Lo ultimo que vio antes de que todo se volviera negro fue a Beata flotando bajo el techo de hormigon con la cuerda en sus manos enguantadas.

El desalojo del edificio donde se encontraba el periodico Kvallspressen se realizo con relativa rapidez y presteza. Se conecto la alarma de incendios y en nueve minutos el edificio estaba completamente evacuado. El ultimo en salir fue el redactor jefe Ingvar Johansson, que tenia cosas mas importantes que hacer que acudir a un simulacro de incendio, como el mismo dijo. Despues de que el director le gritara al telefono, abandono su puesto bajo protestas.

El personal estaba bastante tranquilo. No sabian que la bomba de Stockholm Klara estuviera dirigida a una de sus colegas, y ahora les invitaban a cafe y sandwiches en el restaurante de empleados del edifico contiguo. Mientras tanto la patrulla de Desactivacion de Explosivos registraba todos los locales de la redaccion. Anders Schyman descubrio de repente que su migrana habia desaparecido, las venas se habian retraido y el dolor se habia esfumado. Se encontraba con su secretaria y el jefe de la centralita en una oficina junto a la cocina del edificio contiguo. Localizar al marido de Annika era mas dificil de lo que parecia. La centralita del sindicato habia cerrado a la una de la tarde y nadie en el periodico sabia el numero de Thomas. Tampoco nadie conocia su numero de movil. Ni Telia, ni Comviq ni Europolitan tenian a ningun Thomas Samuelsson como abonado. Anders Schyman tampoco sabia en que guarderia estaban los ninos. Su secretaria se afanaba en llamar a todas las guarderias del distrito social 3, Kungsholmen, y preguntaba si los ninos Bengtzon estaban ahi. Lo que ella no sabia era que en la guarderia nunca decian nada sobre los hijos de Annika. Ni siquiera estaban en la lista de telefono que se entregaba a los padres. Despues de una serie de articulos sobre una institucion llamada Paraiso, Annika habia sido amenazada de muerte, y desde entonces tanto ella como Thomas tenian mucho cuidado en dar su direccion. El personal de la guarderia estaba, por supuesto, informado y cuando recibieron la llamada de la secretaria de Schyman negaron tranquilamente que los hijos de Annika fueran a esa guarderia. Luego la encargada llamo inmediatamente al movil de Annika, pero no recibio ninguna respuesta.

Anders Schyman sentia el estres como un sabor ferruginoso en la boca. Puso al jefe de la centralita a llamar a todas las posibles extensiones del sindicato. Primero al numero de la centralita, luego la extension 01, despues la 02, hasta que encontrara a alguien que supiera donde estaba Thomas. La policia ya tenia una patrulla vigilando la casa de Annika. El director no sabia que mas hacer, asi que fue a ver como le iba a la policia.

– Hasta el momento no hemos encontrado nada. Estaremos listos en media hora -informo el inspector que estaba al frente de la operacion.

Annika se dio cuenta, poco a poco, de que estaba despierta. Oyo a alguien resoplar con fuerza y comprendio, al cabo, que era ella misma. Cuando abrio los ojos le entro un panico inmediato. Estaba ciega. Grito como una posesa, abrio los ojos todo lo que pudo a la oscuridad penetrante. El panico se multiplicaba, ya que el sonido era un simple graznido en falso. Entonces descubrio que el sonido roto resonaba en la oscuridad, rebotaba y volvia como pajaros asustados contra el cristal, y recordo el tunel subterraneo bajo el estadio olimpico. Dejo de gritar y escucho aterrorizada durante algunos minutos su propia respiracion. Debia de encontrarse en el tunel. Se concentro para sentir todo su cuerpo, comprobar si todos los miembros estaban bien y funcionaban. Primero levanto la cabeza, le dolia pero no estaba herida. Se dio cuenta de que estaba tumbada sobre algo relativamente mullido, seguramente el colchon que habia visto antes…

– Beata -susurro.

Permanecio un rato tumbada sin moverse respirando en la oscuridad. Beata la habia colocado aqui y habia hecho algo con ella, estaba claro. Le habia pasado una cuerda por el cuello, y ahora habia desaparecido. ?Creia Beata que estaba muerta?

