Eriksen lanzo una bocanada de humo al techo.
– Todavia es mas extrano que todas las imagenes que tenemos de el en video sean confusas.
– Debe de llevar alguna clase de aparato electronico para borrarlas.
– Evidentemente, no es un investigador privado corriente -murmuro Eriksen-, sino un profesional de primera categoria y bien respaldado.
– Sabe adonde tiene que ir, muestra documentos de identidad correctos y acreditaciones de Seguridad. La historia que conto a Mooney, haciendose pasar por un inspector de la Oficina General de Cuentas, fue excelente. Incluso yo la habria creido.
– ?Que datos has podido conseguir sobre el?
– Solamente una serie de descripciones que no concuerdan en absoluto, salvo en su volumen. Todos dicen que es un hombre gordo.
– Podria ser que el presidente nos hiciese seguir por una agencia de informacion.
– Si fuese asi -dijo Hudson, en tono de duda-, nos enfrentariamos con un ejercito de agentes camuflados. Parece que este hombre trabaja solo.
– ?Has considerado la posibilidad de que el presidente haya contratado en secreto a un agente que nada tenga que ver con el Gobierno? -pregunto Eriksen.
– Pense en esto, pero no acaba de convencerme. Nuestro amigo de la Casa Blanca esta atrapado en el Salon Oval. Todo el que entra o sale de el queda perfectamente identificado. Desde luego, existe una linea privada del presidente, pero no creo que pudiese encargar por telefono esta clase de mision.
– Interesante -dijo Eriksen-. El gordo empezo sus investigaciones en el lugar donde concebimos la idea de la Jersey Colony.
– Es verdad -convino Hudson-. Registro el despacho de Earl Mooney en el Laboratorio Pattenden y averiguo una llamada telefonica al general Fisher; incluso hizo alguna observacion sobre que tu querias que yo pagase el aeroplano.
– Una evidente referencia a nuestras supuestas muertes -dijo reflexivamente Eriksen-. Esto significa que nos ha relacionado.
– Entonces aparecio en Colorado, dejo sin sentido a Fisher y le robo una libreta con los nombres y los numeros de telefono de las personas mas importantes del proyecto Jersey Colony, incluidos los del «circulo privado». Entonces debio ver la trampa que le tendimos para seguirle la pista desde Nuevo Mexico, y escapo. Tuvimos una pequena oportunidad cuando uno de nuestros hombres, que estaba vigilando el aeropuerto de Albuquerque, vio que un hombre gordo llegaba en un reactor particular y volvia a marcharse al cabo de dos horas.
– Debio de alquilar un coche y mostrar algun documento de identidad.
Hudson sacudio la cabeza.
– Nada que nos sea util. Mostro un permiso de conducir y una carta de credito a nombre de un tal George Goodfly, de Nueva Orleans, que no existe.
Eriksen sacudio la ceniza de la pipa en un platito de cristal.
– No me extrana que no fuese a Santa Fe y tratase de descubrir la operacion de Clyde Booth.
– Yo creo que solo esta buscando datos.
– Pero, ?quien le paga? ?Los rusos?
– Ciertamente, no la KGB -dijo Hudson-. Esta no envia mensajes sutiles por telefono ni vuela por el pais en un reactor particular. No; este hombre se mueve muy deprisa. Yo diria que tiene una fecha tope muy proxima.
Eriksen miro fijamente su taza de cafe.
– La mision lunar sovietica tiene previsto el alunizaje para dentro de cinco dias. Esta tiene que ser su fecha tope.
– Creo que puedes tener razon.
Eriksen le miro a los ojos.
– ?Te das cuenta de que el poder que esta detras de ese intruso solo puede ser el del presidente? -dijo a media voz.
Hudson asintio despacio con la cabeza.
– Cerre los ojos a esta posibilidad -dijo, con voz remota-. Queria creer que respaldaria la seguridad de Jersey Colony contra la penetracion rusa.
– Segun lo que me dijiste de vuestra conversacion, no estaba dispuesto a permitir una batalla en la Luna entre nuestros hombres y los cosmonautas sovieticos. Ni le gustaria nada saber que Steinmetz ha destruido ya tres naves espaciales de los sovieticos.
– Lo que me preocupa -dijo Hudson- es que, si aceptamos la interferencia del presidente, ?por que, contando con tantos medios, tiene que enviar a un hombre solo?
– Porque, cuando vio que Jersey Colony era una realidad, se dio cuenta de que nuestros partidarios siguen todos sus movimientos, y presumio, con razon, que pondriamos muchos obstaculos en nuestra pista para desviarle de ella. El presidente es listo. Contrato a un lobo solitario que se ha infiltrado dentro de nuestras murallas antes de que nos hayamos dado cuenta de lo que sucedia.
– Todavia podemos estar a tiempo de enviarle hacia una pista falsa.
– Demasiado tarde. El Gordo tiene la libreta de Fisher -dijo Eriksen-. Sabe quienes somos y donde encontrarnos. Es realmente peligroso. Empezo por la cola y ahora se esta acercando a la cabeza. Cuando el Gordo entre por esta puerta, Leo, seguro que el presidente actuara para impedir cualquier enfrentamiento entre los cosmonautas sovieticos y nuestra gente de la Jersey Colony.
– ?Estas sugiriendo que eliminemos al Gordo?
– No -respondio Eriksen-. Es mejor que no nos enemistemos con el presidente. Solamente le tendremos a buen recaudo durante unos pocos dias.
– Me pregunto donde aparecera la proxima vez -dijo reflexivamente Hudson.
Eriksen volvio a llenar metodicamente su pipa.
– Empezo su caza de brujas en Oregon; de alli paso a Colorado y despues a Nuevo Mexico. Yo tengo la impresion de que su proxima parada sera en Texas, en la oficina de nuestro hombre de la NASA en Houston.
Hudson marco un numero en el telefono de encima de la mesa.
– Lastima que yo no pueda estar alli cuando ese bastardo caiga en la trampa.
30
Pitt paso las dos horas siguientes yaciendo boca arriba en la cama, escuchando el ruido de puertas metalicas que se abrian y cerraban y las pisadas que oia fuera de su celda. El joven guardian le entrego el almuerzo y espero mientras Pitt comia, asegurandose de que no faltaba ningun cubierto cuando salio. Esta vez parecia de mejor humor y no iba armado. Tambien dejo la puerta abierta durante la comida, dando a Pitt una oportunidad de estudiar la cerradura.
Este se sorprendio al ver que era una cerradura de golpe corriente, en vez de un mecanismo de seguridad o con un buen cerrojo. Su celda no habia sido destinada a servir de carcel. Mas bien parecia adecuada para una despensa. ;
