raro que la nombraran, a pesar de ser una total desconocida en un puesto de ese tipo. El trabajo estaba bastante mal pagado, mucho peor que en el banco. Por eso los altos cargos de las finanzas no estaban demasiado interesados en la tarea. Ademas la mision apenas era una senda directa al exito; quiza recuerde el descontento y los debates del principio. Los Juegos Olimpicos no eran populares entre el publico. Fue Christina la que hizo que la opinion cambiara.
– Todos dicen que hizo un trabajo sensacional -apunto Annika.
– Si -dijo Evert Danielsson con una mueca-. Era muy buena peloteando y ocultando diferentes gastos para presionar en diversos presupuestos. La del cambio de opinion de los suecos en relacion con los Juegos Olimpicos ha sido la campana mas cara realizada en este pais.
– Nunca lei nada sobre eso -respondio Annika esceptica.
– No, por supuesto que no. Christina nunca hubiera permitido la filtracion.
Annika anoto y recapacito.
– ?Cuando comenzo a trabajar para los Juegos Olimpicos? -pregunto.
Evert Danielsson sonrio.
– ?Asi que se pregunta cuanta mierda tengo en los zapatos y cuanta he tenido que limpiar? Bastante. Yo continue en el banco cuando Christina se fue a los Juegos, y tuve que encargarme de una parte de su trabajo. Eran sobre todo algunos encarguitos de naturaleza puramente administrativa. Fue una casualidad que yo empezara a trabajar para los Juegos.
El hombre se reclino en la silla; parecia estar de mejor humor.
– Cuando Christina consiguio los juegos la situacion cambio por completo. El trabajo como director general del comite era un puesto de prestigio. Todos estaban de acuerdo en que debia ser una persona competente con una larga experiencia en el ambito economico.
– Habia muchos candidatos, todos hombres, ?verdad? -pregunto Annika.
– Si, sobre todo un hombre que entonces era director general de la empresa estatal mas importante.
Annika rebusco en sus recuerdos y vio el rostro amable del hombre frente a ella.
– Justo, el se retiro por razones personales y fue nombrado gobernador provincial, ?o no?
Evert Danielsson sonrio.
– Si, exacto. Pero las razones personales en realidad eran una factura de una casa de putas de Berlin, que llego a mi despacho del banco justo despues de que Estocolmo hubiera conseguido los Juegos.
Annika se sorprendio. Ahora el ex director parecia disfrutar.
– No se como lo consiguio, pero Christina, de alguna manera, se entero de que el hombre habia estado con otros tipos en un club porno aprovechando un gran foro socialista en Alemania. Desenterro la factura de la tarjeta de credito, que por supuesto habia sido pagada con el dinero de los contribuyentes, y entonces la cosa quedo clara.
– ?Como? Y ?como consiguio la factura?
Evert Danielsson aparto la taza de cafe y se inclino sobre la mesa.
– La idea era que cuando se obtuvieran los Juegos, Christina volviera al banco. El Comite Olimpico sueco se apresuro a enviarnos todo su correo, y como yo me habia encargado de parte de sus tareas me parecio natural atender las facturas que llegaban.
– ?Era realmente parte de sus tareas abrir su correo? -inquirio Annika suavemente.
La sonrisa en el rostro del hombre se endurecio.
– No digo que yo fuera Blancanieves -dijo-. Yo le envie la factura original a Christina sin comentarla, pero me ocupe de sacar antes una fotocopia. A la manana siguiente el director general informo que no tenia intencion de aceptar la oferta de ser el director general del comite de los Juegos. Sin embargo recomendo a Christina Furhage para el puesto. Eso fue lo que ocurrio.
– ?Donde entra usted en la historia?
Evert Danielsson se reclino y suspiro.
– A estas alturas yo estaba muy cansado del banco. El que me encargaran una docena de las funciones de Christina mostraba lo que la direccion pensaba de mi. Alli no tenia ningun futuro. Asi que le ensene a Christina la copia de la factura y le dije que queria un buen trabajo en las oficinas de los Juegos Olimpicos. Solo un mes mas tarde tome posesion del puesto de jefe de las oficinas del comite.
