producia malestar.
– Era muy problematico, eso decia ella. Pero la verdadera razon era que queria trabajar y no queria cargar con un nino de mierda. Queria hacer carrera.
– Si, y la hizo de verdad -tuvo que admitir Annika.
– Al parecer al principio lo tuvo dificil. El primer jefe se aprovechaba de ella y la dejo embarazada, por lo menos eso es lo que ella decia. Se fue a Polonia a abortar y para colmo enfermo gravemente. Los medicos pensaron que no podria volver a tener hijos. Fue despedida, por supuesto, pero consiguio trabajo en un banco de Skara. Ahi trabajo duro, y al poco tiempo obtuvo una plaza en las oficinas centrales en Estocolmo. Subio rapidamente en el escalafon, y en algun lugar del camino conocio a papa y el se enamoro perdidamente de ella. Se casaron un par de anos despues, y entonces papa comenzo a insistir en que queria un nino. Mama dijo no, pero dejo de tomar la pildora para no desilusionarlo. Ella pensaba que probablemente no podria quedarse embarazada de nuevo.
– Pero se quedo -dijo Annika.Lena asintio.
– Ya habia cumplido cuarenta anos. Te puedes imaginar lo jodidamente sorprendida que se quedo. El aborto ya era legal, pero por una vez en la vida papa se enfrento a ella y la amenazo con abandonarla. Ella tuvo que aceptar el trago amargo y tenerme.
La joven hizo una mueca y bebio de su cerveza.
– ?Quien te ha contado todo esto? -pregunto Annika.
– Mama, por supuesto. Ella no ocultaba lo que sentia por mi. Siempre decia que me odiaba. El primer recuerdo que tengo de mama es de ella empujandome y yo cayendome y golpeandome. Papa me queria, pero nunca se atrevia a mostrarlo del todo. Le tenia mucho miedo a mama.
Penso un instante sobre esto y continuo:
– Creo que la mayoria de la gente le tenia miedo a mama. Tenia la habilidad de asustar a la gente. Todos los que llegaban a estar cerca de ella tenian que firmar un papel con la obligacion de guardar silencio total. Nunca podian hablar en publico sobre Christina sin su permiso.
– ?Y eso era legal? -pregunto Annika.
Lena Milander se encogio de hombros.
– No importa, la gente lo creia y les asustaba para que guardaran silencio.
– No es de extranar que en el periodico no hayamos podido sacar mucho -comento Annika.
– Mama solo le tenia miedo a dos personas, a mi y a Olle.
«Que triste», penso Annika.
– Estaba siempre preocupada de que le prendiera fuego -dijo Lena y sonrio torvamente-. Desde aquella vez que queme el parque del salon de Tyreso andaba siempre obsesionada conmigo y las cerillas. Me envio a una casa de tratamiento para jovenes con problemas, pero despues de que le prendiera fuego me dieron permiso para volver a casa; eso es lo que pasa con los ninos a los que nadie quiere. Cuando Asuntos Sociales no puede mas con ellos, los padres tienen que ocuparse de sus pequenos diablos.
Encendio su nuevo y rugoso cigarrillo.
– Una vez experimente en el garaje con una bomba casera. Exploto antes de tiempo y la puerta del garaje volo por los aires; la metralla me alcanzo en una pierna. Mama creyo que la haria volar en pedazos con una bomba en el coche; despues de eso los coches bomba la volvian histerica.
Rio sin alegria.
– ?Donde aprendiste a hacer bombas? -pregunto Annika.
– Habia recetas circulando incluso antes de Internet, no es dificil. ?Quieres que te ensene?
– No gracias, no lo necesito. ?Por que le tenia miedo a Olof?
– En realidad no lo se, nunca me lo conto. Solo me dijo que tuviera cuidado con Olle, que era peligroso. Debio de amenazarla de alguna manera.
– ?Has llegado a conocerlo?
La joven agito la cabeza y sus ojos quedaron en blanco. Expulso el humo y se desprendio de la inexistente ceniza en el cenicero.
– No se donde esta -contesto.
– ?Pero crees que sigue vivo?
Lena dio una calada profunda y miro a Annika.
– Si no, ?por que tenia mama tanto miedo? -respondio-. Si Olle estuviera muerto no necesitariamos proteccion.
«Cierto», penso Annika. Dudo un instante, pero luego hizo la pregunta desagradable.
– ?Crees que tu madre conocio a alguien de quien estuviera enamorada?
Lena se encogio de hombros.
– No me importa -respondio-. Pero no lo creo. Mama odiaba a los hombres. A veces pienso que tambien odiaba a papa.
Annika abandono el tema.
– Como ves, no es que fuese una «mujer ideal» -dijo Lena.
– No, no lo era -contesto Annika.
– ?Vais a escribir eso mas veces?
– Espero que podamos evitarlo -replico Annika-. Pero a mi me suena como si tu madre tambien fuera una victima.
– ?Que quieres decir? -pregunto Lena, rapidamente a la defensiva.
– Tambien fue abandonada, igual que Olof.
– Hay una diferencia. La abuela no se podia ocupar de ella, el mundo estaba en guerra, y la abuela la queria de verdad. La pena mas grande en la vida de la abuela era que Christina no pudiera crecer a su lado.
– ?Vive tu abuela?
– No, murio el ano pasado. Mama fue al entierro, lo contrario hubiera sido extrano -respondio-. Pero la abuela y mama se veian todas las fiestas mayores y por vacaciones cuando mama era pequena; siempre celebraban el cumpleanos de mama juntas.
– Suena como si pudieras perdonar a tu abuela pero no a tu madre -dijo Annika.
– ?Y tu desde cuando eres una jodida psicologa?
Annika levanto las manos.
– Perdona -contesto.
Lena la observo expectante.
– Okey -dijo al cabo y le dio el ultimo trago a la cerveza-. Pienso quedarme aqui y emborracharme. ?Tienes ganas de acompanarme, entrar en la niebla rio abajo?
Annika esbozo una sonrisa.
– Lo siento -respondio y comenzo a juntar sus cosas. Se puso el abrigo y se paso la correa del bolso por el hombro.
Entonces se detuvo y dijo:
– ?Quien crees que la mato?
Los ojos de Lena se empequenecieron.
– Yo por lo menos no fui.
– ?Conocia a un tal Stefan Bjurling?
– ?La nueva victima? No tengo ni idea. Ahora no escribais mas mierda -anadio Lena Milander y volvio ostensiblemente la cabeza.
Annika entendio la senal, se fue hacia la camarera, pago su cuenta y la de Lena y abandono el local.
La mujer se introdujo en la entrada hipermoderna del Kvallspressen e intento aparentar que formaba parte del lugar. Vestia un abrigo de lana de tres cuartos recto que oscilaba entre azul y lila dependiendo de la luz, con el pelo oculto bajo una boina marron. Del hombro izquierdo colgaba un bolso imitacion de Chanel y en la mano derecha llevaba un maletin de cuero rojo oscuro. Usaba guantes. Cuando la puerta de entrada volvio a cerrarse detras de ella, se detuvo y miro a su alrededor; su mirada cayo sobre la recepcion acristalada del fondo, en la esquina izquierda. Arreglo la delgada correa sobre el hombro y se encamino hacia la garita de cristal. Ahi dentro estaba sentado el botones Tore Brand, que habia reemplazado al recepcionista ordinario, que se habia ido a
