eje. El helio brotaba a chorros de las rajas del casco. Los soportes circulares del interior empezaron a romperse como palos secos. Lanzando su ultimo suspiro, el
Toda aquella furiosa devastacion ocurrio rapidamente. En menos de veinte segundos, ambos motores fueron arrancados de sus soportes, y los que sostenian la cabina de mandos se rompieron con chasquidos de mal aguero. Como un fragil juguete arrojado a la acera por un nino destructor, los remaches estallaron y la estructura interior chirrio al desintegrarse.
La cabina de mandos siguio hundiendose y el agua penetro por las rotas ventanillas. Era como si una mano gigantesca apretase al dirigible hacia abajo hasta hacerle desaparecer en lo profundo. Entonces se desprendio la barquilla y cayo como una hoja muerta, arrastrando una confusa marana de alambres y cables. Los restos de la cubierta de duraluminio siguieron despues, aleteando locamente como un murcielago borracho.
Una bandada de peces de cola amarilla escapo debajo de aquella masa que se hundia, un instante antes de chocar contra el fondo y levantar nubes de fina arena.
Entonces todo quedo en sepulcral silencio, roto solamente por el suave gorgoteo del aire de las botellas.
Sobre la agitada superficie, los pasmados tripulantes de la lancha canonera empezaron a recorrer el lugar del accidente, buscando algun superviviente. Pero solo encontraron grandes manchas de carburante y de aceite.
El viento del huracan que se acercaba aumento hasta fuerza 8. Las olas alcanzaron una altura de seis metros, haciendo imposible continuar la busqueda. El capitan de la lancha no tuvo mas remedio que cambiar de rumbo y dirigirse a un puerto seguro de Cuba, dejando atras un mar turbulento y maligno.
20
La nube opaca de limo que cubria los destrozados restos del
Giordino se puso en pie con un esfuerzo y se apreto suavemente el lado derecho del pecho. Un tobillo roto y probablemente unas cuantas costillas fracturadas entre los dos, penso Pitt. Podria haber sido peor. Se inclino sobre Jessie y le levanto la cabeza. Sus ojos parecian estar en blanco a traves del cristal de la mascara, pero el suave silbido del regulador y el movimiento del pecho indicaban que la respiracion era normal, aunque un poco rapida. Paso los dedos sobre sus brazos y sus piernas y no encontro senales de fractura. Salvo una erupcion de manchas negras y azules, que aumentarian en las proximas veinticuatro horas, parecia estar en buen estado. Como para tranquilizarse, Jessie alargo una mano y le apreto con fuerza el brazo.
Pitt, satisfecho, volvio la atencion a su propia persona. Todas las articulaciones funcionaban debidamente, lo mismo que los musculos, y no parecia haberse dislocado nada. Sin embargo, no habia salido ileso. Un purpureo chichon estaba creciendo en su frente, y advirtio una extrana sensacion de rigidez en el cuello. Combatio esta incomodidad con el consuelo de que nadie parecia estar sangrando. Habian escapado a la muerte por un pelo, y esto era ya bastante para un dia. Lo menos que podian esperar era que no les atacasen los tiburones.
Pitt centro la atencion en el problema inmediato: salir de la cabina de mandos. La puerta se habia atrancado, lo cual no era extrano despues de los golpes que habia recibido. Se sento en el suelo, agarro con ambas manos el combado marco y golpeo con los pies. Decir golpeo es una exageracion. La presion del agua restaba empuje a sus piernas. Tuvo la impresion de que estaba tratando de hacer saltar el fondo de un enorme tarro de cola. Al sexto intento, cuando los talones y los dedos de los pies ya no podian aguantar mas, el cerrojo cedio y la puerta se abrio lentamente hacia afuera.
Giordino fue el primero en salir, envuelta la cabeza en el torbellino de burbujas de su regulador de la respiracion. Alargo los brazos hacia adentro, clavo los pies en la arena, se apercibio para resistir el dolor del pecho que estaba seguro de que sentiria, y dio un fuerte tiron. Con Pitt y Gunn empujando desde dentro, un voluminoso paquete paso dificilmente por la puerta y cayo al suelo. Despues, ocho depositos de acero, conteniendo tres metros cubicos de aire, pasaron a las manos expectantes de Giordino.
