»A la manana siguiente fui a mi barraca en un estado de paz. Estabamos citados a las once de la manana en la graderia norte. Mis subjefes no hablaban conmigo, pero yo les sonrei para que comprendieran. Pronto Christina estaria ahi.
»Espere a que todos estuvieran en su sitio antes de salir y procure llegar a la grada al mismo tiempo que Christina. Ella dijo, con su voz clara y luminosa que se podia oir hasta en la parte alta de la graderia, que habia venido para informar sobre un cambio en la direccion de la construccion del estadio olimpico. Senti su calor y sonrei.
»-Beata Ekesjo deja de ser la directora del proyecto y sera sustituida por sus tres subjefes -anuncio Christina-. Tengo total confianza en sus sustitutos y espero que el trabajo continue tan satisfactoriamente como hasta ahora.
»Fue como si el cielo cambiara de color, hasta volverse destellante y blanco. El sonido cambio y la gente se congelo.
»Ese dia germino en mi conciencia lo que tenia que hacer, pero todavia no tenia claro cual era el fin. Abandone el estadio y la graderia norte mientras la gente todavia escuchaba la carismatica voz de Christina. En la barraca tenia una bolsa con ropa deportiva, pues habia pensado ir directamente al gimnasio despues de trabajar. Vacie el contenido en mi armario y me lleve la bolsa a la parte trasera de las barracas. Alli estaban los depositos de explosivos, distantes entre si unos cien metros. Existen reglas sobre la distancia a la que deben encontrarse, a causa del peligro de detonacion. Un paquete de cartuchos cabe exactamente en una bolsa de deportes, es como si estuviera hecha la una para los otros. Era muy pesada, veinticuatro kilos netos y aproximadamente veinticinco brutos, pero eso es lo que suele pesar una maleta normalmente. Uno puede cargarlos una corta distancia, especialmente si se entrena en el gimnasio tres veces a la semana.
– Espera un momento -dijo Annika-. ?La dinamita no suele estar rodeada de muchas medidas de seguridad? ?Como podias coger explosivos por las buenas?
Beata la miro compasivamente.
– Annika, yo era la jefa de la obra. Tenia llaves de cada cerradura. No me interrumpas.
»En la primera caja habia quince cartuchos, envueltos en plastico rosa, mil seiscientos gramos cada uno, cincuenta por quinientos cincuenta milimetros. Coloque la caja de carton en el portaequipajes de mi coche y me fui a casa. Con cuidado introduje el tesoro en casa. Aquella noche lo acaricie con mis manos. En los extremos habia pequenas pinzas de metal. El plastico estaba frio al tacto, mis armas parecian y tenian la consistencia de una salchicha que ha estado en la nevera. Eran muy suaves, solia sentarme y doblarlos un poco por las noches. Si, igual que una salchicha, pero mas pesados.
Beata rio ligeramente al recordar. Annika se sintio mareada de cansancio pero tambien por la locura cristalina de aquella mujer.
– ?Podemos descansar un rato? -pregunto Annika-. Me gustaria beber una Coca-Cola.
El Dinamitero la observo.
– Vale, pero solo un momento. Tenemos que acabar esta noche.
Annika sintio un escalofrio.
– No sabian que hacer conmigo. Me habian contratado para la construccion del estadio y la villa olimpica. Les hubiera costado dinero despedirme y no querian. Ademas yo conocia el trabajo, seria una locura pagar para deshacerse de una persona competente y que ademas era necesaria. Al final me nombraron responsable de la construccion del edificio tecnico, junto al estadio, un edifico normal de diez pisos construido para cables, cuartos de control y oficinas. ?Necesito decirte que la casa parecia muda y muerta en comparacion con mi estadio? Un cascaron vacio de hormigon sin lineas ni formas, que nunca aprendio a hablar.
»Ya habia un responsable de proyecto; se llamaba Kurt y bebia habitualmente grandes cantidades de alcohol. Me desprecio desde el primer momento, aseguraba que yo estaba alli para espiarlo y controlarlo. Su rostro desaparecio de mi vista desde el primer dia en el edificio tecnico. No le vi mucho.
»La obra entera era un desorden. Todo iba muy retrasado y el presupuesto se habia disparado. Comence a rehacer cuidadosamente los desmanes de Kurt sin que el lo notara. Las veces que me pillaba tomando algun tipo de decision me reprendia. Pero desde que llegue no volvio a dar un palo al agua. Muchos dias ni siquiera aparecia. La primera vez le denuncie por ello, pero se enfado tanto que no lo volvi a hacer.
