– Bien. Tenemos trabajo que hacer.
Alguien tiro de ella y la situo con la espalda contra la pared de hormigon, las piernas pegadas al cuerpo y las rodillas dobladas hacia un lado. Se encontraba terriblemente incomoda.
Beata Ekesjo se inclino sobre ella y husmeo.
– ?Te has cagado? ?Que asco!
Annika no reacciono. Miraba fijamente la pared de hormigon y respiraba trabajosamente.
– Ahora te vamos a preparar -anuncio Beata y cogio a Annika por debajo de los brazos.
Por medio de tirones y ayudas obligo a Annika a sentarse con la cabeza entre las rodillas.
– Esto salio bien la vez anterior -dijo Beata-. Da gusto acostumbrarse a algo, ?no crees?
Annika no oia lo que decia la otra mujer. El terror la cubria con una espesa capa que bloqueaba toda su actividad cerebral. Ni siquiera sintio el hedor de sus propios genitales. Sollozaba en silencio mientras Beata hacia algo a su lado. La otra mujer tarareaba una vieja cancion de moda. Tambien Annika intento hacerlo pero no pudo.
– No intentes hablar todavia -observo Beata-. La soga te aplasto las cuerdas vocales. Ahora veras.
Beata se puso de pie frente a Annika. Tenia un rollo de cinta adhesiva en una mano y en la otra un envase morado.
– Esto es Minex, veinte cartuchos de 22 por 200 milimetros, de 100 gramos cada uno. Dos kilos. Es suficiente, lo comprobe con Stefan. Lo partio en dos.
Annika no comprendia lo que la mujer decia. Intuyo lo que estaba ocurriendo, se inclino hacia adelante y vomito. Vomito hasta que su cuerpo se estremecio y broto la bilis.
– ?Que guarra eres! -exclamo Beata disgustada-. En realidad deberias limpiarlo.
Annika jadeaba y sintio que babeaba bilis por la boca. «Voy a morir», penso. Mira que acabar asi. Esto no pasaba nunca en las peliculas.
– ?Que cono esperabas? -gruno.
– ?Vaya, te ha vuelto el habla! -contesto Beata alegre-. ?Que bien, pues tengo algunas preguntas que hacerte!
– ?Que te den por culo, jodida idiota! -profirio Annika-. No pienso hablar contigo.
Beata no respondio, sino que se inclino y le pego algo a Annika en la espalda, debajo de las costillas. Annika penso, respiro, sintio el olor a humedad y a explosivo.
– ?Dinamita? -pregunto.
– Si. La sujeto con cinta adhesiva.
Beata paso la cinta alrededor del cuerpo de Annika cinendola un par de veces. Annika comprendio que era una buena oportunidad para escaparse, pero no sabia como hacerlo. Las manos todavia estaban atadas a la espalda y los pies al tubo de metal de la pared.
– Muy bien, ahora ya esta listo -anuncio Beata y se levanto-. El explosivo en si es muy seguro, pero el detonador puede ser inestable, asi que hemos de tener un poco de cuidado. Ahora cojo el cable, ?lo ves? Este es el que utilizo para activar la carga. Lo traigo hasta aqui y ?ves esto? Una pila de linterna. Es suficiente para activar el detonador. Fantastico, ?verdad?
Annika vio el delgado cable amarillo y verde que serpenteaba hasta la mesita de camping. Se dio cuenta de que no tenia ni idea de explosivos, no podia saber si Beata mentia o decia la verdad. En el asesinato de Christina habia utilizado una bateria de coche. ?Por que, si era suficiente con una pila de linterna?
– Pienso que es una pena que tengas que acabar asi -informo Beata-. Si hubieras estado en tu trabajo ayer por la tarde nos hubieramos ahorrado esto. Hubiera sido mejor para todos. La consumacion debe ocurrir en el lugar adecuado, en tu caso la redaccion del
Annika miro fijamente a la mujer; estaba realmente loca como una cabra.
– ?Que quieres decir? ?Ha habido otra explosion?
El Dinamitero suspiro.
– Si, no estas aqui por simple diversion. Vamos a hacer lo siguiente: te voy a dejar un rato. Yo en tu lugar descansaria un poco. Pero no te tumbes boca arriba, y no intentes arrancar la cadena de la pared. Los movimientos bruscos pueden activar la carga.
