– ?Estan los ninos en la guarderia? ?Cual? ?Quien lo sabe? ?Donde trabaja su marido? ?Pueden localizarlo?

Anders Schyman prometio que el mismo se encargaria de que la familia de Annika fuera informada y atendida. Le dio al funcionario el numero de movil de Annika y le rogo que hicieran un buen trabajo.

Caminaron junto al canal de Sickla y pasaron un bosquecillo junto al estadio. Los pequenos pinos estaban destrozados a causa de la explosion, uno estaba caido con las raices al descubierto, las ramas de otros se habian quebrado. La nieve tenia aproximadamente dos decimetros de profundidad. A Annika se le empaparon de nieve los zapatos.

– ?Esta lejos? -pregunto.

– No mucho -respondio Beata.

Siguieron caminando pesadamente en la nieve y Annika comenzo a irritarse de verdad. La pista de entrenamiento se perfilaba por encima de ellas. Annika podia ver los ultimos pisos de Lumahuset a lo lejos.

– ?Como subiremos? No hay ninguna escalera -dijo y miro a lo largo del muro de hormigon que sostenia el lateral de la pista. Beata la alcanzo y camino a su lado.

– No vamos a subir ahi arriba. Solo sigue el muro -senalo.

Annika continuo caminando a duras penas en la nieve. El estres comenzo a fluir por sus venas, tenia que escribir el articulo sobre la identificacion del Dinamitero antes de irse a casa, y todavia no habia envuelto los regalos de Navidad de los ninos. Bueno, eso lo haria por la noche, cuando se hubieran dormido. El descubrimiento de Beata podia ser lo que hiciera hablar a la policia.

– ?Ves que el muro desaparece ahi delante? -anuncio Beata a su espalda-. Hay una entrada un par de metros bajo la pista, es ahi adonde vamos.

Annika tirito, hacia frio a la sombra del muro. Podia oir su propia respiracion y el zumbido del cinturon Sur tras ella; por lo demas el lugar era silencioso y tranquilo. Ahora por lo menos sabia adonde iba.

La patrulla policial estaba compuesta por dos policias uniformados y dos de paisano. Anders Schyman los recibio en su despacho.

– Vienen dos patrullas de Tecnicos en Desactivacion de Explosivos con perros -dijo uno de los policias de paisano-. Existe un serio riesgo de que haya colocado mas bombas aqui, en la redaccion. El edificio debe ser evacuado y registrado.

– ?Es realmente necesario? ?Hemos sido amenazados? -pregunto Anders Schyman.

El policia le miro con seriedad.

– Hasta ahora ella nunca ha avisado.

– ?Ella?

El otro policia se adelanto.

– Si, creemos que el Dinamitero puede ser una mujer.

Anders Schyman paso la mirada de uno a otro.

– ?Por que lo creen?

– Lo siento, pero eso no lo podemos comentar ahora.

– ?Pero por que no la detienen?

– Ha desaparecido -informo el primero de los policias y cambio de conversacion-. No hemos conseguido localizar a Annika Bengtzon. ?Tiene alguna idea de donde pueda estar?

Anders Schyman nego con la cabeza, tenia la boca completamente seca.

– No, solo dijo que iba a entrevistar a alguien.

– ?A quien?

– No lo dijo. Me comento que a un hombre.

– ?Tiene coche?

– No creo.

Los policias intercambiaron miradas, este hombre no sabia gran cosa.

– Okey, tenemos que saber que vehiculo utilizaba y buscarlo. Ahora abandonemos el edificio.

– Aqui los distintos participantes haran el calentamiento previo a las diferentes competiciones -explico Beata cuando entraron bajo el estadio.

El lugar era opaco, casi oscuro bajo el techo de hormigon. Annika vio la abertura a lo lejos. Al otro lado estaba la villa olimpica, cuyas casas blancas brillaban al sol. Todos los cristales de las ventanas centelleaban y refulgian, eran completamente nuevos. Una de las tareas prioritarias habia sido arreglar los cristales destrozados. Habia peligro de que las canerias de las casas se congelaran.

– Los participantes tienen que poder llegar facilmente al estadio -informo Beata-. Esta zona esta abierta al publico, y para que los participantes no tengan que hacer cola en la entrada principal cuando compitan, hemos construido una entrada subterranea que va desde aqui hasta el estadio.

Annika se volvio y miro a la oscuridad.

– ?Donde? -pregunto sorprendida.

Beata sonrio.

– No hemos puesto indicaciones -contesto-. Si no, la gente podria entrar. Aqui en la esquina, ven te lo voy a ensenar.

Annika se encontro frente a una puerta de hierro pintada de gris, que apenas se distinguia en la oscuridad. A lo ancho de la puerta habia una barra de hierro, parecia llevar al cuarto de la basura o algo por el estilo. Junto a la barra de hierro habia un cajetin de chapa que Beata abrio. Annika vio como sacaba una tarjeta del bolsillo del abrigo y la introducia en el lector.

– ?Tienes tarjeta para entrar aqui? -pregunto Annika sorprendida.

– Todos la tienen -respondio Beata y levanto la barra de hierro.

– ?Que haces? -dijo Annika.

– Abrir -contesto Beata y abrio la puerta de hierro. Las bisagras eran totalmente silenciosas; dentro, la oscuridad era compacta.

– ?Pero se puede hacer esto? ?No esta la alarma conectada? -exclamo Annika y sintio un cosquilleo de malestar.

– No, las alarmas no estan conectadas de dia. Se trabaja a destajo en el estadio. Entra aqui y veras algo muy extrano. Espera, voy a encender.

Beata acciono un gran interruptor que habia junto a la puerta y una serie de tubos fluorescentes se encendieron en el techo. Las paredes del pasadizo eran de hormigon y el suelo de linoleo amarillo corriente. El techo tenia una altura de dos metros y medio. Continuaba unos veinte metros, luego giraba a la izquierda y desaparecia hacia el estadio olimpico. Annika tomo aliento y entro en el pasadizo. Se dio la vuelta y vio como Beata cerraba la puerta.

– Segun el reglamento no puede estar abierta -informo Beata y volvio a sonreir.

Annika tambien sonrio, se volvio y siguio caminando.

– ?Es por aqui? -pregunto.

– Si, a la vuelta -contesto Beata.

Annika sintio como le bullia la sangre; esto era realmente emocionante. Siguio apresurada y oyo los tacones resonar en el tunel; al doblar la esquina, un poco mas lejos, aparecieron un monton de cachivaches.

– ?Aqui hay algo! -exclamo y se volvio hacia Beata.

– Si, es lo que te queria ensenar. Ya veras que interesante.

Annika se coloco mejor la correa del bolso sobre el hombro y acelero el paso. Habia un colchon, dos sencillas sillas de jardin, una mesa de camping y una nevera portatil. Se acerco y observo los objetos.

– Alguien ha estado durmiendo aqui -dijo, y en ese mismo momento vio la caja de dinamita. Era pequena, blanca y llevaba el texto «Minex» impreso a lo largo. Jadeo, y de repente algo le cayo alrededor del cuello. Sus manos volaron hacia la garganta pero no consiguieron sujetar la cuerda. Intento gritar, pero el cordel ya le apretaba demasiado fuerte. Comenzo a tirar y a sacudirse, se tumbo en el suelo para poder intentar gatear, pero lo que consiguio fue que la cuerda le apretara aun mas.

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