Dentro de la maltrecha cabina de mandos, Jessie luchaba por adaptar sus oidos a la presion del agua. La sangre zumbaba en su cabeza y sentia en ella un fuerte dolor que borraba la impresion de la caida. Se tapo la nariz y resoplo furiosamente. Al quinto intento, se destaparon al fin sus oidos, y el alivio que sintio fue tan maravilloso que las lagrimas acudieron a sus ojos. Apreto los dientes sobre la boquilla y se lleno de aire los pulmones. Que delicioso seria despertarse en su propia cama, penso. Algo toco su mano. Era otra mano, firme y de piel curtida. Levanto la mirada y vio los ojos de Pitt mirandola fijamente a traves del cristal de la mascara; parecian fruncidos en una sonrisa. El le indico con la cabeza que le siguiese.
La condujo afuera, en el vasto y liquido vacio. Ella miro hacia arriba, observando las burbujas sibilantes que ascendian en remolinos hacia la agitada superficie. A pesar de la turbulencia de esta, habia en el fondo una visibilidad de casi sesenta metros y podia ver claramente y en toda su longitud el armazon de la aeronave yaciendo a poca distancia de la cabina de mandos. Gunn y Giordino se habian perdido de vista.
Pitt le hizo ademan de que esperase junto a los depositos de aire y el extrano paquete. Observo la brujula que llevaba en la muneca izquierda y se alejo nadando en aquella bruma azul. Jessie se tambaleo, ingravida, sintiendo en la cabeza una ligera impresion de narcosis por nitrogeno. La invadio una abrumadora sensacion de soledad, pero se desvanecio rapidamente al ver a Pitt que volvia. Este le hizo senal de que le siguiese y, despues, se volvio y empezo a nadar despacio. Pataleando para vencer la resistencia del agua, Jessie no tardo en alcanzarle.
El fondo de arena blanca del mar fue sustituido por bancos de coral habitados por una gran variedad de peces de extranas formas. Sus brillantes colores naturales eran amortiguados hasta convertirse en un gris suave, por la absorcion de las particulas de agua que filtraban el rojo, el naranja y el amarillo, dejando pasar unicamente el verde y el azul. Nadaron agitando las aletas y manteniendose a solo una braza por encima de la fantastica y exoticamente moldeada jungla submarina, observados con curiosidad por un tropel de pequenos angelotes, orbes y peces trompeta. La divertida escena recordo a Pitt los ninos que observaban los grandes globos en forma de personajes de historietas que desfilan por Broadway el Dia de Accion de Gracias.
De pronto, Jessie clavo los dedos en la pierna de Pitt y senalo hacia arriba. Alli, nadando perezosamente, a solo veinte pies de distancia, habia una bandada de barracudas. Debia haber dos centenares de ellas y ninguna media menos de un metro de largo. Se volvieron al unisono y empezaron a dar vueltas alrededor de los submarinistas con muestras de curiosidad en sus redondos ojos. Despues decidieron por lo visto que no valia la pena perder el tiempo, por Pitt y Jessie, por lo que se alejaron en un abrir y cerrar de ojos y se perdieron de vista.
Cuando Pitt se volvio, vio como aparecia Rudi Gunn, saliendo de la cortina azul. Gunn se detuvo y les hizo senas de que se acercasen a toda prisa. Entonces hizo con los dedos la senal de la victoria.
El significado estaba claro. Gunn movio vigorosamente una de las aletas y ascendio rapidamente en diagonal hasta encontrarse a unos diez metros por encima del banco de coral. Pitt y Jessie le siguieron inmediatamente.
Habian nadado casi cien metros cuando Gunn se detuvo de pronto, invirtiendo el cuerpo en posicion vertical, y alargo una mano, con un dedo ligeramente doblado, senalando como