– ?Por que? -pregunto Annika.
Beata la contemplo con total indiferencia durante algunos segundos.
– Nos vemos dentro de un par de horas -anuncio y su taconeo comenzo a alejarse hacia la zona de entrenamiento.
Annika oyo que los pasos desaparecian detras de la esquina y la luz se apago de nuevo. Se dio la vuelta con cuidado, alejandose de la vomitona, y se tumbo muy lentamente del lado izquierdo. Estaba sentada con la espalda contra la pared y miraba fijamente la oscuridad; apenas se atrevia a respirar. Habia explotado otra bomba, ?habia muerto alguien?, ?la bomba iba dirigida a ella? ?Como diablos podria salir de esta?
Beata le habia dicho que habia mucha gente trabajando en el estadio. Debia ser al otro lado del pasadizo. Si chillaba suficientemente alto, quiza pudiera oirla alguien.
– ?Socorro! -grito Annika tan alto como pudo, pero las cuerdas vocales todavia estaban doloridas. Espero unos cuantos segundos y volvio a chillar. Comprendio que nadie la oiria.
Recosto la cabeza y sintio que el panico se apoderaba de ella. Creyo oir ruido de animales corriendo a su alrededor, pero comprendio que eran las cadenas de sus pies las que chasqueaban. Si Beata hubiera dejado la luz encendida habria podido intentar quitarselas.
– ?Socorro! -grito de nuevo, sin ningun resultado.
«No te asustes, no te asustes, no te asustes…»
– ?Socorro!
Respiraba rapido y con fuerza. «No respires demasiado rapido, si no te daran calambres, tranquila, conten la respiracion, uno, dos, tres, cuatro, respira, conten la respiracion, uno, dos, tres, cuatro, muy bien, tranquila, esto lo arreglas tu, todo se puede solucionar…»
De repente comenzo a sonar la sinfonia numero 40 de Mozart, el primer movimiento, en algun lugar de la oscuridad. Annika detuvo la hiperventilacion de pura sorpresa. ?Su movil! ?Funcionaba aqui abajo! ?Dios bendiga a Comviq! Se puso en cuclillas. La musica sonaba amortiguada y venia de la derecha. El movimiento continuo, tono a tono. Ella era la unica en toda la ciudad que tenia esta senal, tipo 18 del Nokia 3110. Comenzo a gatear con cuidado hacia el sonido, al mismo tiempo que el movimiento musical comenzaba de nuevo. Entonces supo que el tiempo se le terminaba. Pronto el contestador responderia a la llamada. Ademas, la cadena alrededor de los pies no daba mas de si. No alcanzaba el bolso.
El telefono enmudecio, Annika respiro sonoramente en la oscuridad. Se quedo pensando un rato de rodillas sobre el suelo de linoleo amarillo. Comenzo a moverse con cuidado de vuelta al colchon. Estaba mas caliente y mas mullido.
– Esto se arreglara -se dijo a si misma en voz alta-. Mientras la loca no este aqui no hay problema. Algo incomoda quiza, pero si me muevo con cuidado no hay peligro. Esto saldra bien.
Se tumbo y canto en voz baja, como un conjuro, el viejo hit de Gloria First I was afraid, I was petrified…
Luego lloro en silencio, en la oscuridad.
Thomas salia de la estacion Central a grandes zancadas cuando sono el movil. Consiguio sacar el telefono del bolsillo interior antes de que el contestador tomara la llamada.
– Les habiamos dicho que hoy cerrabamos a las cinco -dijo uno de los profesores de la guarderia de los ninos-. ?Va a tardar mucho?
El trafico zumbaba tanto que Thomas apenas oia sus propios pensamientos, entro en la puerta de una peleteria y pregunto que pasaba.
– ?Esta en camino, o que? -contesto el hombre al telefono.
La rabia golpeo a Thomas en el diafragma con tal fuerza que se sorprendio. ?Joder con Annika! La habia dejado dormir por la manana, se habia llevado a los ninos y regresaba a casa a tiempo a pesar de la filtracion sobre el plan de austeridad en la politica regional, y ella ni siquiera era capaz de recoger puntualmente a sus hijos de la guarderia.
– Perdone el retraso. Estoy alli en cinco minutos -respondio y colgo.