»Ahora, ademas, yo tenia que moverme por la obra; anteriormente no lo habia hecho nunca. El hormigon cambiaba con frecuencia de color; a veces yo flotaba, libre y sin peso, mas o menos a un decimetro por encima del suelo. Los hombres cambiaban de forma y consistencia. Cuando me pedian que encargara mas puntos de vista y se preguntaban donde estaba la medida yo enmudecia. Se burlaban de mi, pero yo no sabia defenderme. Intente ser flexible y firme al mismo tiempo. Hablaba con ellos, pero la casa se negaba a responder. De nuevo me encargue de los plazos y de los presupuestos; me paseaba por la obra, pero la jaula de cristal a mi alrededor era compacta. Acabamos a tiempo y solo con un pequeno deficit.
»Christina vino a presidir la inauguracion. Recuerdo mi excitacion y orgullo ese dia. Yo lo habia conseguido, habia vuelto de nuevo, no habia abandonado. Me habia ocupado de que el edificio tecnico estuviera acabado a tiempo para las competiciones preliminares. Yo odiaba el edificio en si, pero habia cumplido con mi obligacion. Christina lo sabia, Christina lo veria, Christina comprenderia que yo merecia de nuevo un lugar en el sol. Ella se daria cuenta de mi valia y me otorgaria el lugar merecido, a su lado, como su companera, su princesa heredera.
»Aquel dia me vesti cuidadosamente, blusa, pantalones recien planchados y mocasines. Esta vez fui de los primeros entre los que esperaban: me queria asegurar una plaza junto a la puerta.
»Hacia tiempo que no veia a Christina, solo la habia visto una vez de lejos cuando inspecciono la construccion del estadio. Me habia enterado que no marchaba bien. Dudaban que estuviera acabado a tiempo. Pero ahora ella iria alli, con una luz y unos rasgos mas fuertes de lo que yo recordaba. Dijo cosas muy bonitas sobre los Juegos y nuestra orgullosa villa olimpica, alabo a los trabajadores y a los responsables por el trabajo tan bien realizado. Y entonces llamo al encargado que se habia preocupado de que el edificio tecnico estuviera terminado a tiempo y de que el resultado hubiera sido satisfactorio, y pronuncio el nombre de Kurt; aplaudio, todos aplaudieron, y Kurt se puso en pie y se acerco a Christina; el sonrio y le estrecho la mano, sus bocas reian pero el sonido habia desaparecido; esos cabrones, esos cabrones…
»Esa noche fui al deposito y cogi otra caja de carton y una bolsa de detonadores. La caja estaba llena de cartuchos de papel de cien gramos. Pequenos cilindros de papel rosa y lila que parecen caramelos; si, tienes uno de esos en la espalda. La caja contenia doscientos cincuenta cartuchos; a pesar de lo mucho que he utilizado, todavia queda bastante.
Siguio sentada en silencio un buen rato. Annika aprovecho para descansar la cabeza entre las manos. La galeria se encontraba en silencio absoluto, solo se oia el ligero zumbido de los tubos fluorescentes del techo.
«Ya no me llaman al movil -penso Annika-. ?Han dejado de buscarme?»
Beata comenzo a hablar de nuevo y Annika enderezo la espalda.
– Este ultimo ano he estado de baja por enfermedad varias veces. Mi trabajo consiste, en principio, en ir a inspeccionar los diferentes lugares de entrenamiento con otro grupo de tecnicos. Los dos ultimos meses los he pasado en el pabellon deportivo de Satra, que sera el pabellon de entrenamiento para el salto con pertiga. Tu misma puedes ver la degradacion a la que he sido sometida, del edificio mas majestuoso de todos a un deambular entre detalles en antiguas instalaciones de entrenamiento. Ya no consigo mantener ninguna comunicacion con mis lugares de trabajo. Los edificios se rien de mi, exactamente igual que los hombres. El peor de todos era Stefan Bjurling. Era el capataz de la subcontrata que se ocupaba del pabellon de Satra. Se reia en cuanto intentaba hablar con el. Nunca me escuchaba. Me llamaba Chata y hacia caso omiso de cuanto yo le decia. La unica vez que se refirio a mi fue cuando los muchachos le preguntaron donde tenian que tirar la basura y los escombros. «Dadselos a la Chata», dijo. Se rio de mi y el bonito pabellon le acompano. El sonido era insoportable.
Beata enmudecio y siguio alli, sentada, un buen rato. Annika comenzo a retorcerse. Le dolian los musculos de cansancio y tambien tenia dolor de cabeza. Los brazos le pesaban como el plomo, esa paralizante sensacion que
