cabeza y gruno:
– Atengase a lo suyo y preste atencion al timon.
Church se froto los magullados brazos y miro al capitan echando chispas por los ojos.
– Protesto por su negativa a responder un SOS e insisto en que se haga constar en el cuaderno de bitacora.
– Le advierto…
– Tambien deseo que conste que ordeno usted al radiotelegrafista que no transmitiese ningun mensaje.
– Se ha pasado usted de la raya, caballero -Worley hablaba friamente, comprimidos los labios en una fina linea, banado el rostro en sudor-. Considerese arrestado y confinado en su camarote.
– Arreste a unos cuantos oficiales mas -salto Church, perdiendo el control-, y tendra que manejar usted solo este barco maldito.
De pronto, antes de que Worley pudiese replicar, el
– ?Dios mio! -murmuro el timonel, con la voz tenida por el panico.
– ?Silencio! -gruno Worley al enderezarse el
Una idea espantosa se abrio paso en la mente de Church.
– El
Worley le miro fijamente.
– ?Y que?
– ?No se da cuenta? Debe haber sido golpeado por una ola gigantesca como esta.
– Esta hablando como un loco. Vaya a su camarote, caballero. No quiero volver a verle la cara hasta que lleguemos a puerto.
Church vacilo, apretando los punos. Despues, lentamente, aflojo las manos al darse cuenta de que toda ulterior discusion con Worley seria una perdida de tiempo. Se volvio sin anadir palabra y salio de la caseta del timon.
Al pisar la cubierta, miro fijamente por encima de la proa. El mar parecia enganosamente tranquilo. Las olas era ahora de tres metros y no llegaba agua a la cubierta. Se dirigio a popa y vio que las tuberias de vapor que hacian funcionar los tornos y el equipo auxiliar estaban raspando los bordes mientras el barco subia y bajaba al impulso de las largas y lentas olas.
Entonces bajo a las bodegas e inspecciono dos de ellas, dirigiendo la luz de su linterna a los fuertes puntales instalados para que la carga de manganeso se mantuviese en su sitio. Chirriaban y crujian bajo la tension, pero parecian firmes y seguros. No vio senales de que se escapasen granos de mineral a causa del movimiento del barco.
Sin embargo, se sentia inquieto, y estaba cansado. Necesito de toda su fuerza de voluntad para no encaminarse a su comodo camarote y cerrar complacidamente los ojos a la triste serie de problemas con que se enfrentaba el barco. Iria a
Cuando se dirigia por un pasillo hacia el cuarto de oficiales para tomar una taza de cafe, se abrio la puerta de un camarote y el consul general americano en Brasil, Alfred Gottschalk, titubeo en el umbral mientras hablaba con alguien que permanecia en el interior de la habitacion. Church miro por encima del hombro de Gottschalk y vio al medico del barco inclinado sobre un hombre que yacia en una litera. El rostro del paciente era de piel amarillenta y tenia aspecto de cansancio, un rostro bastante joven que se contradecia con la espesa melena blanca que poblaba su cabeza. El hombre mantenia los ojos abiertos, los cuales reflejaban una mezcla de miedo y sufrimiento y un circulo de penalidades; eran unos ojos que habian visto demasiado. La escena era una extrana circunstancia mas para anadir a la travesia del
Como oficial de cubierta antes de que el barco zarpase de Rio de Janeiro, Church habia observado la llegada al muelle de una caravana de automoviles. El consul general se habia apeado del coche oficial conducido por un chofer y habia dirigido la carga de sus baules y maletas. Despues habia mirado hacia arriba, captando todos los detalles de
El segundo vehiculo de la caravana era una ambulancia. Church observo como una persona tendida en una camilla era sacada de aquella y transportada a bordo, pero no pudo descubrir sus facciones debido a la gruesa mosquitera que le cubria la cara. Aunque la persona que iba en la camilla formaba evidentemente parte de su sequito, Gottschalk le presto poca atencion, dirigiendola en cambio al camion Mack que iba en retaguardia.
Miro ansiosamente mientras una gran caja oblonga era izada por una de las gruas del barco y depositada en el primer compartimiento de carga. Como a una senal convenida, Worley aparecio y superviso personalmente el cierre de la escotilla. Entonces saludo a Gottschalk y le acompano a su camarote. Casi inmediatamente, soltaron amarras y el barco se dirigio hacia la entrada del puerto.
Gottschalk se volvio y advirtio que Church estaba de pie en el pasillo. Salio del camarote y cerro la puerta a su espalda, entrecerrando recelosamente los parpados.
– ?Puedo ayudarle en algo, teniente…?
– Church, senor. Estaba terminando una inspeccion del barco y me dirigia al cuarto de oficiales para tomar una taza de cafe. ?Me haria el honor de acompanarme?
Una debil expresion de alivio se pinto en el semblante del consul general, y este sonrio.
– Con mucho gusto. Nunca puedo dormir mas de unas pocas horas seguidas. Esto vuelve loca a mi esposa.
– ?Se ha quedado ella en Rio esta vez?
– No; la envie anteriormente a nuestra casa de Maryland. Yo tenia que terminar mi mision en Brasil. Espero pasar el resto de mi servicio en el Departamento de Estado, en Washington.
Church penso que Gottschalk parecia excesivamente nervioso. No paraba de mirar arriba y abajo en el pasillo y se enjugaba constantemente la pequena boca con un panuelo de lino. Asio a Church de un brazo.
– Antes de que tomemos cafe, ?seria usted tan amable, teniente, de acompanarme a la bodega donde esta el equipaje?
Church le miro fijamente.
– Si, senor, si usted lo desea.
– Gracias -dijo Gottschalk-. Necesito algo de uno de mis baules.
Si Church creyo que era una peticion desacostumbrada, no lo dijo; se limito a asentir con la cabeza y echo a andar hacia la proa del barco, con el pequeno y gordo consul general pisandole los talones. Caminaron sobre la cubierta a lo largo del pasadizo que llevaba de las camaretas de popa al castillo de proa, pasando por debajo de la superestructura del puente, suspendido sobre puntales de acero que parecian zancos. La luz colgada entre los dos mastiles de proa que constituian un soporte del esqueletico enrejado que conectaba las gruas para la carga de carbon proyectaba un extrano resplandor que era reflejado por la misteriosa radiacion de las olas que se acercaban.
