turbulenta oscuridad.
Al cabo de una hora, Pitt calculo que habrian caminado mas o menos un kilometro. Estaba a punto de decir que se detuviesen para descansar, cuando Giordino se irguio de pronto y se detuvo tan inesperadamente que perdio el apoyo de Pitt y cayo al suelo.
– ?Barbacoa! -grito-. ?No lo oleis? Alguien esta asando carne de buey.
Pitt husmeo el aire. El aroma era debil pero inconfundible. Levanto a Giordino y siguio adelante. El olor a carne asada sobre carbon se hizo mas fuerte a cada paso. Al cabo de unos cincuenta metros encontraron una maciza puerta de hierro cuyos barrotes habian sido forjados en forma de delfines. Una pared coronada por vidrios rotos se extendia a ambos lados y, en uno de estos, se hallaba la caseta del guarda. Como era de esperar, con el tiempo que hacia, no habia nadie en ella.
La verja, de mas de cuatro metros de altura, se erguia hacia el cielo de ebano y estaba cerrada, pero las puertas exterior e interior de la caseta del guarda estaban abiertas, y las cruzaron.
A poca distancia de alli, el camino terminaba en un paseo circular que pasaba delante de lo que, en la tormentosa oscuridad, parecia ser un monticulo, pero que, al acercarse ellos, se convirtio en una estructura parecida a un castillo cuyos tejado y tres costados estaban recubiertos de tierra arenosa y protegidos con palmitos y arbustos propios del lugar. Solamente la fachada del edificio permanecia descubierta, desnuda y sin ventanas y con solo una enorme puerta de caoba artisticamente tallada con peces de tamano natural.
– Me recuerda un templo egipcio enterrado -dijo Gunn.
– Si no fuese por la puerta adornada -dijo Pitt-, yo diria que es una especie de deposito de pertrechos militares.
Jessie les saco de su error.
– Una casa acondicionada. La tierra es un aislante ideal de las temperaturas y la humedad. Es el principio que se empleaba en las casas de la primitiva pradera americana. Yo conozco a un arquitecto especializado en disenarlas.
– Parece deshabitada -observo Giordino.
Pitt probo el pomo de la puerta. La puerta cedio. Pitt empujo y abrio. El olor a comida llego de alguna parte del oscuro interior.
– No huele a deshabitada -dijo Pitt.
El vestibulo estaba pavimentado con baldosas de dibujo espanol e iluminado por varias velas grandes colocadas en un alto candelero. Las paredes eran de bloques tallados de piedra negra de lava y la unica decoracion era una horrible pintura de un hombre ensartado en los colmillos de un monstruo marino en forma de serpiente. Entraron y Pitt cerro la puerta a sus espaldas.
Por alguna extrana razon, el aullido de la tempestad y la fatigosa respiracion de los intrusos parecian aumentar el silencio mortal de la casa.
– ?Hay alguien aqui? -grito Pitt.
Repitio otras dos veces la pregunta, pero la unica respuesta fue un silencio misterioso. Un oscuro corredor les atraia, pero Pitt vacilo. Percibio otro olor. A humo de tabaco. Mas fuerte que el gas casi letal producido por los cigarros del almirante Sandecker. Pitt no era experto en la materia, pero sabia que los cigarros caros apestaban mas que los baratos. Sospecho que el humo procedia de un habano de alta calidad.
Se volvio a los otros.
– ?Que opinais?
– ?Tenemos otra alternativa? -pregunto, aturdido, Giordino.
– Dos -respondio Pitt-. Podemos salir de aqui mientras podamos, y desafiar al huracan. Despues, cuando empiece a amainar, podemos tratar de robar una barca y volver a Florida…
– O entregarnos a los cubanos -le interrumpio Gunn.
– Asi esta la cosa.
Jessie sacudio la cabeza y le miro con ojos tiernos.
– No podemos volver atras -dijo pausadamente y sin sombra de miedo-. La tormenta puede tardar dias en amainar y ninguno de nosotros esta en condiciones de sobrevivir cuatro horas mas. Yo propongo que corramos el riesgo con el Gobierno de Castro. Lo peor que puede hacernos es meternos en la carcel hasta que el Departamento de Estado negocie nuestra liberacion.
Pitt miro a Gunn.
– ?Que dices tu, Rudi?
– Estamos destrozados, Dirk. Lo que dice Jessie es logico.
– ?Y tu que opinas, Al?
Giordino se encogio de hombros.
– Si tu lo dices, amigo, volvere nadando a los Estados Unidos. -Y Pitt supo que lo decia en serio-. Pero la verdad es que no podemos aguantar mucho mas. Lamento decirlo, pero creo que deberiamos arrojar la toalla.
Pitt les miro y penso que no habria podido tener un equipo mejor para enfrentarse a una situacion desagradable, y no hacia falta ser vidente para saber que las cosas iban a ser ciertamente muy desagradables.
– Esta bien -dijo, con una triste sonrisa-. Vamos a interrumpirles la fiesta.
Echaron a andar por el pasillo y pronto pasaron por debajo de un arco que se abria a un vasto cuarto de estar decorado con antiguedades espanolas. Tapices gigantes pendian de las paredes, representando galeones que navegaban en mares crepusculares o eran arrojados implacablemente contra los arrecifes por furiosas tormentas. El mobiliario tenia un aire nautico; la habitacion estaba iluminada por antiguas linternas de barco, de cobre y cristal coloreado. La chimenea resplandecia con un fuego que calentaba la habitacion hasta una temperatura de invernadero.
No se veia un alma en parte alguna.
– Horrible -murmuro Jessie-. Nuestro anfitrion tiene un gusto espantoso para la decoracion.
Pitt levanto una mano, pidiendole silencio.
– Voces -dijo suavemente-. Vienen de aquel otro arco, entre las dos armaduras.
Pasaron a otro corredor, que estaba debilmente iluminado por candelabros a intervalos de diez pies. El ruido de risas y palabras confusas, de voces tanto masculinas como femeninas, se hizo mas fuerte. Una luz se filtraba por debajo de una cortina, delante de ellos. Esperaron un segundo y, despues, corrieron la cortina a un lado y entraron.
Se encontraron en un largo comedor ocupado por casi cuarenta personas, que interrumpieron sus conversaciones y se quedaron mirando a Pitt y a sus acompanantes con la pasmada expresion de un grupo de campesinos en su primer encuentro con extraterrestres.
Las mujeres vestian elegantes trajes de noche, mientras'que la mitad de los hombres iban de smoking y la otra mitad vestia uniforme militar. Varios criados que servian la mesa se quedaron petrificados como personajes de una pelicula subitamente encallada. El pasmado silencio era tan espeso como una manta de lana. Parecia una escena tomada de un melodrama de Hollywood de principio de los anos treinta.
Pitt se dio cuenta de que el y sus amigos debian tener un aspecto muy extrano. Empapados en agua, con la ropa sucia y hecha jirones, contusa y rasgada la piel, con huesos rotos y musculos distendidos. Con los cabellos pegados a la cabeza, debian parecer ratas ahogadas y lanzadas a la orilla de un rio contaminado.
Pitt miro a Gunn y dijo:
– ?Como se dice «Perdonen la intromision» en espanol?
