publica, seguramente no habria sido solo yo la que hubiera tenido que irse. Ella no hubiese podido seguir como directora general al romper sus reglas mas importantes.

Annika dejo que las palabras reposaran. Aqui habia otra cosa mas a la que Christina Furhage tenia miedo. Observo el perfil inclinado de Helena Starke y comprendio la paradoja. Christina Furhage habia arriesgado por esta mujer todo por lo que habia luchado en su vida.

– Estuvo aqui la ultima noche, ?verdad?

Helena Starke asintio.

– Cogimos un taxi, Christina pago en metalico. No me acuerdo muy bien, pero ella solia hacer eso. Yo estaba totalmente borracha, pero recuerdo que Christina estaba enfadada. Hicimos el amor violentamente, luego me apague. Cuando me desperte ya se habia ido.

Se quedo en silencio y reflexiono.

– Christina ya estaba muerta cuando me desperte -anadio.

– ?Recuerda cuando se fue de aqui?

La mujer suspiro en la oscuridad.

– No, pero la policia dice que recibio una llamada en su movil a las dos y cincuenta y tres de la manana. Ella contesto y hablo durante tres minutos. Tuvo que ser despues de que follaramos, pues Christina no podia hablar por telefono cuando lo haciamos…

Volvio el rostro hacia Annika y sonrio cenuda.

– ?No es horrible no poder contar abiertamente lo que sientes? -pregunto Annika.

Helena Starke se encogio de hombros.

– Cuando me enamore de Christina sabia lo que me esperaba. No fue facil conseguir que se relajara, me llevo mas de un ano.

Se rio ligeramente.

– Christina era increiblemente inexperta. Era como si nunca antes hubiera disfrutado del sexo, pero cuando por fin descubrio lo divertido que era, entonces nunca tenia suficiente. Jamas he tenido una amante tan maravillosa.

Annika sintio crecer su desazon; esto no le incumbia. No queria entender como esta bella mujer de cuarenta anos le hacia el amor a una vieja fria como el hielo de cerca de sesenta anos. Se agito para sacudirse esa sensacion.

– Gracias por contarmelo -dijo simplemente.

Helena Starke no respondio. Annika se dio la vuelta y se dirigio hacia la puerta.

– ?Adonde se va? -pregunto.

– A Los Angeles -contesto Helena Starke.

Annika se detuvo y miro por encima del hombro.

– ?Lo ha decidido de repente? -dijo.

Helena Starke aparecio detras del quicio de la puerta y fijo sus ojos en ella.

– No fui yo quien la mato.

Annika llego a la redaccion a tiempo para el Eko de las cinco menos cuarto. La noticia principal era una exclusiva, por lo menos tal como la entendia el Eko. Habian hecho publico el ahorro en politica regional que presentaria el gobierno a finales de enero. Las inversiones en politica regional no eran especialmente sugestivas a los oidos de Annika, pero la siguiente noticia era mas interesante. Eko habia conseguido los resultados preliminares del explosivo utilizado en la muerte de Stefan Bjurling. Los componentes eran seguramente los mismos que en la explosion del estadio: una mezcla de nitroglicerina y nitroglicol de alta densidad, pero las cantidades y los envases eran distintos. Segun Eko el explosivo seguramente estaba compuesto de cartuchos de papel de una dimension menor, y el diametro era de entre 22 y 29 milimetros. La policia no queria comentar los datos; solo dijo que el analisis tecnico todavia no habia terminado.

«De esto debera encargarse Patrik», penso Annika e hizo una anotacion en el bloc.

Eko no tenia nada mas que tuviera que ver con su trabajo asi que apago la radio y decidio telefonear. Los obreros que trabajan con Stefan Bjurling deberian haber regresado ya a casa. Saco el texto de su articulo en el periodico y comenzo con informacion telefonica. Algunos de los hombres se llamaban Sven Andersson y nombres por el estilo, eran dificiles de identificar, pero cinco nombres eran lo suficientemente raros para no tener que llamar a cincuenta personas para acertar. A la tercera llamada dio en el clavo.

– Si, yo tenia la camara -dijo el fontanero Herman Osel.

– ?Saco alguna foto de Christina Furhage?

– Si, claro que lo hice.

El corazon de Annika comenzo a latir con fuerza.

– ?Y de Stefan Bjurling?

– No, de el solo no, pero creo que estaba en la foto que le saque a Christina Furhage.

«?No es posible! ?Vaya suerte!», penso Annika.

– ?No esta seguro? -pregunto.

– No, todavia no he revelado el carrete. Habia pensado sacarle unas fotos a mis nietos en Navidad y…

– Herman, el Kvallspressen le podria ayudar a revelar el carrete. Por supuesto, le daremos un carrete nuevo, y si resulta que hay alguna fotografia que nos pueda interesar, ?estaria dispuesto a vendernosla?

El fontanero no comprendia del todo.

– ?Me quieren comprar el carrete? -pregunto dudando.

– No, el carrete es suyo, por supuesto. Luego se lo devolvemos. Pero quiza estariamos interesados en comprarle los derechos de una de las fotos. Es asi como funciona cuando queremos comprar fotos a los fotografos freelance.

– Bueno, no se…

Annika respiro profundamente en silencio y se animo a ser pedagogica.

– Asi estan las cosas -explico-. Nosotros en el Kvallspressen pensamos que es muy importante que el Dinamitero que ha matado a Christina Furhage y a Stefan Bjurling sea apresado y encarcelado. Es importante tanto para las familias de Christina y Stefan y sus companeros de trabajo como para toda la nacion; si, en realidad para el mundo entero. Los Juegos estan amenazados, tenemos que comprenderlo. La mejor de manera de divulgar informacion y crear opinion es dejando que los medios hagan su trabajo de utilidad publica, lo que para el Kvallspressen significa escribir sobre las victimas y el trabajo policial. Nuestro trabajo funciona en parte gracias a la cooperacion policial y del fiscal, y en parte a traves del trabajo propiamente periodistico. Este incluye hablar con los companeros de trabajo de las victimas, por ejemplo. Por eso me pregunto si podriamos publicar la foto de Christina y Stefan juntos, si es que la tiene en su carrete…

Tenia la garganta seca despues de esa perorata, pero al parecer funciono.

– Bueno, si, esta bien, ?pero que es lo que hacemos entonces? Correos ya ha cerrado.

– ?Donde vive? -pregunto Annika, que no habia pedido las direcciones a informacion telefonica.

– En Vallentuna.

– Herman, le voy a pedir a uno de nuestros colaboradores que vaya su casa a buscar el carrete…

– Pero todavia quedan fotos.

– Le daremos un carrete nuevo, gratis. Manana por la manana le devolveremos el carrete, revelado y listo. Si encontramos alguna foto que publicar le pagaremos novecientas treinta coronas, que es el precio de foto de archivo segun el Bildleverantorernas Forening. Si asi fuera nuestro redactor grafico le llamara manana para saber sus datos personales y asi poder pagarle. ?Okey?

– ?Novecientas treinta coronas? ?Por una foto?

– Si, ese es el precio segun el BLE

– ?Joder! ?Por que no me hice fotografo? Por supuesto que puede venir a buscar el carrete. ?Cuando estaran aqui?

Annika apunto la direccion del hombre y una pequena descripcion del camino y colgo. Recogio un carrete en el departamento de fotografia y fue a ver a Tore Brand en la porteria para pedirle que uno de los choferes fuera a Vallentuna. «No se preocupe», dijo Tore.

– Ah, hoy vino una persona buscandola -le dijo a Annika cuando se iba.

– Si, ?quien?

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