– Maldita sea, Leo, hay bastante Luna para todo el mundo. Ademas, esto no es exactamente el Jardin del Eden. Fuera de esta caverna la diferencia entre las temperaturas diurnas y las nocturnas pueden llegar a ser de hasta doscientos cincuenta grados Celsius. Dudo de que ni siquiera un casino de juego resultase atractivo aqui. Mira, aunque ios cosmonautas cayesen dentro de nuestra colonia, no encontrarian una buena fuente de informacion. Todos los datos que hemos acumulado los llevaremos con nosotros a la Tierra. Y lo que dejemos atras podemos destruirlo.
– No seas imbecil. ?Por que destruir lo que puede ser utilizado por los proximos colonos, unos colonos permanentes que necesitaran todas las facilidades que puedan conseguir?
Steinmetz pudo ver, en la pantalla, el rostro enrojecido de Hudson a trescientos cincuenta y seis mil kilometros de distancia.
– Mi posicion es clara, Leo. Defenderemos Jersey Colony en caso necesario, pero no esperes que matemos a cosmonautas inocentes. Una cosa es disparar contra una sonda espacial no tripulada y otra muy distinta asesinar a otro ser humano por llegar a un suelo que tiene perfecto derecho a pisar.
Hubo un tenso silencio despues de esta declaracion, pero Hudson no habia esperado menos de Steinmetz. Este no era cobarde, sino todo lo contrario. Hudson habia oido hablar de sus muchas peleas y rinas. Podia ser derribado, pero cuando se levantaba y hervia de furor, podia luchar como diez demonios encarnados.
Los que narraban sus hazanas habian perdido la cuenta de los clientes de tabernas a quienes habia vapuleado. Hudson rompio el silencio.
– ?Y si los cosmonautas sovieticos alunizan dentro de un radio de cincuenta kilometros? ?Creeras entonces que quieren ocupar Jersey Colony?
Steinmetz rebullo en su silla de piedra, reacio a someterse.
– Tendremos que esperar a verlo.
– Nadie gano una batalla poniendose a la defensiva -le amonesto Hudson-. Si alunizan a poca distancia y dan muestras de querer avanzar sobre la colonia, ?aceptaras un compromiso y atacaras?
Steinmetz inclino la afeitada cabeza.
– Ya que insistes en ponerme entre la espada y la pared, no me dejas alternativa.
– En esto se juega demasiado -dijo Hudson-. Desde luego, no puede elegir.
24
La niebla se despejo en el cerebro de Pitt y, uno a uno, sus sentidos volvieron a la vida como luces de un tablero electronico. Se esforzo en abrir los ojos y fijarlos en el objeto mas proximo. Durante medio minuto contemplo la piel arrugada de su mano izquierda y, despues, la esfera naranja de su reloj sumergible, como si fuese la primera vez que la viese.
A la debil luz del crepusculo, las saetas fluorescentes marcaban las seis y treinta y cuatro. Solo habian pasado dos horas desde que habian escapado de la arruinada cabina de control. Mas bien parecia una eternidad, y todo era irreal.
El viento seguia aullando, viniendo del mar con la velocidad de un tren expreso, y la espuma de las olas combinada con la lluvia le azotaba la espalda. Trato de incorporarse sobre las manos y las rodillas, pero tuvo la impresion de que sus piernas estaban sujetadas por cemento. Se volvio y miro hacia abajo. Estaban medio enterradas en la arena por la accion excavadora del reflujo.
Pitt yacio alli unos momentos mas, recobrando fuerzas, como un pecio arrojado a la playa. Las rocas se alzaban a ambos lados de el, como casas flanqueando un callejon. Su primera idea realmente consciente fue que Giordino habia conseguido pasar a traves del ojo de aguja en la barrera rocosa.
Entonces, entre los aullidos del viento, pudo oir que Jessie llamaba debilmente. Saco las piernas y se puso de rodillas, balanceandose bajo el vendaval, escupiendo el agua salada que se habia introducido en su nariz, en su boca y en su garganta.
Medio a rastras, medio andando a tropezones sobre la pegajosa arena, encontro a Jessie sentada, aturdida, con los cabellos lacios sobre los hombros, y la cabeza de Gunn descansando en su falda. Le miro con ojos absortos que se abrieron de pronto con inmenso alivio.
– Oh, gracias a Dios -murmuro, y la tormenta ahogo sus palabras.
Pitt le rodeo los hombros con los brazos y le dio un apreton tranquilizador. Despues volvio su atencion a Gunn.
Estaba medio inconsciente. El tobillo roto se habia hinchado como una pelota de futbol. Tenia una fea herida en la cabeza, por encima de la linea de los cabellos, y aranazos en todo el cuerpo producidos por el coral, pero estaba vivo y su respiracion era honda y regular.
Pitt hizo pantalla con la mano y observo la playa. Giordino no aparecia por ninguna parte. Al principio, Pitt se nego a creerlo. Transcurrieron los segundos y permanecio como paralizado, inclinando el cuerpo contra el viento, mirando desesperadamente a traves de la torrencial oscuridad. Vio un destello anaranjado en la curva de una ola que acababa de romper, e inmediatamente lo reconocio como los restos del bote hinchable. Era presa de la resaca, que lo llevaba mar adento, para ser empujado de nuevo por la ola siguiente.
Pitt entro en el agua hasta las caderas, olvidando las olas que rompian a su alrededor. Buceo debajo de la maltrecha embarcacion y extendio las manos, tanteando a un lado y otro como un ciego. Sus dedos solo encontraban tela desgarrada. Impulsado por una profunda necesidad de estar absolutamente seguro, empujo el bote hacia la playa.
Una ola grande le pillo desprevenido y le golpeo la espalda. De alguna manera, consiguio mantenerse en pie y arrastrar el bote hasta aguas poco profundas. Al disolverse y alejarse la capa de espuma, vio un par de piernas que salian de debajo del arruinado bote. La impresion, la incredulidad y una fantastica resistencia a aceptar la muerte de Giordino pasaron por su mente. Freneticamente, olvidando la fuerza del huracan, acabo de rasgar los restos del bote hinchable y vio que el cuerpo de Giordino flotaba de pie, con la cabeza metida dentro de una camara de flotacion. Pitt sintio primero esperanza y despues un optimismo que le sacudio como un punetazo en el estomago.
Giordino podia estar todavia vivo.
Pitt arranco el revestimiento interior y se inclino sobre la cara de Giordino, temiendo en lo mas hondo que estuviese azul y sin vida. Pero tenia color y respiraba entrecortada y superficialmente; pero respiraba. El pequeno y musculoso italiano habia sobrevivido increiblemente gracias al aire encerrado en la camara de flotacion.
Pitt se sintio subitamente agotado hasta la medula de los huesos. Agotado emocional y fisicamente. Se tambaleo cuando una rafaga de viento trato de derribarle. Solo la firme resolucion de salvar a todos le mantuvo en pie. Poco a poco, con la rigidez impuesta por miles de cortes y contusiones, paso los brazos por debajo de Giordino y cargo con el. El peso muerto de los ochenta y cinco kilos de Giordino parecia una tonelada.
Gunn habia vuelto en si y estaba acurrucado junto a Jessie. Miro interrogadoramente a Pitt, que estaba luchando contra el viento bajo el cuerpo inerte de Giordino.
– Tenemos que encontrar un sitio donde resguardarnos -grito Pitt, con voz enronquecida por el agua salada-. ?Puedes andar?
– Yo le ayudare -grito Jessie, en respuesta.
Cino con ambos brazos la cintura de Gunn, afirmo los pies en la arena y lo levanto.
