvio a llenar la taza de Evert Danielsson. Annika dio las gracias y creyo reconocer al hombre de un anuncio de tarjetas de credito. Tenia buena memoria para las caras, y con esta seguramente tenia razon. El canal de television que habia en el edificio usaba con frecuencia los figurantes que tenia a mano.
– ?Como es posible que continuara si era tan odiada? -pregunto Annika cuando el hombre del anuncio desaparecio.
– Bueno, yo tambien me lo pregunte. Christina llevaba de subdirectora del banco casi diez anos cuando yo llegue. Durante ese tiempo habian cambiado de director hasta dos veces, y Christina nunca fue candidata a sustituirle. Estaba segura en su posicion, pero no subia mas.
– ?Por que? -inquirio Annika.
– No lo se. La directiva quiza tuviera miedo de lo que haria si tenia todo el poder. Debieron descubrir de que material estaba hecha -dijo Evert Danielsson y cogio un terron de azucar.
Annika espero mientras el removia el cafe.
– Al final Christina comprendio que no llegaria mas lejos. Cuando la ciudad de Estocolmo decidio que presentaria la candidatura a los Juegos Olimpicos de verano, se encargo de que el banco fuera uno de los grandes patrocinadores. Yo creo que entonces ya habia concebido su plan.
– ?Que era…?
– Que ella se encargara de los Juegos. Se metio de lleno en ellos; despues de algunos tramites consiguio la excedencia en el banco y se encargo de los trabajos preparatorios como directora interina de los Juegos. No fue
