Se dirigio con pasos furiosos hacia el Kungsbron. Doblo en el Burger King, estuvo a punto de chocar con un cochecito cargado de regalos de Navidad y paso rapidamente por delante del teatro Oscar. Habia un grupo de negros a la puerta de Fasching; Thomas tuvo que bajarse de la acera para poder pasar.
Esto es lo que le pasaba por ser tan comprensivo e igualitario. Sus hijos se quedaban en la institucion municipal el dia antes de Navidad porque su mujer, que tenia que ir a recogerlos, habia decidido que el trabajo fuera mas importante que la familia.
Habian tenido esa discusion antes. Podia oir su voz a traves del zumbido de la ciudad.
– Mi trabajo es importante -solia decir.
– ?Mas importante que los ninos? -le habia chillado una vez. Entonces ella se habia puesto palida y habia respondido: «Claro que no», pero el apenas la creyo. Habian tenido un par de peleas absurdas sobre esto, en especial una vez que fueron invitados por sus padres a pasar el midsommar en la casa de verano del archipielago. Entonces tuvo lugar un asesinato en alguna parte y ella inmediatamente cambio todos los planes y se marcho.
– No lo hago solo porque me guste -dijo-. Es realmente divertido trabajar, pero, al aceptar este trabajo, he conseguido una semana mas de vacaciones.
– Nunca piensas en los ninos -grito el y entonces ella se volvio fria y displicente.
– ?Eres muy injusto! -respondio Annika-. Ahora tendre una semana de vacaciones para estar con ellos. No me van a echar de menos en absoluto; ahi en la isla habra mucha gente. Estaras tu, el abuelo, la abuela y todos los primos…
– Eres una egoista -dijo el.
Ella habia respondido con total tranquilidad:
– No. Ahora eres tu el egoista. Quieres que yo este ahi para mostrarle a tus padres la familia tan bonita que tienes y que yo no trabajo siempre; si, se que tu madre piensa eso. Y cree que los ninos pasan mucho tiempo en la guarderia, no digas que no. La he oido yo misma.
– Para ti el trabajo siempre esta antes que la familia -habia espetado el solo para herir.
Ella le habia mirado fijamente, disgustada, y a continuacion habia dicho:
– ?Quien estuvo de baja dos anos para cuidar de los ninos? ?Quien suele quedarse cuando estan enfermos? ?Quien los deja en la guarderia cada dia, y suele ir a recogerlos?
Ella se habia acercado a el.
– Si, Thomas, tienes toda la razon. Esta vez voy a dejar que el trabajo vaya antes que la familia. Por una vez voy a hacerlo y tu vas a tener que aceptarlo.
Se dio la vuelta y salio por la puerta sin ni llevarse siquiera el cepillo de dientes.
El fin de semana del
Habia visto otra senal de que no estaba bien: habia vuelto a dejar de comer. Despues de pasar fuera ocho dias a causa de un asesinato multiple perdio cinco kilos. Tardo cinco meses en recuperarlos. En la revision medica de la empresa la habian avisado de los peligros de su falta de peso. Se lo tomo como un cumplido y se lo contaba orgullosa a todas sus amigas por telefono. A pesar de ello, a veces le daba por querer adelgazar.
Dejo Fleminggatan y bajo por las escaleras que hay pasado el restaurante Klara Sjo, descendio al paseo de la ribera en la Kungsholms Strand y entro en la guarderia por la puerta trasera. Los ninos estaban sentados con la ropa de abrigo puesta, preparados junto a la puerta, cansados y ojerosos; Ellen tenia su osito azul en los brazos.
– Mama tenia que recogernos hoy -refunfuno Kalle-. ?Donde esta mama?
El profesor que se habia quedado con los ninos estaba muy enfadado.
– Nunca me compensaran por este cuarto de hora -resoplo.
– Lo siento muchisimo -respondio Thomas y sintio lo sofocado que estaba-. No se lo que ha pasado con Annika.
Se apresuro a salir con los ninos. Despues de una carrera alcanzo el autobus 40 frente al bar Pousette a Vis.
– No hay que correr para coger el autobus -comento el chofer enfadado-. ?Como vamos a ensenarselo a los ninos si los padres tambien lo hacen?
Thomas sintio deseos de golpear al viejo cabron que estaba tras el volante. Enseno la tarjeta y empujo a los ninos hacia la parte de atras. Ellen se cayo y comenzo a llorar. «Me voy a volver loco», penso Thomas. Tuvieron que quedarse apretujados en el centro del autobus entre regalos de Navidad, perros y tres cochecitos. Cuando llegaron a la Kungsholmstorg tuvieron problemas para poder salir. Resoplo sonoramente al abrir la puerta del numero 32, y mientras se sacudia los pies sobre la alfombra para quitarse la nieve antes de entrar oyo que alguien se dirigia a el.
Miro sorprendido y vio a dos policias uniformados que se le acercaban por la escalera.
– ?Es usted Thomas Samuelsson, verdad? Lo siento pero los ninos y usted tienen que acompanarnos.
Thomas miro fijamente a los policias.
– Le hemos estado buscando toda la tarde. ?No ha recibido noticias nuestras o del periodico?
– Papa, ?adonde vamos? -pregunto Kalle y le cogio la mano a Thomas.
La certeza de que algo estaba terriblemente mal se apodero de Thomas de golpe. «?Annika! ?Dios mio!»
– ?Esta ella…?
– No sabemos donde esta su mujer. Desaparecio por la manana. Los inspectores le contaran mas, si son tan amables de seguirnos…
– ?Por que?
– Creemos que puede haber una bomba en su piso.
Thomas se inclino y cogio a los dos ninos, uno en cada brazo.
– Vayamonos de aqui -dijo sofocado.
La reunion de las seis en el periodico fue la mas extrana en anos. Anders Schyman sentia bullir el panico dentro de el; su conciencia le decia que el periodico no debia salir, deberian buscar a Annika, apoyar a su familia, cualquier cosa.
– Joder, venderemos cantidad de ejemplares -dijo Ingvar Johansson cuando entro en la habitacion. No lo dijo ni satisfecho ni triunfante, sino brutal y apenado, como una constatacion.
Pero Anders Schyman exploto.
– ?Como te atreves? -grito el director y agarro a Ingvar Johansson de forma que al jefe de redaccion se le derramo la taza de cafe sobre el muslo. Ingvar Johansson ni siquiera sintio la quemadura, de lo sorprendido que estaba. No habia visto nunca a Anders Schyman perder los estribos.
El director respiro sobre la cara del otro hombre durante unos instantes, luego se tranquilizo.
– Lo siento -se disculpo, solto al hombre y se dio la vuelta tapandose el rostro con las manos-. No se lo que me pasa, lo siento.
Jansson entro en la habitacion, el ultimo como siempre, pero sin los gritos de costumbre. El jefe de noche estaba palido y ojeroso. Sabia que este seria su ejemplar mas dificil hasta la fecha.
El silencio se adueno de la habitacion durante unos segundos. Todos estaban sentados cabizbajos. La silla donde Annika solia sentarse crecio hasta llenar toda la habitacion. Anders Schyman se dio la vuelta hacia la noche en el exterior.
Ingvar Johansson comenzo a hablar, en voz baja y concentrado.
– Bueno, lo que hasta ahora hemos comentado es por asi decirlo el embrion, hay una serie de decisiones redaccionales en este…
Hojeo inseguro sus papeles. La situacion era absurda e irreal. Era muy poco corriente que las personas de esta habitacion estuvieran personalmente implicadas en los hechos que se trataban. Ahora la discusion versaba