Annika bajo la cabeza y medito. Podia ser verdad. Si el director general habia estado en un burdel con «unos cuantos tios» despues del foro internacional socialista, no era solamente su cabeza la que estaba sobre el cadalso. Los otros hombres debian de ser influyentes socialistas; sus carreras y sus reputaciones estaban en juego. Podian ser politicos regionales o nacionales, funcionarios de alto rango o representantes sindicales. De cualquier manera era seguro que tenian mucho que perder si los denunciaban como puteros. Con toda seguridad perderian sus cargos publicos o les despedirian de sus puestos de trabajo y serian demandados por fraude o abuso de confianza. Sus familias sufririan, quiza sus matrimonios se romperian. Para el director general debio de ser una eleccion sencilla. Renunciar al puesto de jefe de los Juegos o que su vida y la de sus colegas fuera destrozada.
– ?Todavia tiene la copia de la factura? -pregunto Annika.
Evert Danielsson se encogio de hombros.
– Lo siento. Tuve que darsela a Christina a cambio del trabajo.
Annika estudio al hombre que tenia enfrente. Quiza contara la verdad. La historia tenia logica y a el no le favorecia. De pronto recordo donde habia visto el rostro sonriente y amable del director general: el otro dia, en una fotografia junto a Christina Furhage en un suplemento especial.
– ?Como trabajaba Christina? -pregunto.
– Maravillosamente, por supuesto. Conocia todos los tejemanejes. Tenia a algunos de los pesos pesados de la directiva del COI en sus manos. No se exactamente como lo hacia, pero ejercia mucha influencia sobre algunos de ellos. Creo que era algo de sexo, dinero o drogas, quiza todo a la vez. Christina no dejaba nada al azar.
Annika escribia e intentaba que su expresion fuera neutral.
– Antes apunto que ella tenia muchos enemigos.
Evert Danielsson se rio corta y secamente.
– Si -contesto-. Puedo pensar en un buen numero de personas desde nuestro tiempo en el banco hasta ahora que querrian verla muerta y descuartizada. Humillaba con frecuencia en publico a todos los hombres que actuaban de forma machista cerca de ella, hasta que terminaban por derrumbarse. A veces pienso que disfrutaba haciendolo.
– ?No le gustaban los hombres?
– No le gustaban las personas, pero preferia a las mujeres. Por lo menos en la cama.
Annika se sorprendio.
– ?Que le hace pensarlo?
– Creo que tenia una relacion con Helena Starke.
– Pero no esta seguro.
El hombre miro a Annika.
– A las personas se les nota cuando tienen una relacion sexual. Se meten en la vida privada del otro, estan demasiado cerca, sus manos se rozan durante el trabajo. Pequenos detalles, pero decisivos.
– Sin embargo no le gustaban todas las mujeres…
– No, en absoluto. Odiaba a las mujeres que coqueteaban. Les cortaba las alas, reprobaba todo lo que hacian y las humillaba hasta que dimitian. A veces pienso que disfrutaba despidiendo a las personas en publico. Una de las peores ocasiones fue cuando destituyo a una joven llamada Beata Ekesjo delante de muchisima gente…
Annika abrio los ojos de par en par.
– ?Quiere decir que Beata Ekesjo odiaba a Christina Furhage?
– Con toda seguridad -dijo Evert Danielsson y Annika noto que se le erizaba el pelo de la nuca. Ahora supo que el hombre mentia. El dia anterior Beata Ekesjo habia dicho que admiraba a Christina Furhage. Christina era su modelo, estaba destrozada por su muerte. No habia ninguna duda en ello. Evert Danielsson estaba metiendo la pata, el no podia saber que Annika conocia a esa persona.
Eran las once y media y el restaurante comenzaba a llenarse de comensales. Evert Danielsson se agito, inquieto, y miro preocupado a su alrededor, pues sabia que alli iba la gente de los Juegos y como es logico no queria que le vieran con una periodista. Annika se dispuso a hacer las ultimas y definitivas preguntas.
