El hombre que era la fuerza impulsora de la Jersey Colony estaba tumbado en un divan de la oficina dentro de la disimulada jefatura del proyecto. Cerro los ojos y reflexiono sobre su encuentro con el presidente en el campo de golf.

Leonard Hudson sabia muy bien que el presidente no se estaria quieto esperando pacientemente otro contacto por sorpresa. El jefe del ejecutivo era un hombre de empuje que no dejaba nada a la suerte. Aunque las fuentes de Hudson dentro de la Casa Blanca y las agencias de informacion no comunicaban ningun indicio de que fuese a procederse a una investigacion, estaba seguro de que el presidente estudiaba una manera de penetrar en el secreto que envolvia al «circulo privado».

Casi podia sentir que se estaba tendiendo una red.

Su secretaria llamo suavemente a la puerta y la abrio.

– Disculpe que le moleste, pero el senor Steinmetz esta en la pantalla y desea hablar con usted.

– Ire en seguida.

Hudson puso orden a sus pensamientos mientras se ataba los cordones de los zapatos. A la manera de un ordenador, archivaba un problema y planteaba otro. No le gustaba tener que pelear con Steinmetz, aunque este estuviese a un cuarto de millon de millas de distancia.

Eli Steinmetz era un ingeniero que superaba los obstaculos inventando una solucion mecanica y construyendola despues con sus propias manos. Su talento para la improvisacion era la razon de que Hudson le hubiese elegido como jefe de la Jersey Colony. Graduado con honores en Caltech, en el MIT, habia supervisado la construccion de proyectos en la mitad de los paises del mundo, incluida Rusia.

Cuando el «circulo privado» le propuso construir el primer habitaculo humano en suelo lunar, Steinmetz habia tardado casi una semana en decidirse, mientras su mente debatia el impresionante concepto y la asombrosa logistica de semejante proyecto. Por ultimo acepto, pero con condiciones.

El y solo el elegiria, las personas que tenian que vivir en la Luna. No habria pilotos ni astronautas famosos residentes alli. Todo vuelo espacial seria dirigido por un control de tierra o por ordenadores. Solamente se incluirian hombres cuya especial competencia fuese vital para la construccion de la base. Ademas de Steinmetz, los tres primeros en establecer la colonia serian ingenieros solares y estructurales. Meses mas tarde, se les reunieron un doctor biologo, un ingeniero geoquimico y un horticultor. Otros cientificos y tecnicos les siguieron a medida que se creyeron necesarias sus dotes especiales.

Al principio, Steinmetz habia sido considerado demasiado viejo. Tenia cincuenta y tres anos cuando puso los pies en la Luna, y ahora tenia cincuenta y nueve. Pero Hudson y los otros miembros del «circulo privado» valoraban la experiencia mas que la edad y nunca lamentaron su eleccion.

Ahora Hudson miro a Steinmetz en la pantalla de video y vio que el hombre estaba sosteniendo una botella con una etiqueta dibujada a mano. A diferencia de los otros colonos, Steinmetz no llevaba barba y se afeitaba la cabeza. Tenia la piel morena y los ojos negros. Era un judio americano de la quinta generacion, pero habria pasado inadvertido en una mezquita musulmana.

– ?Que te parece esto? -dijo Steinmetz-. Chateau Lunar Chardonnay, 1989. No exactamente anejo. Solo tuvimos uvas suficientes para hacer cuatro botellas. Hubiesemos debido permitir que las vides del invernadero madurasen otro ano, pero nos impacientamos.

– Veo que incluso has hecho una botella para ti -observo Hudson.

– Si, nuestra planta quimica piloto esta ahora en pleno funcionamiento. Hemos aumentado nuestra produccion hasta el punto de que podemos convertir casi dos toneladas de materiales del suelo lunar en noventa y cinco kilos de metal bastardo o doscientos treinta kilos de vidrio en quince dias.

Steinmetz parecia estar sentado a una larga mesa plana en el centro de una pequena cueva. Llevaba una fina camisa de algodon y unos shorts deportivos.

– Pareces estar muy fresco y comodo -dijo Hudson.

– Dimos prioridad a esto cuando alunizamos -dijo Steinmetz, sonriendo-. ?Te acuerdas?

– Sellar la entrada de la caverna y presurizar su interior de manera que pudieseis trabajar en una atmosfera confortable sin el engorro de los trajes espaciales.

– Despues de llevar aquellos malditos trajes durante ocho meses, no puedes imaginarte el alivio que fue volver a llevar ropa normal.

– Murphy ha observado minuciosamente vuestra temperatura y dice que las paredes de la caverna estan aumentando su grado de absorcion de calor. Sugiere que envieis un hombre fuera de ahi y que baje el angulo de los colectores solares en medio grado.

– Cuidare de ello.

Hudson hizo una pausa.

– Ahora ya falta poco, Eli.

– ?Ha cambiado mucho la Tierra desde que me marche?

– Todo esta igual; solo que hay mas contaminacion, mas trafico, mas gente.

Steinmetz se echo a reir.

– ?Estas tratando de convencerme para otro periodo de servicio, Leo?

– Ni sonarlo. Cuando caigas del cielo, vas a ser el hombre mas famoso desde los dias de Lindbergh.

– Hare que todos nuestros documentos sean empaquetados y cargados en el vehiculo de transferencia lunar veinticuatro horas antes de la partida.

– Espero que no pensaras descorchar tu vino lunar durante el viaje de vuelta a casa.

– No; celebraremos nuestra fiesta de despedida con tiempo suficiente para eliminar todo residuo alcoholico.

Hudson habia tratado de andarse con rodeos, pero decidio que era mejor ir directamente al grano.

– Tendreis que enfrentaros con los rusos poco antes de partir -dijo, con voz monotona.

– Ya hemos pasado por eso -replico con tono firme Steinmetz-. No hay motivos para creer que alunicen a menos de dos mil kilometros de la Jersey Colony.

– Entonces, buscadles y destruidles. Teneis las armas y el equipo necesarios para esta expedicion. Sus cientificos iran desarmados. Lo ultimo que se imaginan es un ataque por parte de hombres que ya estan en la Luna.

– Los muchachos y yo defenderemos de buen grado nuestra casa, pero no vamos a salir y matar a hombres desarmados que no sospechan ninguna amenaza.

– Escuchame, Eli -suplico Hudson-. Existe una amenaza, una amenaza muy grave. Si los sovieticos descubren de algun modo la existencia de la Jersey Colony, pueden ir directamente a ella. Si tu y tu gente volveis a la Tierra menos de veinticuatro horas despues de que alunicen los cosmonautas, la colonia estara desierta y todo lo que hay en ella sera una presa facil.

– Lo comprendo igual que tu -dijo rudamente Steinmetz-, y lo aborrezco todavia mas. Pero lo malo es que no podemos demorar nuestra partida. Hemos llegado al limite y lo hemos sobrepasado. No puedo ordenar a estos hombres que continuen aqui otros seis meses o un ano, o hasta que tus amigos puedan enviar otra nave que nos lleve desde el espacio a un suave aterrizaje en nuestro mundo. Culpa a la mala suerte y a los rusos, que dejaron filtrar la noticia de su plan de alunizaje cuando era demasiado tarde para que alterasemos nuestro vuelo de regreso.

– La Luna nos pertenece por derecho de posesion -arguyo irritado Hudson-. Hombres de los Estados Unidos fueron los primeros en andar sobre su suelo, y nosotros fuimos los primeros en colonizar la Luna. Por el amor de Dios, Eli, no la entregues a un punado de ladrones comunistas.

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