Annika intento sonreir.
– Vaya, ?que vamos a hacer?
Beata la estudio un par de segundos.
– Por fin vamos a sacar la verdad.
Annika intento seguir los pensamientos de la mujer pero fracaso. El panico le habia secado la boca.
– ?Que verdad?
Beata camino en torno a la mesa y cogio algo de detras de ella. Cuando se incorporo Annika vio que la mujer tenia una cuerda, la que con anterioridad le habia pasado por el cuello. Annika sintio que se le aceleraba el pulso, pero se obligo a encarar a Beata.
– No te preocupes -dijo la Dinamitera y sonrio.
Se acerco al colchon con la larga cuerda entre las manos. Annika ahora respiraba mas rapido, no podia controlar el terror.
– Tranquila, solo te voy a pasar esto por la cabeza -la sosego Beata y solto una carcajada-. ?Que nerviosa eres!
Annika esbozo una sonrisa. La cuerda estaba alrededor de su cuello, el cordel colgaba como una corbata delante de ella. Beata sujetaba el otro extremo.
– Muy bien. Ahora voy a dar la vuelta, tranquila. ?Te estoy diciendo que te relajes!
Annika vio por el rabillo del ojo que la mujer desaparecia detras de ella, aun con la cuerda entre las manos.
– Te voy a desatar las manos, pero no intentes nada. Al mas minimo truco, tiro de la cuerda definitivamente.
Annika respiraba y pensaba febrilmente. Reconocio que no podia hacer nada. Estaba sujeta a la pared por los pies, tenia el lazo al cuello y la bomba en la espalda. Beata desato la cuerda de las manos; tuvo que luchar casi cinco minutos para deshacer el nudo.
– ?Puf! Estaba bien atado -resoplo cuando acabo. Annika inmediatamente tuvo una sensacion de cosquilleo en los dedos cuando la sangre volvio a circular. Con cuidado extendio las manos y se sobresalto al verlas. Tenia cortes en las munecas a causa de la cuerda, de la pared o del suelo. Dos nudillos de la mano izquierda le sangraban.
– Ponte de pie -ordeno Beata.
Apoyandose en la pared, Annika hizo lo que le ordenaba.
– Dale una patada al colchon -exigio Beata y Annika obedecio. La vomitona seca desaparecio debajo de la gomaespuma. Al mismo tiempo Annika vio su bolso. Estaba a unos seis o siete metros de distancia en la galeria, hacia la zona de calentamiento.
De espaldas, todavia sujetando la cuerda con la mano derecha, el Dinamitero se dirigio hacia la mesa. Coloco la pila y el temporizador en el suelo sin apartar la vista de Annika. Luego cogio la mesa de camping por la tabla y la arrastro hacia Annika. Las raspaduras que las patas hacian sobre el linoleo resonaban por todo el tunel. Cuando la mesa estuvo frente a Annika, Beata volvio a retroceder para coger una silla.
– Sientate.
Annika se acerco la silla y se sento con cuidado. Se le encogio el estomago al ver la comida sobre la mesa.
– Come un poco -le indico Beata.
Annika comenzo a quitarle el plastico a la botella de agua.
– ?Quieres? -pregunto a Beata.
– Luego tomare una Coca-Cola, bebe tu -dijo esta; y Annika bebio.
Cogio un pequeno bocadillo de jamon y queso y se obligo a masticarlo bien. Despues de medio bocadillo se detuvo; no podia comer mas.
– ?Has acabado? -indago Beata y Annika sonrio.
– Si, muchas gracias, estaba muy bueno.
– Me alegro de que te guste -contesto Beata satisfecha.
Se sento en la otra silla de camping. A un lado tenia el paquete de Minex, al otro habia una caja de carton marron con las tapas abiertas.
– Bueno, entonces comenzamos – dijo y sonrio.
Annika le devolvio la sonrisa.
– ?Te puedo preguntar una cosa?
– Claro -respondio Beata.
– ?Por que estoy aqui?
La sonrisa de Beata se apago al instante.
– ?De verdad no lo sabes?
Annika tomo aliento.
– No. Sin embargo comprendo que he debido irritarte mucho. No ha sido mi intencion en absoluto. Te pido disculpas por ello.
Beata se mordio el labio superior.
– No te basto con mentir. Escribiste en el periodico que yo estaba destrozada por la muerte del asqueroso ese. Ademas me denigraste en publico, retorciste mis palabras solo para que tu articulo fuera mejor. No querias escucharme y oir mi verdad, pero escuchaste a esos tios.
– Siento haber malinterpretado tus sentimientos -contesto Annika tan tranquila como pudo-. No queria escribir sobre ti de forma que te arrepintieras mas tarde. Estabas muy agitada y llorabas.
– Si, estaba exasperada por la maldad humana, y porque un cerdo como Stefan Bjurling pudiera vivir. ?Por que el destino me tenia que utilizar justo a mi para acabar con la maldad? ?Por que siempre todo depende de mi, eh?
Annika decidio esperar y escuchar. Beata continuo mordiendose el labio.
– Tu mentiste y divulgaste una imagen falsa del cerdo ese -dijo despues de un rato-. Escribiste que era bueno, divertido y querido por sus companeros. Les dejaste hablar, pero a mi no. ?Por que no escribiste lo que te dije?
El desconcierto de Annika iba en aumento, pero se esforzo por parecer tranquila y amable.
– ?Que fue lo que dijiste que deberia haber escrito?
– La verdad. Que era una pena que Christina y Stefan tuvieran que morir. Que fue culpa suya, y que estaba mal que yo tuviera que hacerlo. A mi esto no me parece divertido, por si no lo sabes.
Annika aprovecho la oportunidad para intervenir.
– No, claro que no pienso asi. Se que a veces uno tiene que hacer cosas que no quiere.
– ?A que te refieres? -pregunto Beata.
Annika bajo la cabeza, dudo antes de continuar.
– Una vez tuve que deshacerme de una persona, se lo que es eso. -Levanto la mirada-. Pero no vamos a hablar de mi ahora, se trata de ti y de tu verdad.
Beata la observo en silencio.
– Quiza te hayas preguntado por que todavia no estas muerta. Primero tienes que escribir mi historia. Se publicara en el Kvallspressen, igual de grande que cuando Christina Furhage murio.
Annika asintio y sonrio mecanicamente.
– Ahora vas a ver lo que he encontrado -informo Beata y saco algo de la caja de carton marron. Era un pequeno ordenador portatil.
– Es el de Christina -balbuceo Annika.
– Si, le encantaba. Esta cargado.
Beata se levanto y se dirigio hacia Annika con el ordenador en la mano derecha. Parecia pesado. La mano de Beata temblaba ligeramente.
– Toma. Enciendelo.
Annika cogio el ordenador. Era un Macintosh portatil relativamente sencillo, con disquetera y conexion para el raton. Lo abrio y encendio el aparato. Se puso en marcha y comenzo a cargar los programas. Solo tenia unos pocos, entre otros Microsoft Word y ademas un documento marcado «Yo». Annika pincho el simbolo de Word; la version 6.0 comenzo a operar.
