»La admiraba muchisimo. Todos se afanaban cuando ella llegaba, se esforzaban al maximo. Ella producia ese efecto en la gente. Lo que ella no supiera de la organizacion de los Juegos Olimpicos y la construccion del estadio, no valia la pena saberlo.
»De cualquier manera, quien me contrato fue Arena Bygg AB. Como era arquitecto e ingeniero en tecnicas de construccion, me asignaron rapidamente varios grandes proyectos administrativos. Participaba en las reuniones, dibujaba y calculaba, visitaba a las subcontratas y redactaba contratos, una factotum de medio nivel.
»La construccion del estadio Victoria tenia que comenzar cinco anos antes de los Juegos. La misma Christina me nombro directora de proyecto. Recuerdo perfectamente cuando me lo propuso. Fui citada en su despacho, una grandiosa habitacion junto a Rosenbad con vistas sobre la Strom de Estocolmo. Me interrogo sobre lo que habia hecho y si estaba a gusto. No creo que le diera una buena impresion, tartamudee un poco y me sudaban las manos. Ella estaba imponente detras del reluciente escritorio, grande pero delgada, aguda pero bella. Me pregunto si estaba dispuesta a responsabilizarme de la construccion del estadio olimpico en Sodra Hammarbyhamnen. Los ojos se me quedaron en blanco cuando pronuncio esas palabras. Oh, si, queria gritar, pero simplemente asenti con la cabeza y dije que seria un desafio, una emocionante responsabilidad que estaba preparada a asumir. Se apresuro a advertir que por supuesto tendria a diversos jefes y responsables por encima de mi, y a ella en ultima instancia. Pero ella necesitaba un responsable operativo en la misma obra, alguien que vigilara que los plazos se cumpliesen, que los presupuestos no se sobrepasaban y que el material era entregado en el lugar y la fecha correcta. Yo tendria, por supuesto, una serie de encargados a mis ordenes, cada uno responsable de diferentes secciones donde dirigirian y repartirian las distintas labores. Esos responsables me informarian regularmente, para que yo pudiera ocuparme del trabajo e informar a Christina y a la direccion.
»-Necesito lealtad -dijo Christina y se inclino hacia mi-. Necesito tu total confianza para aceptar como correcto todo lo que yo haga. Es una condicion para tener el puesto. ?Puedo confiar en ti?
»Recuerdo su resplandor en ese mismo instante, como me envolvio en su luz, me lleno de su propia fuerza y poder. Queria chillar «Si», pero solo asenti. Enseguida comprendi lo que habia sucedido. Me habia aceptado en su circulo. Me habia nombrado su princesa heredera. Yo era la elegida.
Beata comenzo a llorar. Inclino la cabeza y todo su cuerpo temblaba. La cuerda estaba junto a los pies, las manos sostenian agarrotadas la pila y el cable. «Espero que su lagrimeo no cause un cortocircuito y la dinamita explote», penso Annika.
– Lo siento -balbuceo Beata y se seco la nariz con la manga-. Esto me resulta dificil.
Annika no respondio.
– Era una gran responsabilidad, pero no especialmente dificil. Primero habia que desmontar, volar y excavar, rellenar y aplanar. Luego entraron los obreros y carpinteros. Todo deberia hacerse en cuatro anos. Un ano antes de los Juegos el estadio debia estar acabado para las competiciones de prueba.
»Al comienzo todo marchaba relativamente bien. Los trabajadores conducian sus maquinas y hacian lo que debian. Yo tenia una oficina en una de las barracas junto al canal, quiza las viste al estar por aqui, ?no?
»Bueno, yo hacia mi trabajo, hablaba con los capataces en el foso, me ocupaba de que realizaran su trabajo. Los hombres no eran particularmente habladores, pero por lo menos me escuchaban cuando les indicaba lo que debian tardar.
»Una vez al mes iba a la oficina de Christina y la informaba de la marcha del trabajo. Siempre me recibia con calidez e interes. Despues de cada reunion me sentia como si ella ya supiera todo lo que le habia contado y solo quisiera comprobar mi lealtad. Siempre abandonaba el despacho con un ligero malestar de estomago y una extrana sensacion de buen humor y esplendor. Yo seguia en el circulo, la fuerza era mia, pero tenia que continuar luchando.
»Adoraba realmente mi trabajo. A veces, por la noche, me quedaba despues de que los hombres se hubieran ido a casa. Me paseaba sola entre los restos de piedra de la colina de esqui de Hammarby y me imaginaba el estadio acabado, las enormes graderias elevandose hacia el cielo, las setenta y cinco mil plazas de espectadores en verde, la boveda cubierta de acero calado. Acariciaba los planos y colgue una gran foto de la maqueta en la pared de mi barraca. Desde el comienzo hable con el estadio. Como un recien nacido, no respondia, pero estoy completamente segura de que escuchaba. Observe cada detalle de su desarrollo como una madre que amamanta y se sorprende de cada progreso de su hijo.
