tomar un cafe y a fumar.
Tore Brand apreto el boton que regulaba el mecanismo de la ventanilla de la garita cuando la mujer casi estaba encima. Puso una mueca oficial y pregunto secamente:
– ?Si?
La mujer levanto de nuevo el bolso del hombro y carraspeo un poco.
– Yo… busco a una reportera, se llama Annika Bengtzon. Trabaja en…
– Si, lo se -corto Tore Brand-. No esta.
El botones tenia el dedo listo sobre el boton para cerrar la ventanilla. La mujer manoseo desconcertada el asa del maletin.
– Vaya, no esta. ?Cuando vuelve?
– Nunca se sabe -respondio Tore Brand-. Esta trabajando y entonces no se sabe lo que puede ocurrir o cuanto tiempo se tomara.
Se inclino hacia adelante y dijo confidencialmente.
– Esto es un periodico, ?sabe?
La mujer rio azorada.
– Si, gracias, lo se. Pero necesitaria ver a Annika Bengtzon. Quiero darle algo.
– Si, ?que? -pregunto el botones curioso-. ?Es algo que yo le pueda entregar?
La mujer dio un paso atras.
– Es solo para Annika, es ella quien debe tenerlo. Hablamos ayer, es muy importante.
– Si quiere, puede dejar papeles u otra cosa; yo me encargo de que se los den y que los lea.
– Gracias, pero creo que volvere mas tarde.
– Aqui vienen muchos chiflados con cajas llenas de papeles todos los dias, fanaticos, victimas de las companias de seguros y locos, pero los cogemos todos. Dejeme lo que tenga y yo me encargare del asunto.
La mujer se dio la vuelta y salio apresuradamente por la puerta. Tore Brand cerro la ventanilla y sintio que necesitaba un cigarrillo con autentico desespero.
Annika se abria paso a empellones en Gotgatan entre la gente acelerada de Navidad cuando de pronto se dio cuenta de que estaba a un par de manzanas del piso de Helena Starke. En lugar de ir contra la corriente que venia del metro de Skanstull, se dio la vuelta y la siguio. Fue dejandose llevar por Ringvagen; aqui, como en Kungsholmen, apenas se retiraba la nieve. Su memoria matematica no le fallo; recordo las cifras del codigo de la puerta numero 139. Esta vez Helena Starke abrio despues de la primera corta senal.
– No se da por vencida, ?verdad? -solto al abrir la puerta.
– ?Le puedo hacer solo un par de preguntas? -rogo Annika.
Helena resoplo sonoramente.
– ?Que le pasa? ?Que cono quiere de mi?
– Por favor, aqui en la escalera no…
– Ya no importa, ?me voy de aqui!
Grito las ultimas palabras para que las viejas chismosas la oyeran. Ahora tendrian algo sobre lo que cotillear.
Annika miro por encima del hombro de la mujer; realmente parecia estar haciendo el equipaje. Helena Starke refunfuno.
– Bueno, entre, pero que sea rapido. Me voy esta noche.
Annika se decidio a ir directa al grano.
– Se que mintio sobre el nino, Olof, pero me importa un comino. Simplemente he venido a preguntarle si tenia una relacion con Christina Furhage.
– Si asi fuera, ?que cono le importa a usted? -contesto Helena Starke sosegada.
– Nada, a no ser porque estoy intentando que todo encaje. ?La tenian?
Helena Starke suspiro.
– Si se lo confirmara, entonces manana estaria en titulares por todo el pais, ?o no?
– Claro que no -dijo Annika-. La sexualidad de Christina no tiene nada que ver con su funcion publica.
– Okey -respondio Helena Starke casi divertida-. Lo confirmo. ?Contenta?
Annika se desconcerto.
– ?Y que va a preguntar ahora? -inquirio Helena Starke con acritud-. ?Que haciamos cuando follabamos? ?Si utilizabamos vibradores o dedos? ?Si Christina chillaba cuando se corria?
Annika bajo la vista, se sentia como una estupida. Verdaderamente esto no tenia nada que ver con ella.
– Perdon -contesto-. No era mi intencion avasallar.
– No, pero es justo lo que ha hecho -solto Starke-. ?Algo mas?
– ?Conocia usted a Stefan Bjurling? -pregunto Annika y volvio a alzar la mirada.
– Un verdadero cerdo -respondio Starke-. Si alguien se merecia un paquete de dinamita en los rinones era el.
– ?Christina lo conocia?
– Sabia quien era.
Annika cerro la puerta que habia estado entornada.
– Por favor, ?me puede contar como era Christina en realidad?
– Dios mio, han estado llenando el periodico toda la semana con articulos sobre como era ella.
– Quiero decir Christina la persona, no el cliche.
Helena Starke se apoyo contra el dintel de la puerta del salon y miro con interes a Annika.
– ?Por que es usted tan curiosa? -pregunto.
Annika inspiro por las ventanas de la nariz. Aqui olia realmente a moho.
– Mi imagen de Christina cambia cada vez que hablo con alguien que la conocio. Creo que usted es la unica con la que intimo de verdad.
– Esta equivocada -contesto Helena Starke. Se dio la vuelta y fue a sentarse en el sofa del pequeno salon. Annika la siguio sin ser invitada.
– ?Quien la conocia entonces?
– Nadie -respondio Helena-. Ni siquiera ella misma. A veces tenia miedo de lo que era, o quiza mas bien de lo que habia llegado a ser. Christina llevaba demonios horribles en su interior.
Annika observo el rostro de la mujer. La luz del recibidor le caia sobre la nuca; de perfil, Helena Starke era manifiestamente bella. Al fondo, en la habitacion reinaba la oscuridad; afuera, el zumbido del trafico de Ringvagen.
– ?Como surgieron los demonios? -pregunto Annika en voz baja.
Helena Starke resoplo.
– Paso verdaderos infiernos desde su infancia. Era sumamente inteligente, pero eso nunca importaba. La gente la puteaba de todas las maneras posibles, y ella lo supero volviendose fria e inalcanzable.
– ?Que quiere decir con que la gente la puteaba?
– Ella era una pionera como mujer directiva en la empresa privada, en la banca, en los consejos de direccion. Intentaron destruirla constantemente, pero nunca lo consiguieron.
– La cuestion es si lo consiguieron, a pesar de todo -anadio Annika-. Una se puede romper, aun cuando la superficie este entera.
Helena Starke no respondio. Miraba sin ver a la oscuridad; despues de un rato se llevo la mano a los ojos y se seco algo.
– ?Sabia alguien que ustedes… estaban juntas?
Helena Starke nego con la cabeza.
– No. Nadie en absoluto. Seguro que hablaban, pero nunca nadie nos lo pregunto directamente. Christina tenia mucho miedo de que saliera a la luz, cambiaba de chofer cada ocho semanas para que nadie relacionara sus visitas habituales.
– ?Por que tenia tanto miedo? Ahora hay muchas personalidades publicas que reconocen su homosexualidad.
– No era solo eso -respondio Helena Starke-. Las relaciones entre los empleados de la oficina de los Juegos Olimpicos estaban totalmente prohibidas, la misma Christina lo decidio. Si nuestra relacion se hubiera hecho
