Nado en lo que parecia ser una bodega destinada a equipajes, serpenteando alrededor de los revueltos escombros en direccion a la luz irreal de la linterna de Gunn. Paso por encima de un monton de huesos y de un craneo que tenia la boca abierta en lo que se imagino Pitt que era un horripilante grito de terror.
Encontro a Gunn examinando atentamente el podrido interior de una caja grande. Los horribles restos esqueleticos de dos hombres estaban embutidos entre la caja y un mamparo.
Por un breve instante, el corazon de Pitt palpito de excitacion y de esperanza, seguro de que habian encontrado el mas inestimable tesoro de los mares. Entonces Gunn levanto la cabeza y vio Pitt una amarga desilusion pintada en sus ojos.
La caja estaba vacia.
Desenganados, siguieron registrando la bodega y encontraron algo sorprendente. Yaciendo en las oscuras sombras como un muneco de goma, habia un traje de buzo. Los brazos estaban extendidos, y los pies, calzados con unas botas pesadas al estilo de las de Frankenstein. Unos enmohecidos casco y peto de metal cubrian la cabeza y el cuello. Enroscado a un lado, como una serpiente muerta y gris, estaba el cordon umbilical que contenia el tubo de aire y el cable salvavidas. Estaban cortados a unos dos metros del casco.
La capa de limo sobre el traje de buzo indicaba que yacia alli desde hacia muchos anos. Pitt tomo el cuchillo que llevaba sujeto a la pantorrilla derecha y lo empleo para soltar la visera del casco. Esta cedio lentamente al principio y despues se solto lo bastante para que pudiese arrancarla con los dedos. Entonces dirigio la luz de la linterna al interior del casco. Protegida de los estragos de la destructiva vida marina por el traje de goma y las valvulas de seguridad del casco, la cabeza conservaba todavia cabellos y restos de carne.
Pitt y sus companeros no eran los primeros en explorar los espantosos secretos del
22
Pitt consulto su viejo reloj Doxa y calculo las paradas para descompresion. Anadio un minuto a cada una de ellas, como margen de mayor segundad para eliminar las burbujas de gas de la sangre y los tejidos y evitar la enfermedad de los buzos.
Despues de abandonar el
Debajo de ellos, en la penumbra marina, el
Encima de ellos, la superficie era como un torbellino de azogue. En la siguiente parada de descompresion, empezaron a sentir el impulso aplastante de las enormes olas y se esforzaron en permanecer juntos en el vacio. Ni pensar en quedarse a una profundidad de seis metros. Su provision de aire estaba casi agotada y solo la muerte por ahogamiento les esperaba en las profundidades. No tenian mas remedio que subir a la superficie y arrostrar la tempestad.
Jessie parecia tranquila, imperterrita. Pitt se dio cuenta de que no sospechaba el peligro que correrian en la superficie. Solo pensaba en ver de nuevo el cielo.
Pitt miro el reloj por ultima vez y senalo hacia arriba con el pulgar. Empezaron a subir al unisono, agarrada Jessie a la pierna de Pitt, y cargando Gunn y Giordino con el paquete. Aumento la luz y, cuando Pitt miro hacia arriba, se sorprendio al ver un remolino de espuma a pocos metros sobre su cabeza.
Emergio en un seno entre dos olas y fue levantado por una enorme e inclinada pared verde que lo lanzo hacia la cresta como si fuese un juguete en una banera. El viento zumbo en sus oidos y la espuma del mar le azoto las mejillas. Se quito la mascara y pestaneo. El cielo del este estaba cubierto de nubes turbulentas, negras como el carbon, mientras ellos flotaban en el mar verdegris. La rapidez con que se acercaba la tormenta era extraordinaria. Parecia saltar de un horizonte al otro.
Jessie aparecio de pronto al lado de Pitt y miro con ojos muy abiertos aquellas negras nubes que se abatian sobre ellos. Escupio la boquilla.
– ?Que es?
– El huracan -grito Pitt entre aullidos del viento-. Viene mas deprisa de lo que nadie se habia imaginado.
– ?Oh, Dios mio! -jadeo ella.
– Suelta tu cinturon de lastre y desprendete de las botellas de aire - dijo el.
No necesito decir nada a los otros. Habian tirado ya su equipo y estaban abriendo el paquete. Las nubes se extendieron en lo alto y los cuatro se vieron sumergidos en un mundo crepuscular desprovisto de todo color. Estaban aturdidos por la violenta exhibicion de fuerza atmosferica. El viento redoblo de pronto su velocidad llenando el aire de espuma arrancada de las crestas de las olas.
De pronto, el paquete que habian izado con tanto esfuerzo de la barquilla del
– ?El ancla! -grito Pitt-. ?Arrojad el ancla!
Gunn apenas si oyo a Pitt entre el aullido del viento. Levanto un saco de lona de forma conica, mantenido abierto por un aro de hierro y lo deslizo sobre el costado del bote. Despues lo abrio con una cuerda que sujeto fuertemente a la proa. Con la resistencia del ancla, el bote giro de cara al viento y se alejo mas despacio.
Mientras Giordino trajinaba con el motor, Gunn arrojo una cuerda a Pitt, y este la ato debajo de los brazos de Jessie. Mientras esta era remolcada hacia el bote, Pitt nado tras ella, rompiendo las olas sobre su cabeza. La mascara le fue arrancada y el agua salada le azoto los ojos. Redoblo su esfuerzo cuando vio que la corriente se estaba llevando el bote mas deprisa de lo que el podia nadar.
Giordino metio los musculosos brazos en el agua, agarro las munecas de Jessie y la izo con la misma facilidad que si hubiese sido una lubina. Pitt fruncio los parpados hasta casi cerrarlos del todo. Sintio, mas que vio, caer la cuerda sobre su hombro. Podia distinguir a duras penas la cara sonriente de Giordino asomada sobre el costado del bote, mientras tiraba de la cuerda con sus manazas. Despues, yacio en el fondo del oscilante bote, jadeando y pestaneando para quitarse la sal de los ojos.
– Otro minuto y no habrias podido alcanzar la cuerda -grito Giordino.
– El tiempo vuela cuando uno se divierte -le grito Pitt.
Giordino puso los ojos en blanco al oir la jactanciosa respuesta de Pitt y volvio a trabajar en el motor.
El peligro inmediato que les amenazaba era ahora diferente. Hasta que pudiesen arrancar el motor para que les diese cierto grado de estabilidad, una ola grande podia hacerles volcar. Pitt y Gunn arrojaron bolsas de lastre, con lo que redujeron temporalmente la amenaza.
La fuerza del viento era infernal. Tiraba de sus cabellos y de sus