»El verdadero problema comenzo cuando se pusieron los cimientos y los carpinteros entraron en accion. Llegaron varios cientos de hombres que tenian que realizar el trabajo del que yo era responsable. Estaban dirigidos por un grupo de treinta y cinco capataces, todos hombres entre cuarenta y cincuenta y cinco anos. Mis responsabilidades se cuadruplicaron en ese momento. Siguiendo mi consejo se contrato a tres subjefes, todos hombres, que deberian compartir la responsabilidad conmigo.
»No se lo que salio mal. Yo continue trabajando como habia hecho el primer ano, intente ser clara, directa y concreta. Los presupuestos se mantuvieron, tambien las fechas de conclusion; el material llegaba a tiempo al lugar correcto, el trabajo progresaba y cumplia los requisitos de calidad. Yo intentaba estar contenta y ser amable, me esforzaba en tratar a los hombres con respeto. No puedo decir cuando aparecieron las primeras senales, pero fue relativamente pronto. Conversaciones que se interrumpian, muecas que no deberia ver, sonrisas de indulgencia, miradas frias. Mantenia reuniones de informacion y planificacion que yo consideraba constructivas, pero mi mensaje no les llegaba. Al final los capataces dejaron de acudir. Yo sali e intente buscarlos, pero unicamente me miraban y decian que estaban ocupados. Me senti como una idiota, claro. Los pocos que acudian criticaban todo lo que yo decia. Pensaban que habia encargado el material en el orden equivocado, al lugar erroneo y ademas todo el pedido ya no era necesario pues habian resuelto el problema de otra manera con otro producto. Por supuesto, me enfade y pregunte quien tenia autoridad para no hacer caso de mis ordenes, tomar decisiones y atribuirse poderes. Entonces respondieron indulgentemente que si esta obra tenia que estar lista a tiempo era necesario que hubiera alguien que supiera lo que se debia hacer. Recuerdo la sensacion cuando oi esas palabras, como se rompio algo en mi interior. No puedo morir, pense. Los hombres se levantaron y salieron; el odio se reflejaba en sus ojos. Mis tres subjefes me dejaron y se quedaron hablando con los hombres justo afuera. Oi como mis subjefes repartian mis ordenes y transmitian la informacion del papel que yo sostenia en mi mano, y esta vez los hombres escuchaban. Mis ordenes se podian cumplir si otros las transmitian. Lo que estaba mal no era ni mi trabajo, ni mi juicio ni mi saber, era yo como persona.
«Despues de esa reunion llame a mis tres subjefes y les dije que teniamos que analizar el siguiente paso. Queria que nosotros cuatro juntos dirigieramos la organizacion y tomaramos el mando sobre nuestros empleados, hacer que el trabajo continuara en la direccion que habiamos trazado. Se sentaron alrededor de mi escritorio, uno a cada lado y otro enfrente.
»-No estas capacitada para este trabajo, -dijo el primero.
»-?No te das cuenta de que te estas haciendo insoportable en la obra?, -informo el segundo.
»-Eres una verguenza para el puesto -espeto el tercero-. No tienes ni aplomo, ni autoridad, ni capacidad.
»Los mire fijamente. No podia creer que lo que estaba oyendo fuera verdad. Sabia que estaban equivocados. Pero una vez que comenzaron, nada podia detenerlos.
»-Lo unico que tienes es un polvo, -indico el primero.
»-Les pides demasiado a los hombres -declaro el segundo-. Ellos piensan eso, ?no lo comprendes?
»-Te van a hacer el vacio -anuncio el tercero-. Estas en el lugar equivocado y tienes la experiencia erronea.
»Recuerdo que les mire y sus rostros se transformaron. Perdieron sus facciones, se volvieron blancas y sin contornos. Yo no tenia aire, creia que me ahogaria y moriria. Asi que me levante y me marche, me temo que no con demasiada dignidad.
La mujer giro un poco la cabeza, que mantenia inclinada. Annika la miro de soslayo con disgusto. «?Y que pasa? -le hubiera gustado preguntar-. Asi son todos.» Pero no dijo nada y Beata continuo.
– Por la noche en la cama mi casa me hablo, palabras de consuelo que murmuro a traves del papel rosa pintado con dibujos. Al dia siguiente no podia volver alli. El terror me tenia paralizada, atada a la cama. Fue Christina la que me salvo. Me llamo a casa y me pidio que fuera al trabajo al dia siguiente. Tenia informacion importante que comunicar a todos en la obra.