A Annika le dolia un brazo, el que estaba preso bajo su cuerpo. Tenia las manos atadas a la espalda. Tumbada de lado con las manos atadas a la espalda. Intento levantar las piernas y sintio que tambien estaban atadas, no solo entre ellas sino tambien a la pared. Al mover las piernas noto algo mas. Los musculos del intestino y la vejiga se habian aflojado mientras estuvo desmayada y habian vaciado su contenido. La orina estaba fria y los excrementos pegajosos. Comenzo a llorar. ?Que habia hecho? ?Por que le ocurria esto a ella? Lloro tanto que acabo temblando; hacia frio en el tunel, su llanto mano a traves del frio hacia la oscuridad. Se acuno lentamente en el colchon, de adelante a atras, de adelante a atras, de adelante a atras.

«No quiero -penso-, no quiero, no quiero…»

Anders Schyman estaba de nuevo sentado en su despacho y miraba fijamente la fachada oscura de la embajada rusa. No habia ninguna bomba en los locales de la redaccion. El sol se habia puesto tras la vieja bandera zarista y habia dejado el cielo durante algunos minutos de color rojo fuego. Los empleados estaban de nuevo en sus puestos; todavia nadie sabia que la bomba de Klara iba dirigida a Annika; solo el, su secretaria y el jefe de la centralita. Anders Schyman habia sido informado sucintamente por la policia sobre la bomba, y lo que sabian hasta ahora confirmaba que el Dinamitero era una chapucera sin escrupulos.

El paquete bomba habia llegado a la terminal de Stockholm Klara a las dieciocho horas y cincuenta minutos del miercoles. Habia sido entregado como carta certificada en Estocolmo 17, es decir la oficina de Correos de Rosenlundsgatan 11 en Sodermalm, a las dieciseis cincuenta y tres. Como las cartas certificadas son tratadas como valores, esta no fue con el transporte ordinario, sino que salio en un transporte especial de valores que abandono las oficinas de Correos algo mas tarde.

La carta marron no habia despertado ninguna atencion. Stockholm Klara es la terminal de Correos mas grande de Suecia, situada en el viaducto del Klaraberg en el centro de la ciudad. Tiene ocho pisos y ocupa una manzana entera entre la Cityterminalen, el Ayuntamiento y la estacion Central. Un millon y medio de envios pasan por alli cada dia.

El sobre, despues de ser descargado en uno de los cuatro muelles del edificio, habia acabado en la seccion de valores del cuarto piso. Ahi trabaja personal de seguridad cualificado con todo tipo de transportes de valores. Como el Kvallspressen tiene su propio codigo postal se envian los recibos al buzon normal del periodico. Este se vacia varias veces al dia y es llevado a la redaccion del Kvallspressen en Marieberg. En la terminal tienen depositados poderes para que los botones del periodico puedan recoger los envios para los colaboradores del periodico. Los envios certificados y los asegurados estan entre los que se recogen una vez al dia, generalmente despues del almuerzo.

El jueves por la manana habia una serie de cartas certificadas y envios de empresa en el primer correo de la manana, era la epoca de los regalos de Navidad. El recibo de la carta de Annika Bengtzon acabo, por lo tanto, junto a otros en la cartera del botones.

La explosion tuvo lugar cuando Tore Brand estaba en la recepcion de correo de empresas para recoger el correo especial. Uno de los trabajadores de la seccion de valores resbalo y el envio se le cayo. La caida fue de menos de medio metro y el paquete acabo en la misma cesta donde habia estado durante la noche, pero fue suficiente para que el mecanismo se activara. Cuatro personas resultaron heridas, una de ellas muy grave. El hombre que habia estado mas cerca, al que se le habia caido el paquete, tenia un pronostico incierto.

Anders Schyman resoplo. Llamaron a la puerta y un policia entro sin esperar autorizacion.

– Tampoco conseguimos localizar a Thomas Samuelsson -anuncio el policia-. Una patrulla ha estado en su despacho, en el sindicato, y no estaba ahi. Creian que habia ido a ver a un politico local de la comision. Le hemos llamado a su movil, pero no recibimos contestacion.

– ?Han encontrado a Annika o al coche? -pregunto Anders Schyman.

El policia nego con la cabeza.

El director se dio la vuelta y miro de nuevo a la embajada.

«?Dios mio! -rogo-, que no este muerta.»

De repente recupero la vista. La luz se encendio con un clic y los destellos de los tubos fluorescentes, Annika se quedo deslumbrada durante un momento. Resonaron unos tacones al acercarse por el pasadizo, Annika se encogio como una pelotita y cerro los ojos con fuerza. Los pasos se aproximaron y se detuvieron junto a su oreja.

– ?Estas despierta? -pregunto una voz encima de ella.

Annika abrio los ojos y parpadeo. Vio el suelo de linoleo amarillo y las puntas de un par de botas de Pertti Palmroth.

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